Foto: David Valdovinos

Sociedad

Abrazar el Islam en Guadalajara


El número de musulmanes conversos va en aumento en la ciudad y en Jalisco, sobre todo de personas entre los 16 y 35 años. Más allá de los prejuicios y a veces el rechazo, deciden abrazar la nueva religión por su discurso teológico y científico, por fomentar el respeto a la mujer y la no violencia, y por su desencanto con el catolicismo

Por Martha Eva Loera
12 Junio 2017

Hetzabeth Tinajero Hernández, joven tapatía de 23 años, se convirtió al islam a raíz de leer El Corán —libro sagrado para los musulmanes—, por sugerencia de un sacerdote católico. Ella había sido una católica comprometida, que daba clases de catecismo y estudiaba teología. Empezó luego a buscar información en internet sobre la nueva religión y, finalmente, a los 17 años hizo el juramento o shahada, por medio del cual reconocía que no hay otra divinidad excepto Alá y que el profeta Muhammad es el último de los mensajeros.

Su esposo, Rafael Barajas, es musulmán y cumple las funciones de imam, al dirigir la oración y administrar un centro de culto ubicado en la calle Hospital. También él era católico, y supo de la nueva religión gracias a amigos extranjeros que se reunían con él a jugar ajedrez.

Hetzabeth y Rafael son dos jóvenes universitarios que optaron por abrazar el Islam, una religión que incrementa el número de sus conversos en nuestro estado. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el 2000 había más de cien musulmanes en Jalisco y 248 en 2010, por lo que es la tercera entidad con mayor número en el país, después de la Ciudad de México (mil 178) y el Estado de México (417).

En Guadalajara los musulmanes tienen presencia con un sentido comunitario desde 1993, de acuerdo con la investigadora Arely Medina, experta en el desarrollo de la religión de Alá en la ciudad. Actualmente hay dos centros de culto, uno en la calle Hospital 888 y otro en la colonia La Calma, sobre la calle Centauro.

Tan sólo en el que está por Hospital, que algunos conocen como mezquita y otros como musalla, en los últimos tres años alrededor de 150 personas dieron su testimonio de fe o shahada. Cien eran jóvenes entre los 16 y 35 años y alrededor de 15, personas del interior Jalisco, de poblaciones como Zapotlán el Grande, Atoyac, Sayula, Tepatitlán y Tuxcueca. El resto, de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), detalla Rafael Barajas, y agrega que a su mezquita asisten estudiantes de diferentes universidades, entre éstas la de Guadalajara (UdeG). Solicitamos información a la otra mezquita, pero no nos proporcionaron las estadísticas de sus fieles.

Mitos sobre musulmanes
El crecimiento del Islam es fomentado por musulmanes que tienen entre sus estrategias la difusión de información sobre esta religión a través de blogs y redes sociales, además de folletos y libros, como los del doctor Abdul Rahman Al Shesha, que promueve los derechos de la mujer a la educación, a una vida sexual saludable dentro del matrimonio, a la dote que debe darle el marido cuando se casan, además del rechazo a la violencia, a la contaminación y el maltrato a los animales. Promueve también el respeto a la Virgen María y Jesús, aunque éste es considerado nada más un profeta y no hijo de Dios.

Hombres y mujeres se convierten siguiendo diferentes motivaciones. Hay tapatías que quieren escapar del machismo y de la estructura patriarcal prevaleciente, y “esta religión parece que les ofrece esa opción”, señala la investigadora.

Las convence el discurso teológico que su cuerpo es de ellas, es sagrado y sólo deben agradar a Dios, por lo que el uso del hiyab o velo musulmán lo consideran una manera de protegerse de agresiones físicas o verbales.

En este sentido, Hetzabeth y Rafael, quienes tienen tres años de matrimonio, desmienten que esta religión fomente el machismo, la discriminación a la mujer, su sometimiento y maltrato en cualquiera de sus formas, y sostienen que no se opone a que las esposas sean ayudadas por sus maridos en las tareas del hogar.

