Foto: Adriana González

Medio ambiente

Humus contra infertilidad agrícola


La lombricultura es un método antiguo que a través de generar materia orgánica, permite combatir la degradación de los suelos y aumentar la producción sin contaminar. En el CUCBA están experimentando con esta técnica, siguiendo con un esfuerzo que desde hace 30 años realiza el centro universitario para la mejora de la agricultura en la región

Por Eduardo Carrillo
19 Junio 2017

Tres mil años antes de nuestra era los egipcios empleaban las lombrices para nutrir la tierra. En la actualidad, a miles de años y kilómetros de la tierra de los faraones, investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) retomaron esa técnica para rehabilitar suelos degradados.

El trabajo consiste en reciclar residuos orgánicos, domésticos, industriales y agropecuarios altamente contaminantes y que, en vez de enviarlos al basurero, son tratados por medio de una biotecnología: la lombricultura o vermicultura.

La lombriz, criada de forma intensiva, es alimentada con tales residuos. Estos organismos pueden ingerir a diario el doble de su peso vivo, lo transforman en abono orgánico y lo excretan. El resultado es un humus con alto contenido de nutrientes para ser aprovechados por plantas y acumulados en el suelo.

Esta técnica es estudiada desde hace cuatro años por América Loza Llamas y López Alcocer, académicos del Departamento de Ciencias Ambientales, quienes establecieron el módulo de Biorreciclados y sistemas de producción, en el que realizan tareas de investigación, docencia y transferencia tecnológica.

Degradación y antecedentes
Según la Organización de las Naciones Unidas, uno de los problemas en el ámbito mundial es que 52 por ciento de la tierra empleada para la agricultura está moderada o gravemente afectada por la degradación.

En Jalisco, arriba de 60 por ciento de los suelos agrícolas tiene algún grado de degradación física, química o biológica, causada por la erosión del viento y el agua, por el uso indiscriminado de agroquímicos y el empobrecimiento de la materia orgánica, destacó el profesor investigador jubilado de la UdeG, Eduardo López Alcocer.

Ante este panorama, el Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), ya desde 1994 impulsa proyectos para cuidar los suelos y mejorar la productividad agrícola en la región Centro Occidente de México.

Ramón Padilla Sánchez, uno de los fundadores de la Escuela de Agricultura de la UdeG, con un grupo de colaboradores, diseñaron el sistema zapopano del maíz, que consiste en el arropo de humedad, adición de materia orgánica y mínimo movimiento de suelo, con lo que se logró aumentar la producción de ese grano en Zapopan, convirtiéndose ese municipio en el llamado “granero de México”.

No obstante, la productividad decayó al no seguir los agricultores este esquema, principalmente en la parte de la adición de materia orgánica, y por el aumento del uso de fertilizantes y pesticidas, lo que agravó la condición ácida del suelo de esta zona (proveniente de cenizas volcánicas).

López Alcocer explicó que un suelo óptimo tiene cuatro componentes: agua 25 por ciento, aire 25 por ciento, 45 por ciento de minerales y 5 por ciento de materia orgánica (descomposición de residuos vegetales y animales). Al descompensarse algún elemento hay deterioro.

En Zapopan “tenemos de origen, un ph de 5.8. Es un suelo ácido, y tenemos de materia orgánica 1.7 por ciento. Entonces, imagínate contra 5 por ciento que debe tener un suelo agrícola. Es una gran diferencia”.

Esfuerzos
Sobre la adición de materia orgánica trabaja la lombricultura. Por ello el módulo de Biorreciclados y sistemas de producción tiene un enfoque integral que imita a la naturaleza y aprovecha la energía en los diferentes niveles del sistema de biorreciclado, transformando los desechos orgánicos con la lombriz de tierra e incorporando los abonos para rehabilitar el suelo y aumentar las cosechas, explicó la profesora investigadora del CUCBA, Loza Llamas.

A partir de la década de los 40, las lombrices se reproducen en forma masiva y en condiciones controladas, para transformar los desechos orgánicos, principalmente en Estados Unidos, Italia, Japón, Francia, Cuba y México.

“Es una ventana para hacer estrategias de bajo impacto ambiental, que minimicen los gases de efecto invernadero y que están ligados al cambio climático”, agregó Loza Llamas.

Una de las investigaciones del módulo consistió en incorporar diferentes dosis de abono de lombriz (10, 20, 30 toneladas por hectárea) en áreas experimentales, a fin de conocer cómo reacciona la producción de biomasa (cantidad de materia viva o plantas) y la fertilidad del suelo.

Resultados parciales muestran que hay un incremento de la producción de biomasa al añadir materia orgánica. “Sin vermiabono tenemos una producción de 3.4 toneladas por hectárea, pero al añadir 10 toneladas de vermiabono se incrementa una tonelada y media, es decir, casi cinco toneladas por hectárea de biomasa”.

Una de las metas del proyecto a cinco años es sembrar maíz e incorporar diferentes dosis de vermiabono para aumentar la producción del cultivo, la calidad de la mazorca y la rehabilitación del suelo (ph, textura, estructura y capacidad de retención de humedad, entre otros).

Al emplear esta tecnología de bajo impacto ambiental los agricultores disminuirán costos de producción, y a futuro reducirán el ataque de plagas y enfermedades en los cultivos. Además, ahorrarán agua y producirán alimentos libres de químicos para el ser humano.



Nota publicada en la edición 929