Foto: Mariana Hernández León

Sociedad

Estudiantes universitarios víctimas de la inseguridad


Estudio revela que el 75 por ciento de los alumnos de tres universidades de México, entre ellas la UdeG, han sido víctima de algún delito. Robo y acoso son los más frecuentes

Por Julio Ríos
23 Octubre 2017

La sombra de la violencia no es exclusiva de un solo estado de la república. Un estudio realizado en tres instituciones de educación superior del país, revela que 75 por ciento de los jóvenes han sido víctimas de uno o más delitos, y el sector más vulnerable son las mujeres.

Se trata del “Estudio exploratorio descriptivo y comparativo de tasas de victimización criminal”, elaborado por los investigadores Claudia Chan Gamboa, de la Universidad de Guadalajara; Luz Anyela Morales Quintero, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y José Ignacio Ruiz Pérez, de la Universidad de Bogotá, Colombia. Este último hizo el estudio con estudiantes universitarios de Chihuahua.

Durante la primera mesa del segundo seminario sobre “Pobreza e inseguridad en México”, que tuvo lugar en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), Chan Gamboa explicó que el estudio se realizó en Guadalajara, Puebla y Chihuahua con el fin de conocer la prevalencia de las experiencias de victimización criminal en estudiantes universitarios.

“Representa un importante avance en el conocimiento sobre victimización de la población universitaria. Sus resultados evidencian la necesidad de atender a este sector de la población, conocer e identificar su prevalencia y los factores sociodemográficos asociados. Constituye el primer paso para la creación de programas idóneos para su prevención”, apuntó.

Los hechos violentos estudiados fueron: robo, amenaza, agresión física, extorsión, secuestro, acoso sexual, homicidio y suicidio de familiares, entre otros, agregó.

Destacó que, en el caso de Guadalajara, el delito que más sufren los hombres fue el robo: 34 por ciento declararon haber sido víctimas. En el caso de las mujeres, 42 por ciento han sido perseguidas en la calle y 28 por ciento recibieron llamadas obscenas y agresiones sexuales.

Informó que calcularon, además, un índice de victimización criminal. Y en el comparativo, Chihuahua se ubicó por encima, pues en ese estado 41 por ciento de los encuestados ha sido víctima de algún delito; Puebla, 31.4 por ciento y Guadalajara, 26.8 por ciento.

Destacó que sobre todo en Chihuahua, el secuestro, el homicidio y la desaparición forzada quintuplican a Guadalajara. Lo preocupante es que el promedio de los tres estados, cuando se pregunta si han sufrido dos delitos o más, sube a 75 por ciento.

Mujeres: vulnerables ante el delito
El silencio, el bajo perfil y el culpabilizarse por ser bonitas, porque eso las pone en riesgo, han sido algunas actitudes asumidas por mujeres que se sienten vulnerables ante el clima de violencia que les rodea, aseguró Ana Cecilia Morquecho, investigadora del Centro Universitario de la Ciénega (CUCiénega).

En la primera mesa del seminario, presentó el tema “Discursos sobre la inseguridad, narraciones femeninas sobre la delincuencia y el miedo al delito”, en el que entrevistó a 11 mujeres que son estudiantes, comerciantes, estilistas, empleadas domésticas, entre otros perfiles.

“La inseguridad pública es un elemento cotidiano en la experiencia de las mujeres. Sus prácticas cotidianas se han transformado como consecuencia permanente de la delincuencia y la inseguridad que ello representa. Si bien se reconoce un elemento estructural, la pobreza, en la génesis de la delincuencia y la inseguridad, existe una tendencia a la culpabilidad de la propia mujer por ser víctima”, señaló en las conclusiones de su trabajo.

La investigadora agregó que la delincuencia e inseguridad permean la vida de las mujeres, tanto por la preocupación de ser víctimas o por los vínculos afectivos que establecen en algunos casos, pues nueve de once dijeron tener vecinos que se dedican a hechos ilícitos, o son madres de delincuentes o tienen algún pariente o conocido.

“En la versión de las entrevistadas, lo mejor que se puede hacer es guardar silencio, tener secrecía ante los asuntos de los hijos, las parejas o los amigos delincuentes; aceptar la situación esperando ser afectada lo menos posible y, para algunas, aceptar los beneficios del secreto, el recurso económico y el poder que pueden llegar a ostentar”, agregó.

Entre otros hallazgos, dijo, está que la mujer ya tiene desconfianza hasta de sus conocidos, su movilidad cotidiana se restringe a horarios y lugares de menor riesgo, la vía pública es el espacio que genera temor y en algunas hay dependencia a la protección del hombre.

Otro factor es el sentimiento de culpabilización y responsabilidad. E incluso, desde la percepción de algunas entrevistadas, el cuerpo femenino, la belleza física y la juventud son condiciones que agudizan su vulnerabilidad ante la delincuencia.



Nota publicada en la edición 945