Foto: Jorge Alberto Mendoza

Ciencia y Seguido

A cuatro décadas de la transgénesis


En su aniversario número 40, no existen aún investigaciones que midan los daños provocados por los alimentos transgénicos, entre los cuales se encuentran afectaciones a la salud humana y la extinción de cultivos autóctonos

Por Martha González Escobar
7 Octubre 2013

Para algunos, 40 años del inicio de la manipulación transgénica (introducción forzada de material genético de varios organismos en otro que los recibe y los reproduce) es poco tiempo.

Sin embargo, es una intervención en la biología que no tiene precedente en historia de miles de millones de años desde la aparición de la vida en el planeta.

Los investigadores siempre expresaron incertidumbre acerca de los perjuicios o beneficios que podrían acarrear las semillas transgénicas, por ejemplo, pero en ese lapso no se hicieron experimentos al respecto. Es decir, nunca hubo controles para observaciones sistemáticas sobre los resultados, por el contrario, los transgénicos se liberan al ambiente sin ser etiquetados y sin estar sujetos a algún control. Entonces no tenemos experimentos, pero, como dicen los científicos opositores a los transgénicos, sí tenemos una historia con ellos.

En 1973, el doctor en bioquímica, Paul Berg, Premio Nobel en 1980 por su investigación básica que implicó los ácidos nucleicos y el ADN recombinante, se reunió con otros pioneros de la transgénesis para solicitar un periodo de reflexión sobre sus posibles riesgos. Entre ellos, el más importante que podían vislumbrar era la posibilidad de que alguna bacteria con propiedades patogénicas aumentadas, es decir resistencia a los antibióticos, escapara y lograra incorporarse a otros organismos.

En nuestros días, 40 años después, sabemos que ese temor expresado entonces se ha vuelto realidad. Al muestrear seis de los ríos más importantes de China, un grupo de investigadores encontró y demostró que en ellos las poblaciones nativas de bacterias habían incorporado ADN originado en dos vertientes: en laboratorios o en campos de cultivo río arriba. Y las bacterias que llevaban las secuencias de ADN eran resistentes a los antibióticos.

Cabe señalar que los transgénicos no se quedan inmóviles en el sitio en que se le libera, sino que se transforman en mecanismos de transmisión “horizontal” en material genético de las plantas transgénicas donde pueden continuar, invisiblemente, dispersándose.

Ahora bien, el mayor peligro que presentan estos materiales es el desconocimiento de las consecuencias de su utilización. Como bien señala el doctor Salvador Mena, rector del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la Universidad de Guadalajara: “Desde hace 11 años existen los transgénicos en nuestro país y, según comentarios de numerosos pacientes en los departamentos de salud pública del continente, el consumo de transgénicos provoca problemas en el hígado, el riñón y además es causante de un alto porcentaje de cáncer de mama”.

“Sin embargo”, continúa, “dado que nadie está haciendo investigación sobre transgénicos, aparte de las empresas multinacionales químicas que no informan cuáles son los resultados de sus indagaciones, no están demostrados con certeza los daños a la salud”.

Entre esas transnacionales, están por ejemplo: la Monsanto, que tiene el 80 por ciento del mercado de semillas transgénicas, Aventis, Syngenta (antes Novartis), BASF y Dupont, empresas que curiosamente producen también el 60 por ciento de plaguicidas y el 23 por ciento de las semillas comerciales, y que conforman lo que se ha llamado “mundo de intereses”.

La opinión generalizada de expertos e investigadores especializados, es que la revolución verde de los transgénicos fue una campaña de gobiernos y empresas para convencer a los agricultores de los países en desarrollo que sustituyeran sus cultivos autóctonos por variedades de “alto rendimiento”, dependientes de productos químicos y fertilizantes. Las consecuencias reales es que en la India la siembra de transgénicos provocó la pérdida de casi 50 mil arroces distintos. En Indonesia se han extinguido mil 500 variedades locales de arroz en los recientes 15 años. Los insecticidas y herbicidas empleados, causaron la pérdida de numerosas especies que vivían en los arrozales. Desde los años 40, en que Estados Unidos introdujo los insecticidas, las pérdidas de cosechas por plagas se han incrementado un 13 por ciento.

Termino citando al profesor Chapela de la Universidad de California, “… Tenemos, sin duda, evidencia de prima facie para concluir que los transgénicos, en su 40 aniversario (febrero 2013), merecen una nueva evaluación que se confronte ya no a los riesgos hipotéticos contra los beneficios a futuro, sino los daños demostrados contra las promesas incumplidas de rendimiento y seguridad”.



El consumo de transgénicos provoca problemas en el hígado, el riñón y además es causante de un alto porcentaje de cáncer de mama
Nota publicada en la edición 762


Otros temas de interés