Foto: Fernanda Velázquez

Sociedad

Un mismo lenguaje para zanjar la brecha generacional


Adultos y profesores no saben comunicarse con los jóvenes en su idioma, ni usar las TIC para fortalecer el aprendizaje. Dejar la visión adultocéntrica, compartir códigos y saberes, son la base para comprender y aprovechar el potencial que representan los jóvenes para el país

Por Dania Palacios / Julio Ríos
21 Agosto 2017

Cuando Frida Karina López Marín, estudiante del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías, comenzó a sumergirse en lo que se convertiría en su pasión, se encontró con una barrera: ningún adulto de su círculo cercano la entendía. Le decían que los videojuegos eran cosas de “millenials”, que no tienen importancia. Su perseverancia, sin embargo, la llevó en 2010 a ganar el título de campeona nacional en un torneo del juego Call of Duty.

“Pues al principio fue muy difícil, ya que juego desde los 13 años. Creo que la primer barrera fueron mis padres: hacerles entender que mi pasión eran los videojuegos. La otra fueron los maestros. Ellos creen que la tecnología es una distracción. Creen que tener el celular con videojuegos o tener la computadora es malo y creen que sólo debe servir para hacer trabajos en clase o tareas”.

Para los jóvenes como Frida, a quienes muchos llaman de forma genérica millenials, la tecnología no es una pérdida de tiempo, sino la manera en que construyen su propio conocimiento y adquieren habilidades que hoy son necesarias para competir en el mundo global.

Existe una brecha generacional entre maestros y alumnos, padres de familia e hijos, que no se ha podido zanjar. Los profesores no saben comunicarse con los jóvenes en su idioma, ni aprovechan el potencial de las tecnologías de la información para fortalecer su relación docente.

“Ni el sistema educativo, ni el sistema de gobierno, ni la Iglesia, ni la familia, están sabiendo comprender a los jóvenes y estamos desperdiciando el bono demográfico que México tiene, que es una oportunidad única e histórica. Una nación que sabe aprovechar a sus jóvenes, sale del subdesarrollo”, reflexiona Mario Gerardo Cervantes Medina, responsable de la Cátedra UNESCO de la Juventud, con sede en la Universidad de Guadalajara.

El investigador del departamento de Sociología, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), señala que él mismo ha potencializado su trabajo docente conectando de forma permanente con sus alumnos en diferentes aplicaciones. Sin embargo, aún falta que los académicos prescindan de añejas resistencias.

“Los maestros no se actualizan. Saben que existen las redes sociales, pero no que existe siquiera el snapchat o instagram. Medio conocen el Facebook y lo único que saben hacer es subir fotos. No utilizan las tecnologías a su favor”, añade el también presidente del Instituto Desarrollo Humano Integral Educación, Salud, Ambiente (IDHIESA, A. C.)

Términos estigmatizantes
Para Igor González Aguirre, jefe del departamento de Sociología, del CUCSH, las condiciones a las que se enfrentan las generaciones actuales en México son complicadas, y etiquetar a los individuos sólo por haber nacido entre inicios de 1980 y principio del siglo XXI sería un error, e incluso el uso desafortunado de etiquetas como “millenials” o  “ninis” restan mucho más de lo que ofrecen a la comprensión del tema.

“Cuando se etiqueta a la población millennial se habla de un sector reducido de los jóvenes y lo que ocurre en consecuencia es que se borra o se oculta la diversidad juvenil, lo que tiene consecuencias en los retos que implica la construcción de políticas públicas educativas y laborales para la juventud”, comenta el investigador.

Agrega: “Se asume que los millennials son personas que nacen en un entorno plagado de dispositivos electrónicos digitales, y eso ha producido que sus formas de socialización tiendan a ocurrir tanto en el plano real como en el plano virtual. Se asume también que esta generación es mucho más tolerante con la diferencia, más éticamente diversa, que tiene una relación con la tecnología y el trabajo diferente a las generaciones anteriores”, define González.

Sin embargo, en este mismo “paquete” no se hacen diferencias entre un joven que vive en Chiapas y el que vive en Nuevo León, por ejemplo, o del que nació en la Zona Metropolitana de Guadalajara con un joven del Bajío. Lo cierto es que esta generación tiene cada vez más acceso a información irrestricta y el conocimiento, pero cada vez menos espacios dónde aprovechar esa información ante la falta de oportunidades.

La brecha generacional
La brecha generacional no es un fenómeno exclusivo en la era millennial. Siempre ha existido, sólo que ahora es más visible, reflexiona Igor González. Explica que el adulto tiende a establecer puentes con los jóvenes desde la visión adulta, casi siempre desde una mirada nostálgica, que asume que los tiempos pasados eran mejores.

 “Los códigos que tenemos los adultos, cuando no estamos tan cercanos a esta variable tecno-digital, suelen ser distintos. Más que una brecha generacional asociada con la edad, tiene que ver con una brecha en términos de los saberes que hemos adquirido para relacionarnos con esa variable. No comprendemos esos códigos para la visión adulta”.

Para aminorar la brecha propone que los adultos estén abiertos a las nuevas formas de aprender, no sólo en las aulas, sino a la adquisición de saberes para poder compartir con la población joven códigos y lenguajes que produzcan el sentido y la forma en que se comprende al mundo.

 “A veces hay que ponerse en los zapatos del otro. Solemos interrogar a los jóvenes desde nuestra mirada adulta y a veces cuando no nos gusta lo que responden tratamos de imponer nuestras propias respuestas, y quizá  la mejor vía para empezar a reducir esta brecha, más que hacer preguntas ‘adultocéntricas’, es empezar a escuchar a los jóvenes”.

Para Mario Cervantes, las autoridades se han quedado en programas de ocurrencia, pero no existen políticas públicas destinadas a los jóvenes. Lamenta que ni en el Congreso del Estado ni en el de la Unión existe un centro de estudios de la juventud, por lo que propone también que el Instituto de la Juventud no sea más un apéndice de otras dependencias.

“De repente pasan problemas, y dicen: los jóvenes hacen esto, hacen aquello, los millenials, pero nadie los conoce. Y nadie los conoce porque desde la academia misma no nos hemos dado la oportunidad de contar con un centro de estudios de juventud. Lo mismo ocurre con los padres e hijos y los maestros en el aula”.



Nota publicada en la edición 936

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