Foto: Archivo

Premio FIL

En el callejón con Vila-Matas


El escritor barcelonés recibió el Premio Fil durante una ceremonia en que se destacó su prosa lúdica y creativa, pero también el gran legado intelectual del País Invitado de Honor de la Feria: Reino Unido

Por Roberto Estrada
30 Noviembre 2015

Algo ha quedado claro sobre Enrique Vila-Matas: que lo suyo es el futuro. Al menos así lo ha hecho saber durante la ceremonia de inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, al recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

Como “El futuro” es que el escritor español, nacido en 1948, ha titulado su discurso de aceptación del reconocimiento, y que en todo momento mantuvo con aires de ironía. Tan sólo de entrada ha jugado con la idea de si aquello sería una declaración sobre el futuro de la novela o de ese mismo texto en sí.

Vila-Matas vino a contarnos “cómo durante años imaginé que se presentaba el futuro” desde el mismo día en que nació. Y “como yo mismo me autoimpongo el tema, busco complicarme la vida”. Y he aquí que se revela un signo de su escritura, porque “así he venido trabajando en libros difíciles, que llevaban lo más lejos posible; hasta sus límites. Libros que al publicarlos se convertían en callejones sin salida.

Pero era ese punto al que yo quería llegar. Cada libro parecía llevarme a dejar de escribir. Lo publicaba y me instalaba en un callejón sin salida”.

Ahí se encontraba con la perenne pregunta de qué sería después, y pensando que todo había terminado. Pero “siempre me acordaba que la inteligencia es el arte de saber encontrar un pequeño hueco por dónde escapar de lo que nos tiene atrapados. Y acababa encontrando el hueco mínimo, y me escapaba para entrar en un nuevo libro. Los callejones sin salida han sido el motor central de mi obra”.

El autor de Bartebly y compañía dijo que si se ha enfocado al futuro en este discurso, es porque el premio que recibe, en palabras del jurado que lo otorga, “distingue la obra de autores con un aporte significativo a la literatura de nuestros días”. Y sobre esta premisa ha tenido la necesidad de “encontrar escrituras que nos interroguen desde la estricta contemporaneidad, y de buscar estructuras que no se limiten a reproducir modelos que ya estaban obsoletos hace cien años”.

Desde ahí, Vila-Matas querría escribir “alzándome sobre la pesada vida terrestre, pero en caso de lograrlo, coincidirá con los trayectos que sospecho seguirá la novela del futuro”. Y se sentía alineado con Borges, quien decía: “¿Qué soñará el indescifrable futuro? Soñará que Alonso Quijano puede ser Don Quijote sin dejar su aldea y sus libros”. Y Vila-Matas pensó que “en las novelas por venir, no sería necesario dejar la aldea y salir al campo abierto, porque la acción se difuminaría en favor del pensamiento. Por confianza en la exigencia en los lectores del nuevo siglo, creía que la novela de formato decimonónico, iría cediendo su lugar a los ensayos narrativos o a las narraciones ensayísticas, o del estilo de Sergio Pitol, en el que el autor, con su prosa compacta, disolvía las fronteras”.

Y ahí pensó que la novela se mezclaría “en lo autobiográfico, con el ensayo, el libro de viajes, la ficción pura, la realidad traída al texto como tal. Una literatura mixta, donde los límites se confundirían, y la realidad podría bailar en la frontera con la ficción, y el ritmo borraría esa frontera. De cara a la narrativa que yo creía que estaba por venir, uno de mis puntos de orientación era el anarquista Marcel Duchamp.

Que íbamos a dejar la anquilosada narrativa del  pasado, para ir a una novela conceptual, que recogería el intento de Duchamp de reconciliar arte y vida, obra y espectador”.

Con ello vendría su reflexión de que “el arte auténtico es la cosa, y no algo sobre las cosas; es el arte en sí. Y parecía que todos devendríamos artistas y poetas, pero luego las cosas se torcieron”. Porque ahora novelas como Cincuenta sombras de Grey triunfan, y lo editorial está plagado “de novelistas con tendencia obtusa al desfile cinematográfico. Y a la caída de la atención ha contribuido la industria editorial que erradica de la literatura todo aquello que nos quiere hace creer que es demasiado pesado o cargado de sentido”.

El crítico literario Christopher Domínguez Michael, ha hecho una semblanza de Vila-Matas para la entrega del Premio. Para éste,  el autor español —que prefiere ser definido como barcelonés— tiene una fama de escritor para “escritores”, que convierte a sus propios lectores en parte de su literatura.

Al leer a Vila-Matas —continúa Domínguez Michael—, se cae en cuenta de que “es un escritor para quienes tienen tiempo para leer. Es decir, para leerlo no sólo a él, sino a la vasta literatura de la que su obra es una apología, en el sentido primigenio del término”.

Pero también es, para Domínguez Michael, un escritor “autorreferencial, melancólico sin ser pesimista, y el prosista más creativo, lúdico y veloz que ha tenido la lengua española desde Ramón Gómez de la Serna”.

En esta inauguración de la FIL en que el Reino Unido es el invitado de honor, el presidente de la Feria, Raúl Padilla López, ha dicho que el evento es una oportunidad excepcional para fortalecer los lazos entre ambos países. Y reconoció que el Reino Unido es protagónico en la construcción de la civilización occidental. Dijo que las letras británicas son pilar de la literatura universal, y sus ideas políticas y filosóficas han sido el catalizador del pensamiento de los mayores paradigmas culturales y científicos del mundo.

Vila-Matas, quien recibió el Premio FIL de manos del presidente de Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, diría casi al final de su discurso que los escritores sobrevivientes a todo lo que se ha torcido, saben que el futuro ya no llegará con las obras. Y recordaría que si hay algo que motiva la depresión de quienes escriben es “que no pueden tolerar vivir en un mundo estropeado por los imbéciles”.



Nota publicada en la edición 860

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