Foto: Fernanda Velázquez

Sociedad

Hasta la última gota


El agua no es un recurso infinito. De seguir con los estándares actuales de consumo, en pocos años podríamos enfrentar una crisis generalizada en el abastecimiento. Políticas públicas más eficaces, desde la captación, el monitoreo a la distribución del líquido, y un cambio en la cultura de la población, son las medidas propuestas por expertos para ya no desperdiciar ni una gota

Por Karina Alatorre
5 Junio 2017

Desde que llegó a vivir a la colonia Mesa Colorada, hace más de 20 años, Martha Alicia Morales Guzmán nunca ha contado con servicio de agua potable. Los ocho nietos con quienes vive en ese barrio de Zapopan, pocas veces han experimentado la sensación de abrir la regadera y ponerse bajo el chorro para refrescarse o, en tiempo de frío, esperar a que el agua se caliente.   

Los años que lleva sin este servicio, doña Martha los ha tenido que pasar comprando pipas de agua cada mes, o cada 15 días en tiempos de calor, narra mientras levanta la puerta de su aljibe. Cada surtida le cuesta 280 pesos, de manera que se las arregla para hacer rendir cada gota de agua.

Los hábitos de ahorro en el consumo de agua que los especialistas en el tema sugieren, para ella son un modo de vida. Limita la cantidad de agua para lavar ropa, trastes y para bañarse, y la poca que usa la reutiliza después para el baño o para regar sus plantas. Le enseñó a sus hijas y ahora a sus nietos que es un bien que debe cuidarse.

La realidad de Martha Alicia y otros vecinos de la calle Tolteca podría ser una situación generalizada para los habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) en los próximos años, estiman estudios sobre el tema, si las autoridades no implementan una verdadera cultura del cuidado del agua.

La investigadora Raquel Gutiérrez Nájera, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, asegura que el origen de los problemas con el agua radica en que la mayoría de los habitantes en la ciudad sigue sin ponerse en los zapatos de doña Martha.

“Nos han enseñado que el agua es un recurso infinito, que nunca se va a acabar. Si no hacemos otra gestión y manejo, puede llegar el momento en el que el futuro nos alcance”.

Para Gutiérrez Nájera las políticas públicas deben generarse de manera integral, considerando aspectos ambientales, económicos y sociales, y con las que se profundice primero en el estudio de las fuentes y hábitos de desperdicio y luego establecer las maneras de regular el consumo.

Explicó que las políticas que únicamente apuntan al castigo no funcionan, porque sólo consideran “el final del tubo” en este complejo problema.

“No se trata de si pagamos o no pagamos el agua: al final del día todos estamos en el mismo barco, y cuando no haya agua, no va a haber para nadie, aun cuando tengas para pagarla”.

Para el profesor José Arturo Gleason Espíndola, investigador del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), uno de los principales pendientes de la ZMG es la falta de información sobre la disponibilidad del agua.

Aseguró que no existe un sistema de medición actualizado y certero para saber cuánta tiene la ciudad, cuánta es de origen superficial y cuánta proviene del subsuelo, lo que impide saber con precisión hasta cuándo se podrá seguir abasteciendo de agua a sus habitantes.

“Esa información es tierra de nadie. No hay quien la tenga estructurada, organizada y actualizada”.

El académico explicó que para una ciudad es imprescindible que haya un sistema de medición que permita saber, en tiempo real, la cantidad de agua disponible para el uso humano, y a partir de esos datos regular su extracción y distribución.

“Al no saber cuánta hay en el suelo, pues se continúa sacando y sacando más agua, pero tampoco sabemos cuándo va a llegar el día en el que saquemos sólo arena, y lo más triste es que no nos interesa saberlo”.

 Gleason Espíndola advirtió que con las dinámicas de consumo que hasta ahora se mantienen en la ZMG, podría ocurrir una crisis generalizada en unos 20 o 30 años, como indican los pronósticos globales que hace la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Explicó que se tiene que insistir en el tema de educar a la gente, llevar a la población un estilo de vida más modesto, con acciones cotidianas que reduzcan el consumo, como aprovechar aguas jabonosas, y cambiar regaderas tradicionales a unas de bajo consumo.

Agregó que alguien que dura cinco minutos en la regadera está consumiendo entre 50 y 80 litros y que las cisternas tradicionales del WC consumen 16 o 20 litros, cuando podrían ser seis.

“Son cosas que están a la mano y que no hacemos. Luego podríamos pasar a otras acciones, como aprovechar el agua de manantiales, evitar fugas, y llegar a un cuarto nivel, en el que la gente implemente la captación de agua de lluvia. Transitar a una realidad donde no se pierda ni una gota”.

El profesor del CUAAD lleva más de 10 años investigando sobre este tema, y parte de su trabajo —incluyendo sus propuestas de gestión del agua—, lo integró en su tesis “Gestión y planeación del sistema hidrosanitario del Área Metropolitana de Guadalajara. Un reto hacia la sustentabilidad”, que realizó para el doctorado en Urbanismo que cursó en la UNAM, y que ya presentó ante diversas autoridades para su consulta.

Diferenciar y retener el agua
Más de 60 por ciento del agua que abastece a la Zona Metropolitana de Guadalajara proviene del Lago de Chapala. El resto tiene su origen en los mantos freáticos y de la presa Calderón.

Esta agua tiene que pasar por procesos de potabilización para el uso doméstico. Sin embargo, es la misma agua que se utiliza en otros sectores, como el industrial, que no siempre requiere de agua potable, sino que sería suficiente en su estado “crudo”, detalló el profesor del Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá), José Antonio Gómez Reyna.

“El agua cruda sin tratar es clorada para eliminar bacterias, pero llega a una fábrica que necesita quitarle el cloro. Un autobaño debería de abastecerse con agua de drenaje ya tratada, pero resulta que no: toman del agua que llega a nuestras casas”.

Para Gómez Reyna es importante transitar hacia un sistema de redes hidráulicas que distribuya el agua de manera diferenciada, y además mantenerla en buen estado, para evitar fugas, ya que se estima que 40 por ciento del agua se desperdicia por esta causa.

Añadió que el material galvanizado del que están hechas las tuberías tiene una vida de 30 años, y que las que hay en la ciudad rebasan por mucho ese tiempo.

“Tenemos mantenimiento correctivo, no preventivo. De repente se les ocurre hacer una obra, ponen concreto hidráulico, pero no hacen reposición de tuberías. Por lo tanto deben abrir la calle recién instalada para reparar la fuga”.

Los expertos de la UdeG coincidieron en que al gobierno corresponde diseñar políticas de gestión y manejo del agua, orientadas al cuidado de este recurso vital. Sin embargo, señalaron que es igual de importante la participación de la población.

Afirmaron que de manera incipiente hay grupos de la sociedad que han ido despertando, que se percibe una mayor participación, pero todavía no la suficiente para presionar a las autoridades y para generar ese cambio.



Nota publicada en la edición 927