Foto: Archivo

Títeres

Una metáfora animada


Tejidos, esculpidos, híbridos, analógicos y virtuales, los “muñecos” se ofrecen a nuestros ojos para invitarnos a conocer historias y/o gozar de imágenes evocadoras, muchas veces poéticas

Por Verónica López García
4 Noviembre 2013

Cuando Marcel Duchamp violentó a la tradición colocando un mingitorio en un museo, no cambió su naturaleza, pero eliminó por completo su carácter funcional. Creó entonces un objeto diferente. Éste, que es un acontecimiento en las artes, permitió también el redescubrimiento del objeto mismo. A la par del desarrollo de un discurso alrededor de la resignificación de los objetos y del teatro que con ellos se hace, ha crecido, de forma notable, el teatro de títeres, que durante mucho tiempo estuvo encasillado como exclusivo para niños. Los títeres, actores, actrices, sombras y parte del cuerpo del intérprete son los muñecos, que con el espectáculo canadiense Luna, en los ojos de mi padre cerró la edición número siete del Festín de los Muñecos, el pasado 3 de noviembre.

Luego de la experiencia ganada a lo largo del Festín, la compañía Luna Morena, creadora y organizadora del evento, ha conseguido lo que muy pocos festivales o eventos culturales anuales en Guadalajara: continuidad y público. Este último es el elemento fundamental que valida la inversión de dinero público. En esta edición, las secretarías de Cultura del Gobierno de Jalisco y de Guadalajara, así como el Instituto de Cultura de Zapopan y la Universidad de Guadalajara, entre otras instituciones, acogieron el proyecto, ya fuera como sede de algunos de los montajes o con patrocinio directo. Gracias a esta cadena de apoyo es que el Festín ha ampliado y diversificado su oferta, sumando a su programación mesas de diálogo con creadores y artistas participantes, así como enriqueciendo su carácter nacional e internacional con la presentación de compañías y artistas de calidad, provenientes de otros estados y países.  

En la inauguración del Festín con el espectáculo 31 Minutos, Resucitando a una estrella, el pasado 26 de octubre, Mueca Producciones, originaria de Chile, pudo medir su gran popularidad entre el público de Guadalajara. Familias completas con niños y adultos de todas las edades formaron largas filas para ganar un buen sitio y entonar las canciones de personajes como Flor Bovina, Freddy Turbinas, Chascoberto y Carlitos Lechuga. Me sorprendió encontrar, en una función con costo, tal cantidad de público, que no suele verse en la programación habitual ni en el Teatro del IMSS, que fue la sede de 31 Minutos, ni de ninguna otra sala. Sucedió lo mismo en sedes como el Museo de Arte de Zapopan, el Teatro Experimental y el Estudio y Teatro Diana.

Otro asunto a destacar es que el Festín fue más allá de las salas de teatro, llevó al corazón de la ciudad a los muñecos y a sus intérpretes que actuaron, en espacios públicos y centros culturales, como el recientemente inaugurado en la colonia Ferrocarrilera, y los de las colonias del Fresno y Atlas. Se programaron también funciones en el foro de los parques Ávila Camacho y Morelos, en la Estación Juárez del Tren Ligero, el patio del Mercado San Juan de Dios, el Paseo Chapultepec y el ITESO. 

Cerró el Festín una edición más y se abre la puerta para la recuperación de la memoria de una exitosa gestión que soporta un proyecto con verdadero impacto, uno que diversifica su programa y también a su audiencia y que, además, abre una importante puerta para la discusión en la formación y profesionalización de las artes escénicas. La provocadora metáfora del teatro de títeres, de la animación de objetos, consigue la creación de un nuevo idioma para la producción y la interpretación artísticas. Esta mirada particular desafía al creador y a su público. Constituye un enriquecido espacio de cruce disciplinar que toma como eje la interacción articulada de artes escénicas y tecnológicas, favoreciendo el juego transformista de la relación animista entre el muñeco u objeto, su ejecutante y quien recibe sus metáforas.

Para quienes disfrutamos de las manifestaciones escénicas nos es posible afirmar, que sí, que la edición de este año resultó ser un gozoso festín.



Nota publicada en la edición 766


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