Foto: Gustavo Alfonzo

Salud

Vivir la “ancianidad” para poder entenderla


Un simulador de senescencia, creado en el CUCS, permite a personas jóvenes vivir por unos minutos las limitaciones que enfrenta un anciano de 80 años. El objetivo del prototipo es sensibilizar a la sociedad sobre las dificultades que encuentra este sector de la población

Por Dania Palacios
25 Septiembre 2017

Envejecer en cinco minutos ahora es posible. Un prototipo creado por alumnos de la Universidad de Guadalajara permite experimentar las dificultades motoras que viven a diario los adultos mayores.

Este simulador de senescencia, que creó el Departamento de Neurociencias del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), reproduce las limitaciones físicas que enfrenta una persona al llegar a los 80 años, como peso en las piernas, temblor en las manos, curvatura en la espalda e incapacidad visual.

Con ello se pretende que jóvenes puedan experimentar las condiciones de un adulto mayor, para generar empatía con este sector de la población que va en aumento.

Rodrigo Ramos Zúñiga, jefe del departamento de Neurociencias, explicó que la innovación del simulador se creó gracias a las ideas de alumnos de pregrado y posgrado en las áreas de ingeniería electrónica, medicina, psicología y rehabilitación.

Los aditamentos del prototipo lo componen: unas botas con un peso de cuatro kilos cada una; un chaleco que simula la curvatura de una persona adulta; un collarín que pretende imitar la artrosis cervical; un visor que impide la visibilidad como si se tuviera cataratas; unos audífonos que dificultan la capacidad auditiva; una férula para la muñeca que limita la movilidad de la extremidad izquierda, y unos electrodos que inducen un temblor similar a la enfermedad de Parkinson.

Una propuesta similar a este simulador lo había realizado la Universidad de Barcelona, sin embargo, este modelo con el estimulador que induce el temblor de Parkinson, además de otros aditamentos originales del equipo de la UdeG, “lo hacen único” destacó Ramos Zúñiga.

La persona que utilice el simulador, se pondrá en los zapatos de un adulto mayor, ya que se obliga a permanecer con cifosis, es decir la curvatura de la columna vertebral, y caminar con una marcha festinante: pasos cortos y velocidad en la que camina una persona con Parkinson.

“Los cambios degenerativos involucran todas las articulaciones y la sensibilidad en las extremidades, por lo que el adulto mayor  tienen mayor dificultad para caminar”, describió Ramos Zúñiga, “comienza a haber un desgaste y compresión en las raíces de los nervios que contribuye en una limitación para la marcha, que es una de las causas más frecuentes de caídas”.

El prototipo formará parte de un programa itinerante de divulgación y de investigación, en el que se aplicará de manera complementaria el Test de Folstein, una escala que se aplica a nivel internacional para analizar las funciones cognitivas del adulto mayor.

“El ejercicio permite identificar a partir de este test, que se contesta en un tiempo de tres minutos, cuándo los olvidos tienen una relevancia que requiere un estudio profundo, que pueda presentar un riesgo de deterioro cognitivo y un riesgo potencial de Alzheimer”, detalló.

Por otra parte, el trabajo con el prototipo en el área de la enseñanza ha permitido que los jóvenes sean conscientes de que la tolerancia y la dignidad para tratar a las personas de la tercera edad son fundamentales para el ámbito laboral.

“Me parece que los alcances que hemos percibido son el reforzamiento sobre las condiciones de la infraestructura y la escena de la tercera edad en la salud pública y atención social. Ha sido una grata sorpresa que muchos de los jóvenes tiene más sensibilidad acerca de las condiciones de la limitación  de cómo tratar a un anciano”, agregó Ramos Zúñiga.



Nota publicada en la edición 941