Foto: Ana Karen Jiménez

Teatro

Las lagañas de Oetl o el teatro que sabe a pollo (huele a pollo y sí es independiente)


Por Verónica López García
18 Septiembre 2017

Gilberto Casas quería vivir la experiencia del primer mundo. Con apenas veinte años se fue a vivir a Montreal con la intención de conocer el rostro de limpieza y civilidad que vende Norteamérica. El mundo feliz que tenía en mente se rompió por completo cuando se enfrentó a la vida de migrante ilegal, que lo llevó a trabajar en una empresa procesadora de pollo. Aquella estancia en Canadá más los conflictos burocráticos que ha vivido como estudiante de la Escuela de Artes del Cabañas, fueron los principales veneros que le permitieron crear Las lagañas de Oetl, la obra que resultó ganadora de la más reciente edición de la Muestra Estatal de Teatro de Jalisco.

Ahora Gil tiene treinta y tres años y también fue galardonado, por la misma obra, como dramaturgo. De entre todos los resultados de la Muestra, este es quizá el más inesperado y también el que más representa al teatro autónomo. En un momento en donde “independiente” suele ser un apellido común que acompaña a producciones de la cartelera local, encontramos que contrario a su sentido, muchas de ellas son resultado de apoyos oficiales provenientes de la Secretaría de Cultura Jalisco, Direcciones Municipales de Cultura o de la Universidad de Guadalajara. Estos apoyos implican el visto bueno de funcionarios que defienden la visión institucional en la que trabajan, de tal suerte que aunque existan jurados externos, el sentido de independencia, para bien y para mal, se desdibuja.

El primer impulso que tuvieron Gil y su equipo, también muy joven, fue titularse de la carrera en Artes que ofrece la Secretaría de Cultura de Jalisco en el Instituto Cultural Cabañas, licenciatura que tiene serios problemas de articulación y matrícula. Sobre este origen Gil señala: “Lo que quería era titularme, concluir el camino que he vivido dentro del Cabañas-lagañas, así le decimos, por borroso, pastoso. En 2015 me asocié con mis compañeros y amigos Carlos Méndez, Tania de la Peña y Francisco Ramírez.  Así nació la obra. Dimos apenas tres funciones que para mi sorpresa tampoco sirvieron para acreditarme, puesto que la persona que me asignaron como asesora dejó de trabajar en el Cabañas. Retomé el proyecto en 2016 con la misma intención y es cuando se incorpora Eiván Castellanos, quien además obtuvo el premio a mejor actor. Yo sólo tenía dos mil pesos y una guitarra eléctrica, todo lo demás se fue sumando con creatividad de los compañeros, la intención era hacer algo de mal gusto, kistch, ridículo”.

Para Gil, aquella experiencia laboral en Canadá y su accidentada vida estudiantil  representan la fractura que viven muchos ciudadanos ante la imposibilidad de progresar y vivir con dignidad. En la crueldad de los procesos de industrialización alimenticia está el canibalismo, la explotación laboral, el encierro, la cosificación y anulación de la persona —que Oetl y sus compañeros pollos recrean con humor cínico y procaz. 

El equipo de Las lagañas de Oetl tenía claro qué quería decir, qué estructuras confrontaba y armó un proyecto en el que las carencias propias de las formas de producción jugaron a su favor. La naturalidad con la que asumieron los riesgos y la honestidad con la que crearon su discurso, consiguen efectividad comunicativa. En todo ello se lee independencia y ello subraya el valor de este trabajo.

La obra que se instala en los marcos del cabaret, ddespués haberse exhibido en el Teatro Experimental, ya espera su presentación en la próxima Muestra Regional a celebrarse en Morelia del 21 al 23 de septiembre. Con los premios a Mejor Obra, Mejor Dramaturgia y Mejor Actor, Gil aún no obtiene su grado; cuando le pregunto sobre ello, ríe y vuelve a decir “Cabañas-lagañas”.



Nota publicada en la edición 940


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