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Ciencia y Seguido

La geografía en la expansión de la tecnología y los descubrimientos


Por Martha González Escobar
23 Junio 2014

Cuando las sociedades de algunas naciones adoptan una tecnología originada en otra sociedad, su difusión se produce en diversos contextos. En primer lugar, mediante  el comercio, como la difusión de los transistores desde Estados Unidos a Japón en 1954; o a través del espionaje, tal y como lo consigna la historia de los gusanos de seda desde Asia sudoriental a Oriente próximo, en el lejano año de 552; o la emigración, es el caso de los 200 mil hugonotes expulsados de Francia en 1684  que expandieron en Europa las técnicas francesas de fabricación de vidrios y tejidos; y la guerra, cuya diseminación de noticias produce innumerables ejemplos. Al respecto, citemos un caso destacado: las transferencias al Islam de las técnicas chinas de fabricación de papel, posiblemente porque en la derrota de la batalla del río Talas en Asia central en el año de 751, entre los chinos que quedaron prisioneros había algunos fabricantes de papel que fueron llevados a Samarcanda para establecer su manufactura. A veces, como en el caso de los ceramistas europeos, la transmisión de conocimiento es empleada para reinventar las técnicas a partir de los métodos de fabricación originales que sirven de estímulo.

Según su situación geográfica, los países difieren en la rapidez con la que reciben la difusión de la tecnología de otras sociedades. Recordemos que los pueblos más aislados de la tierra, cuyos vestigios fueron encontrados recientemente, son los aborígenes de Tasmania, que no tuvieron contacto con otras sociedades durante 10 mil años, ni adquirieron otras tecnologías fuera de las inventadas por ellos mismos, porque siendo una isla, vivían sin transporte marítimo alguno a 150 kilómetros de Australia, que a su vez era un continente aislado.

Los australianos y los habitantes de Nueva Guinea, separados por la cadena de islas de Indonesia de la tierra firme asiática, recibieron muy poca influencia tecnológica de Asia. Así vemos que las sociedades más accesibles a los inventos mediante la difusión, por cualquiera de las vías mencionadas, eran las situadas en los continentes principales. En ésas, se agregaba a las propias tecnologías las de otras sociedades. Un ejemplo es el Islam medieval, que se localizaba en Eurasia, y que tuvo acceso a inventos de China y además heredó el antiguo saber griego.

Un caso especial de transferencia de tecnología, en específico el abandono y recuperación de las armas de fuego, se dio en el Japón en 1543, año en que fueron introducidas por dos portugueses y sus arcabuces, que llegaron en un barco chino. Los japoneses quedaron tan impresionados por la nueva arma que iniciaron una producción de fusiles cuyo funcionamiento perfeccionaron bastante, al grado de que en 1600 tenían mejores fusiles que cualquier país del mundo.

Esta arma era un invento foráneo que acabó por ser despreciado, al igual que otras cosas extranjeras a partir del año citado, por el hecho de que la élite guerrera japonesa, los samuráis, tenían en el hábito del combate cuerpo a cuerpo con espadas, que eran también símbolos de arte, considerados instrumentos para subyugar a las clases más bajas. El ceremonial de los duelos entre samuráis, tan caro a las tradiciones japonesas, era contrario a esos ruidosos disparos sin gracia. La opinión de la élite guerrera se impuso hasta que Japón empezó a tener comunicación frecuente con Occidente, a partir sobre todo de la visita de la flota estadounidense del comodoro Perry, erizada de cañones, a cuya vista los japoneses quedaron convencidos de que deberían reanudar la producción de sus armas de fuego.

Este y otros ejemplos ilustran la frase de que “sin difusión  se adquieren pocas tecnologías y se pierden las ya existentes”. Dado que la tecnología engendra más tecnología, su historia evidencia lo que se llama “proceso autocatalítico”, es decir, un proceso que se acelera al paso del tiempo porque se cataliza a sí mismo.

El auge de la tecnología de la revolución industrial nos impresiona, pero el auge de la tecnología medieval a su vez fue muy extraordinario en comparación con el de la Edad de Bronce, que eclipsó al del Paleolítico superior.

En la larga historia de desarrollo acelerado es posible distinguir  dos saltos de significación: el primero tuvo lugar hace cien mil o ciento cincuenta mil años, cuando se produjeron cambios genéticos en nuestro organismo, es decir una evolución en la anatomía humana que permitió  hablar y hacer funcionar al cerebro; éste produjo las herramientas de hueso, los útiles de piedra destinados a efectos determinados y los útiles mixtos. El segundo salto fue la adopción de la producción de alimentos, que exigía a los humanos permanecer cerca de sus cultivos, huertas y almacenes de productos alimenticios no consumidos de inmediato. El sedentarismo logró que la gente acumulase posesiones que no podía acarrear siempre consigo.

Algunos de estos temas son tratados por el Premio Pulitzer 1998, Jared Diamond, en algunos de sus libros: El tercer chimpancé (1994,) Porqué es divertido el sexo (1999), Armas gérmenes y acero (1997) y Colapso (2006).



Nota publicada en la edición 794


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