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Charla

De prostitutas, brujas y puterías


Desde Goya a Orozco, el arrabal y los prostíbulos fueron sujetos alegóricos pero también carnales de sus obras. Una charla en la Biblioteca Iberoamericana exploró este aspecto en el arte mexicano y universal

Por Víctor Manuel Pazarín
19 Junio 2017

La charla que el poeta y ensayista Ernesto Lumbreras (Ahualulco de Mercado, 1966) ofreció la tarde del pasado sábado en la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, bajo el título de “Enciclopedia mínima de la putería: La prostitución citada por el arte y la literatura”, no se circunscribe, en todo caso, a la literatura mexicana, sino que, de acuerdo a sus propias palabras, “es una mirada al arte universal”, que toma a las prostitutas como “los personajes simbólicos que representaron para muchos pintores”.

“Cuando me estaciono durante mi charla en la obra de artistas mexicanos, lo hago invariablemente en la de José Clemente Orozco”, pues en el trabajo del pintor de Zapotlán están los rituales domésticos y, claro, las casas de cita: “Las prostitutas y la miseria humana en torno a ellas está en por lo menos en dos momentos importantes de la obra de Orozco; su primera exposición, que fue en 1915, llevó como nombre ‘La casa del llanto’ y en esas bellísimas acuarelas Orozco hace convivir a dos personajes un tanto contradictorios: esas ingenuas colegialas de trenzas y las prostitutas de la Ciudad de México”. Esas prostitutas —dice Lumbreras— “fueron de arrabal y no cortesanas”. Luego entonces le pregunto al autor del libro de ensayos La mano siniestra de José Clemente Orozco, si la prostituta fue para los artistas de los siglos diecinueve y veinte un “fetiche” o algo que intervino en sus vidas personales y les marcó su existencia.

“En los casos de José Clemente Orozco y Ramón López Velarde, toman el elemento alegórico y, también, hay una relación literalmente carnal y a la vez simbólica; en el caso de Orozco, dada la condición de manco, la timidez y el desasosiego de acercarse a una mujer con esas faltas anatómicas solamente se la pudo dar una prostituta; ocurre el mismo caso en el artista Toulouse Lautrec, y se puede hacer un paralelismo —no por la manquidad, sino por la baja estatura del francés—, pues ambos de cierta manera son seres incompletos, entonces con las mujeres de los prostíbulos ninguno de los dos se sentía cuestionado, sino al contrario: se sentían a sus anchas y quizás ese círculo de confianza les permitió explorar la intimidad y tomar en sus obras a éstas”.

Abunda: “Cuando Orozco pinta la serie de acuarelas ‘La casa del llanto’ no conocía la obra del francés pero sí el trabajo de Francisco de Goya, quien también tomó el tema de la prostitución, sin embargo de otra forma, ya que la temática tiene una manera distinta de verse en cada época; toma, pues, Orozco, lo que la historia del arte conoce como la ‘pintura negra’ de Goya”.

“La prostituta está muy cercana a la bruja —dice Lumbreras—, entonces en las aguasfuertes de Goya él toma a la prostituta —también de arrabal y zonas marginales— en su imaginario de manera importante”.

¿La putería y la prostitución son lo mismo? —le pregunto—: “En la literatura española fue Camilo José Cela quien dedicó mucha de su obra a indagar la vida prostibularia de su país: la putería y la prostitución. Cela desde muy joven fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua e hizo una distinción entre puta y prostitución: la putería es una forma de vida ligera y licenciosa; la prostitución es una actividad que se hace por necesidad y en la expectativa de tener un beneficio”.

Al tema que ocupó la charla de Ernesto Lumbreras en la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz —dice— lo llevó la obra de Camilo José Cela Izas, rabizas y colipoterras. Drama con acompañamiento de cachondeo y dolor de corazón (1964), y fue presentado por el poeta Ángel Ortuño.



Nota publicada en la edición 929


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