Foto: Gustavo Alfonzo

Medio ambiente

Jalisco: zona de riesgo sísmico


Cerca de 100 temblores de baja intensidad se han registrado de 2015 a la fecha en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Existe la posibilidad de que se verifique un evento de alta magnitud, ante lo cual hay que prevenir y estar preparados

Por Lucía López
8 Mayo 2017

Eran las 17:35 horas del 11 de mayo, cuando comenzó a temblar. Transcurría el año 2016, y ese fue uno de los últimos acontecimientos en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) que nos recuerdan la alta sismicidad en Jalisco, situación a la que no debemos temer, sino más bien estar preparados.

Jalisco es una región tectónica de alto riesgo. Por lo menos cada 100 años hay entre uno o dos temblores con magnitud mayor a 7 grados de la escala Richter, explicó el jefe del Departamento de Geografía y Ordenación Territorial, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), Carlos Suárez Plascencia.

Una peculiaridad del Occidente de México es que tiene dos fuentes sísmicas: el proceso de subducción del piso oceánico bajo la placa Americana y los sismos continentales, generados por fallas geológicas, de las que hay varias en diversas zonas de Jalisco.

La barranca del Río Grande de Santiago, que pasa por el límite norte de la ZMG, presenta una serie de fallas geológicas.

Actualmente en la ZMG nos encontramos en un enjambre de sismos (movimientos de baja magnitud, con epicentros superficiales) generados en el norponiente de Zapopan, en una falla que se reactivó en diciembre de 2015 y que ha continuado viva hasta la fecha.

Hasta el momento, de este enjambre, el movimiento de mayor intensidad ha sido el del 11 de mayo de 2016 (4.8 grados), pero se han presentado cerca de 100 movimientos de baja magnitud que no han sido captados por la mayoría de la población, sino sólo por quienes están más cerca de la zona y por los sismógrafos.

Los epicentros tienen una alineación norte-sur, y van desde Copalita, Valle de los Molinos, atraviesan La Primavera y llegan hasta Zacoalco de Torres.

Los sismos de enjambre, por su continuidad, pueden generar daños en las estructuras e infraestructuras urbanas, que se agudizan en construcciones de mala calidad. Señaló que en la zona hay algunas casas que presentan cuarteaduras y calles con pavimentos rotos.

El cuerpo académico de Sismología y Vulcanología de Occidente (Sisvoc), al que pertenece Suárez Plascencia, continuará los estudios en la zona para localizar y conocer con más precisión la falla.

Con el apoyo económico del ayuntamiento de Zapopan (cerca de un millón de pesos), establecerán dos estaciones sísmicas: una en Tesistán y otra en la barranca del Río Grande de Santiago. También estudiarán las rocas debajo de los sedimentos volcánicos.

Con estas dos nuevas estaciones, el Sisvoc contará con 40 estaciones de su red estatal sísmica, la más grande del país.

Suárez Plascencia afirmó que un terremoto ocurrido en 1875 (de más de 7.5 grados) fue precedido por un tipo de enjambre, y si ocurrió, podría suceder otra vez. Un sismo no avisa y no hace daño por sí mismo: lo que perjudica es lo que cae encima. Por esta razón es necesario que las personas estemos preparadas para protegernos, mantener reglamentos de construcción adecuados a las condiciones geológicas del lugar y supervisar las construcciones, a fin de garantizar que sean usados los materiales propios para que las estructuras resistan.



Nota publicada en la edición 923

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