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Aniversario

Filosofía y Letras, sesenta años después


De esta antigua facultad han surgido algunas de las mejores voces poéticas, como Ricardo Yáñez, Ricardo Castillo, Raúl Bañuelos y Luis Vicente de Aguinaga

Por Cuauhtémoc Mayorga Madrigal
6 Febrero 2017

La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara será la más alta torre del pensamiento, donde el trabajo alcanzará, con fuerza de gravedad, ímpetu de fecundidad y creación.

Agustín Yáñez 

 

El cinco de febrero de 1957 se inauguró la que fuera la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara, de la que se asumen como herederos directos los departamentos que conforman la División de Estudios Históricos y Humanos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades. Tal asunción tiene sentido porque si bien se designa como facultad de filosofía y letras a las instituciones que ofrecen estudios humanísticos, con la nueva forma de organizar la enseñanza profesional, la Universidad agrupa en la división señalada el estudio de las lenguas extranjeras, la geografía, la historia, la antropología, la literatura y la filosofía; ámbitos del saber en dónde la vocación humanista preserva su actualidad.

La falta de un espacio público que diera cabida a las aportaciones de los humanistas jaliscienses fue uno de los motivos que impulsó la creación de una Facultad de Filosofía y Letras. Jalisco, cuna de apreciadas creaciones literarias, acontecimientos determinantes de los destinos de la vida nacional y productora de hombres y mujeres que ofrecen razones para la interpretar la realidad, se presentó como una razón suficiente para impulsar un espacio en que sin distinciones de clase, género o ideología pudiesen encontrar el motivo de fortalecimiento del aliento que diera cabida al desarrollo del pensamiento y la creatividad. 

Y son precisamente el pensamiento y la creatividad, aspectos distintivos de la libertad, los asimilados como el baluarte ansiando de las luchas revolucionarias que, a decir de uno de sus principales impulsores, el memorable e Ilustre jalisciense Agustín Yáñez, se entregó a “la Universidad de Guadalajara la Facultad que, por esencia, debe ser el santuario de la más amplia libertad… [dando] …a Jalisco y a la República una fortaleza más para su engrandecimiento” 1.

Se asumió como compromiso la procuración del bienestar en diferentes ámbitos, manteniendo el propósito de que las acciones se correspondieran con las inquietudes humanas, con la auténtica procuración de la justicia, con la generación de condiciones para el ejercicio pleno de la libertad y respondiendo sin regateos a las luchas por las que nuestros antecesores ofrendaron su vida:

“…si la Universidad ha pugnado porque sean más humanas tales condiciones y porque se extienda al mayor número y a los más humildes […] si ha mejorado sus condiciones de docencia, robustecido la vida interior que es disciplina y plenitud espiritual, luchando contra la superficie, inculcando el fervoroso sentido ético en cada uno de sus hijos; si ha hecho algo para acabar con la explotación del oprimido, si ha dado facilidades de acceso a los trabajadores y los hijos de los desheredados, si ha abierto al pueblo sus servicios, si ha promovido la intensificación de la cultura fuera de los estrechos recintos de las aulas, si ha instaurado el servicio social obligatorio como condición para el otorgamiento de títulos, si ha curado al enfermo menesteroso y orientado al litigante sin recurso, al obrero en conflictos, al que desea lecturas, música y espectáculos de calidad, si ha brindado sus dones generosamente, con alegre pasión, con voluntad diáfana, cordial, limpia de demagogia, ciertamente la universidad ha de estar satisfecha, pero su satisfacción ha de emplearla en centuplicar sus impulsos benéficos…”

A sesenta años de aquel compromiso de multiplicación de acciones para responder a la sociedad por los motivos que dieron lugar a la Facultad de Filosofía y Letras, los empeños siguen vigentes, pero enfrentando los desafíos que caracterizan a un mundo distinto, pensando a diario nuevas alternativas para afrontar los retos actuales y por venir.

Entre los apremiantes desafíos se destaca la función de la docencia en un mundo en que la virtualidad ocupa espacios donde antes se privilegiaba la presencia, la permanente lucha por ofrecer alternativas de educación superior a más miembros de la población, la interacción de docentes y estudiantes en modelos globales y la preservación de la responsabilidad con una sólida conciencia ética profesional ante un mundo con claras inclinaciones por subordinar las pretensiones humanas a las estructurales.

Hoy, como hace más de media centuria, los motivos que hicieron posible que la universidad tuviera una facultad de filosofía y letras, están tan presentes como ayer, porque el fin y la génesis de lo que la universidad aporta es la cuestión primaria de las humanidades.

1 Fragmentos tomados del discurso “Filosofía y Reforma. Universidad y revolución” pronunciado por en 1957 Agustín Yáñez con motivo de la inauguración de la Facultad de Filosofía y Letras.



Nota publicada en la edición 912


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