 “Mi esposo prepara algunas veces la comida, me ayuda a lavar la ropa y limpiar la casa, y puedo salir sola a hacer las compras o a la universidad”, cuenta Hetzabeth, quien estudió en la Preparatoria Regional de Ciudad Guzmán y actualmente cursa Ingeniería en Industrias Agroalimentarias en una universidad privada, y además tiene una tienda en línea de ropa oriental.

“Mi esposa es una persona muy capacitada, muy estudiosa, y yo al contrario de prohibirle que trabaje, me siento muy orgulloso de que ella sea la persona que es”, externa Rafael Barajas, estudiante de Derecho en la UdeG, quien es ejecutivo de atención al cliente en una empresa.

Las motivaciones
Los padres de Hetzabeth, cuando se enteraron de la decisión de su hija, se enojaron y hubo un relativo distanciamiento. “Años después, cuando les di la noticia de que me iba a casar con un musulmán, se preocuparon. Ellos y mis tíos alquilaron la película Sin mi hija no, para advertirme del maltrato que ellos creían yo iba a sufrir. Poco a poco comprendieron lo que yo quería y me hacía feliz, vieron que hubo cambios positivos para mí y modificaron su opinión”.

En cambio, en la familia de Rafael no hubo gran agitación. Sus padres mostraron sorpresa, pero hasta ahí. “En cuanto a mis amigos, algunos bromeaban y me preguntaban si ya me había hecho terrorista”.

A él, estudiante de la licenciatura en Derecho, en su conversión lo convencieron los datos científicos, como partes del Corán que, asegura, hacen referencia a la expansión del espacio.

Entre las motivaciones para los hombres, no está la poligamia, como algunos podrían suponer. Suelen mostrar desencanto hacia el catolicismo y ser atraídos por elementos científicos, y son más racionales en sus búsquedas y anhelos.

Diego Armando Lomelí, quien tiene 20 años y es musulmán desde hace uno, cursa la carrera de Ingeniería Eléctrica; abrazó el islam por tener para él respuestas a sus dudas sobre lo que había que creer.

Para Benjamín Bonilla, de 25 años, quien es Médico Cirujano y Partero, convertirse a musulmán a los 17 años fue resultado de una búsqueda espiritual que lo llevó a transitar del catolicismo al budismo, y después al islam, religión que adoptó por comprender mejor su concepto de Dios.

 Él expresa que es cierto que un musulmán puede tener hasta cuatro esposas, pero se tienen que cumplir muchos requisitos, casi imposibles, como mantenerlas económicamente por igual, amarlas de la misma manera y, además, ellas deben aceptar que su marido se case con otras, lo que pueden prohibir o aceptar en un contrato matrimonial.

Superar la discriminación
Uno de los factores que han incidido en el crecimiento en el número de musulmanes en México, paradójicamente son los estereotipos y prejuicios difundidos por películas y las noticias de medios de comunicación que relacionan al islam con actos terroristas. Esto ha propiciado que muchos jóvenes se cuestionen que tan cierta es la realidad que pintan e investiguen, expresa Arely Medina.

 Eso no quiere decir que no prevalezcan ciertos prejuicios, externados a través de bromas y burlas, como lo atestigua Mateo Bonilla, de 27 años, que es ingeniero civil por la UdeG y musulmán desde hace siete años: “Las conozco todas. Cuando era estudiante y cargaba mochila había personas que me preguntaban si era una bomba, también que si tenía cuatro esposas o si tenía novia y le pegaba, o si era machista, pero es parte de la cultura mexicana de hacer burla de todo, hasta de la desgracia propia, por lo tanto no la considero una falta de respeto”. 

 En términos generales, las reacciones de los tapatíos oscilan entre el respeto, la tolerancia, la aceptación, la curiosidad, la burla y el rechazo encubierto.

A pesar de los prejuicios, estereotipos y resistencias, el islam tiene futuro en la ZMG. “Considero que no va a desaparecer del escenario religioso, se va a arraigar y crecerá de manera lenta”, concluye Arely Medina.



Nota publicada en la edición 928


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