Entrevista
Sixto Valencia Burgos
Foto: Archivo
Por Rebeca Ferreiro
17 Noviembre 2014

Uno de los referentes obligados, cuando de historieta mexicana se trata es, sin lugar a dudas, el creador gráfico de Memín Pinguín, Sixto Valencia Burgos, a quien será dedicado el homenaje de caricatura “La Catrina” en la próxima edición de la FIL. El historietista ha recorrido géneros de lo más diverso, incluidos el romántico, el policiaco, la ciencia ficción, el terror y el vaquero. Reconoce que fue en su mancuerna con la escritora Yolanda Vargas Dulché, durante la creación del memorable personaje por el que ahora más se lo conoce —y que en su mejor momento llegó a vender más de millón y medio de ejemplares por semana— cuando dibujó con tanto gusto que “a veces no podía distinguir dónde Sixto Valencia había hecho a Memín o Memín le decía a Sixto Valencia cómo hacerlo”.


¿Cómo se inició en el dibujo?
Yo creo que esas cosas no se planean; fui descubriendo el gusto por hacerlo y me fui involucrando. Me influyó mucho mi hermano Modesto —que era mayor que yo— él era muy buen dibujante y creo que desde que vi con qué facilidad llenaba libretas, me vino la afición por dibujar. Aunque al principio fue como un juego, poco a poco me fui exigiendo más a mí mismo, copiando los personajes que estaban de moda y que salían en las publicaciones de entonces, como el Pepín, Paquín, Chamaco, Paquito, en las que salían las historietas de “Tawa”, “el Charro Negro”, “Los Supersabios” y “Rolando el Rabioso”.


¿Usted considera que Memín Pinguín es un parteaguas en su trayectoria?
No, para que veas eso sí fue casualidad. No obstante que Memín Pinguín es el personaje que me ha llevado a la fama, te puedo decir que ni la señora Yolanda ni yo nos imaginamos que íbamos a causar tanto impacto en los lectores. Ella tenía una gran habilidad para escribir y manejar toda la gama de sentimientos, y creo que yo los pude interpretar gráficamente, lo que gustó al lector, una revista que los divertía, pero también los hacía llorar. Hasta ahora me doy cuenta del alto impacto que causó en la sociedad… si a eso te refieres como parteaguas, entonces te puedo decir que así fue.


¿A qué atribuye el éxito de Memín Pinguín?
El éxito radicó en que Memín estaba muy bien escrita y por supuesto muy bien dibujada [comenta entre risas]. Era el ejemplo de fraternidad y compañerismo, ya que los amigos eran de diferentes estratos sociales y eso no los condicionó para tener una amistad entrañable. El trabajo que hacíamos en el estudio también era importante. Todo se reali-zaba de manera artesanal, desde la letra, el trazo, los fondos, el entintado y finalmente la portada. Generalmente eran episodios de 32 páginas además de la portada y se hacían en una semana. Llegué a tener un buen equipo de ayudantes que bajo mi dirección llegamos a hacer hasta cinco revistas a la semana, Memín, Criollo el Caballo invencible, Cuentitos, Milagros de Cristo y Destinos Opuestos.


¿La historieta mexicana sigue viva, a pesar de encontrarnos en la era digital?
Si sería popular en la actualidad, no te sabría decir, ahora con tantos medios electrónicos la historieta la tienen olvidada a pesar de que es un medio muy importante de comunicación. Considero, sin embargo, que la historieta es todavía del gusto del público, pero que no hay buenos contenidos. Las editoriales a partir de los años noventa se fueron por vender revistas para adultos, dejando a un lado al público infantil y juvenil ávidos de buenas historias. Ejemplo de esto es el éxito que tienen los cómics con aventuras de súper héroes, pero ¡deberías ver las historietas europeas, allá sí reúnen tanto talento artístico como literario, unos maestros, y publican unas verdaderas obras de arte! Como Asterix, Lucky Luck, Tin Tin, por mencionarte algunas.


¿Qué representa para usted este homenaje de caricatura “La Catrina”?
Siempre he admirado a José Guadalupe Posada, y cuando me enteré que su obra La Catrina había sido modelo como presea para distinguir a lo mejor de la historieta y la caricatura a nivel internacional, eché a volar mi imaginación: ojalá algún día se fijen en un ilustre tezontepecano que lo único que ha hecho en su vida, es querer divertir a través de sus monitos. Y mira.



Las editoriales a partir de los años noventa se fueron por vender revistas para adultos, dejando a un lado al público infantil y juvenil ávidos de buenas historias
Nota publicada en la edición 813


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