Foto: Abraham Aréchiga

MUSA

Encontrar lo que somos


Rufino Tamayo, a quien Paz consideró un poeta, logró en su obra sacar lo mejor de lo que somos como mexicanos, nuestra cultura, color y nuestros valores artísticos, que ahora el público podrá apreciar en la colección más completa del artista que se expondrá en el MUSA

Por Karina Alatorre
27 Marzo 2017

Tradición y vanguardia son conceptos que definen el legado del pintor mexicano Rufino Tamayo, y que le dan nombre a la exposición que llega al Museo de las Artes (MUSA), donde se exhibirán sesenta de sus obras a partir de este 31 de marzo.

Con esta exposición, el MUSA busca que el público tapatío conozca de cerca el trabajo por el que Tamayo es considerado, dentro y fuera del país, como uno de los mayores exponentes del arte plástico en México.

Las piezas que integran “Tradición / Vanguardia. La obra gráfica de Rufino Tamayo” son parte de la colección privada de Fundación Black Coffe Gallery, y la curaduría fue realizada por Juan Carlos Pereda Gutiérrez, subdirector de colecciones del Museo Tamayo Arte Contemporáneo.

“La colección que ha formado el empresario Benjamín Fernández —de Black Coffee Gallery—, es la primera colección completa de obra gráfica de Tamayo. Ninguna institución, ni la propia familia del artista, ni el museo que lleva su nombre, tienen esta colección”, dijo Pereda Gutiérrez.

Se trata de un recorrido desde los inicios de Tamayo hasta lo último que éste realizó, en una línea cronológica que abarca un periodo de más de setenta años, entre 1920 y 1990.

El curador hizo énfasis en la temática y en los aportes con que el artista oaxaqueño nutrió al mundo de la gráfica en México, como la invención de la técnica de la mixografía.

“La curaduría fue un sueño dorado. Es una exposición que queda sólida y variada, y traduce la personalidad del artista: ese universo tan propio y único de formas y colores que formó Tamayo”.

Explicó que el génesis de la exposición radica en la mixtura que logra Rufino Tamayo, quien parte de imágenes que pueden asociarse con el arte prehispánico, llena el mundo con color, contrastado y variado, pero que también tiene un diálogo abierto con vanguardias europeas, específicamente con Matisse, Picasso y Miró.

“Tamayo no se influencia de ellos, sino que dialoga con ellos, con su propio lenguaje, con su idea del arte, del color del pueblo, de la artesanía, y lo sublima, y lo lleva hacia el arte del siglo XX”.

   

Para todo el público
De acuerdo con Juan Carlos Pereda, la exposición que ocupará las salas del MUSA pretende establecer una relación de empatía entre el artista y el gran público, es para disfrutarla y también para estudiarla.

“La va a disfrutar alguien que no sabe nada sobre él como el público que tiene ciertas exigencias académicas, que tiene cierto conocimiento y que lo quiere refrendar o ampliar con el discurso de Tamayo”.

Para esta muestra se prevé un apartado especial para una de las figuras que caracterizan su obra: las sandías.

“Aquí veremos la inventiva inagotable de Tamayo, cómo siendo un mismo tema, siempre encuentra soluciones plásticas estéticas diferentes unas de otras. Sin dejar de ser una sandía que tiene los colores de la bandera, una conexión inmediata con la naturaleza mexicana”.

La colección incluye ejemplares que se ven poco y que son difíciles de localizar en México —agregó el curador—, ya que Tamayo trabajó en muchos talleres de México, Estados Unidos y Europa, de manera que su obra está repartida en distintas partes del mundo.

“Hay que recordar que vivió quince años en Nueva York y diez en París. Tamayo se hizo un referente del arte mexicano, fue el mejor embajador que pudo haber tenido México, estuvo en los lugares más emblemáticos, los más importantes y lo hizo con una identidad propia”.

Aseguró que es una buena oportunidad para encontrarnos con lo que realmente somos. “Tamayo supo sacar lo mejor de lo nuestro. La exposición nos ayudará a refrendarnos en una calidad humana, que nos re-identifique, y a darnos cuenta que tenemos una gran historia, grandes valores artísticos, que pueden ser un punto de partida para una autoconstrucción”.

Vida, obra y legado
Nacido el 26 de agosto de 1899, en Oaxaca, Rufino Arellanes Tamayo pintó más de mil trescientos óleos, entre los que se encuentran los veinte retratos de su esposa Olga, con quien estuvo casado durante cincuenta y siete años; realizó cuatrocientos sesenta y cinco obras gráficas, como litografías y mixografías, trescientos cincuenta dibujos, veinte murales, así como un vitral.

Fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, nombrado Doctor Honoris Causa por las universidades de Manila, la Nacional Autónoma de México, la de Berkeley, la del Sur de California y la Veracruzana, así como Caballero de la Legión de Honor de Francia.

Recibió también el Premio de Pintura de la II Bienal de Sao Paulo, fue nombrado comendador de la República Italiana, “Hijo Predilecto” por el gobierno de Oaxaca. El rey Juan Carlos de España le entregó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el Senado de la República hizo lo propio con la Medalla Belisario Domínguez y fue miembro honorario del Colegio Nacional.

Rufino Tamayo impulsó la creación del Museo Tamayo, instalado en la Ciudad de México, para albergar una colección de arte contemporáneo internacional, compuesta de obras que él mismo adquirió a partir de los años sesenta.

El artista donó esta colección con el objetivo de facilitarle al público mexicano un acercamiento al arte del siglo XX.



Nota publicada en la edición 919