Foto: Iván Giménez

Entrevista

Almudena Grandes


Escribir desde la caja de truenos

Por Alejandra Carrillo
4 Diciembre 2017

Para los españoles la memoria es un asunto pendiente. Esto lo sabe la escritora, Almudena Grandes, una de las más importantes voces de Madrid, ciudad invitada de honor a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara este año. Lo toma como una de sus responsabilidades como escritora.

De su serie Episodios de una guerra interminable, acaba de publicar la cuarta entrega, Los pacientes del Dr. García, uno de los más amplios tomos de la saga en la que aborda cómo vivió su país durante el franquismo y la Segunda Guerra mundial.

La protagonista es un personaje duro, Clara Stauffer, quien, como se sabe por archivos encontrados en Argentina, ayudó a alrededor de ochocientos exgenerales nazis prófugos a escapar después de la derrota de Alemania, y lo hacía con una pasión, entrega y capacidad de sacrificio que, aplicados para cualquier otra cosa, hubieran sido admirables.

Sobre su trabajo, Almudena Grandes dice que la falta de memoria para entender el presente es uno de los más complejos problemas de su nación. Un problema urgente que resolver.

¿En dónde comienza esta desmemoria?

España es un país que no ha resuelto su relación con la memoria, en la democracia la consigna fue “para progresar hay que olvidar”, hagamos una raya y saltemos juntos a otro lado, y aquí empieza una vida nueva y vamos a dejarnos de lo otro. Hubo una especie de amnesia institucionalizada que es muy ridícula. Una dictadura moldea las conciencias y el pensamiento de la gente durante cuarenta años y sus efectos no pasan sólo porque no quieras pensar en ellos.

¿Para ti abordar o provocar la memoria es un ejercicio, digamos, obligatorio?

Es un tema fundamental en mis libros, pero también en mi vida. No sólo es un asunto literario, el gran asunto pendiente para una española de mi edad es la memoria. Yo empecé a escribir libros como El corazón helado para que la gente me entendiera fuera de España, nosotros somos una generación de niños que nos hemos criado en casas donde había fotos enmarcadas de gente que no sabíamos quiénes eran. Cuando preguntabas quién es “este”, te decían un hermano de tu abuelo, “y dónde está’”, se murió. Ahí se acababa la historia. A nuestros padres los educaron en el silencio.

¿La búsqueda de la memoria, en ese sentido, fue algo natural?

Nosotros fuimos los primeros que hicimos preguntas y no nos las contestaron, entonces eso acaba siendo un proyecto de vida, no sólo un proyecto literario. Yo además estoy convencida de que la falta de memoria es una fragilidad congénita de la democracia española, muchas de las cosas que pasan en España se explican porque no ha sabido afrontar su pasado.

¿Cuáles son las situaciones que hacen más evidente este problema?

Somos un país muy raro, una sociedad muy disfuncional que viene de ahí. El hecho de que para muchos españoles España sea una idea de derechas, de que la derecha considere que el país es suyo y que cuando la izquierda llega al poder se acompleje tanto hasta que le da la razón; hay una serie de cosas que sólo pasan en España. Que la izquierda apoye a los nacionalismos, por ejemplo, eso sólo pasa en España. Tenemos una serie de problemas que sólo se arreglarán cuando afrontemos la memoria.

En ese sentido, ¿sientes la memoria como una responsabilidad tuya?

Por desgracia, sí. Porque no debería. Si en España hubiera una política pública de memoria, si los libros de texto en la escuela básica contaran lo que tienen que contar y se hubieran hecho los homenajes y las declaraciones que hubiera que haber hecho, esto sería un entretenimiento para mí, pero como no ha pasado eso de alguna forma, no sólo yo, muchos escritores españoles tenemos la sensación de que si no contáramos esto nosotros no se va contar.

También escribes sobre la actualidad en tus columnas. ¿Tu postura política es también tu responsabilidad como persona pública?

Es verdad que el conflicto catalán nos ha llevado a un punto que parecía —porque hay que distinguir entre las apariencias y la realidad— que habíamos llegado al abismo. El caso es que sí, cuando tú escribes columnas en una situación como ésta, se puede sentir la responsabilidad en dos sentidos: atreverte a decir cosas que no son políticamente correctas o sentir la responsabilidad de no decir esas cosas.

¿Qué postura tomas ante el conflicto catalán?

Desde que comenzó me pasó una cosa que nunca me había pasado antes: que no estaba de acuerdo con nadie, con ningún actor político; así que me puse de francotiradora, con todas las consecuencias: voy a decir lo que yo siento, lo que yo pienso y precisamente porque la situación es complicada, no hay que tener miedo, no hay que morderse la lengua. Hemos llegado a una situación a base de mentiras y propaganda, y de no hacer nada los que lo tenían que hacer, así que me sentí muy legitimada para decir las cosas que dije.

¿Eso te ha traído enemigos?

Es curioso, porque nunca he tenido tanto éxito como ahora que soy francotiradora, porque no estoy de acuerdo con ninguno. Los procesos históricos son así. Ahora, por ejemplo, en España se está hablando sobre el concierto económico vasco y del Cupo vasco y de la excepción fiscal del País Vasco, una cosa que se implantó con la constitución que a mí me parece muy injusta, pero que hasta ahora había sido intocable; el conflicto catalán ha abierto la caja de los truenos y ahora ya se puede hablar de todo. Eso es algo bueno. Yo en vez de ser partidaria del miedo, soy partidaria de decir las cosas como son, de una buena vez.

¿Qué nos trae el pasado de nuevo? En una entrevista decías que en España no se sabía, por ejemplo, sobre la Guerra Civil, quiénes eran los buenos y los malos...

Eso no se entendió bien. Buenos y malos los hubo en los dos lados, pero lo que yo decía era que España es el único país en donde hubo una guerra entre fascistas y demócratas y todavía hay gente que dice que no se sabe quiénes son los buenos. Vamos a ver, entre fascistas y demócratas los buenos son los demócratas, en cualquier país del mundo eso es claro, en España todavía no, pero esa es otra cosa.

¿Qué libros quieres escribir ahora?

Le quedan todavía dos libros a esta serie. Cuando dije que iba a escribir seis nadie me lo creyó, pero ahora no tengo más remedio que acabarla. A veces pienso que, entre medias, igual podría escribir un ensayo sobre mi idea de España vinculado con todo esto, pero no sé cuándo lo haré, a lo mejor después de la última obra para hacer una conclusión teórica de todo el viaje que hice con esto. No lo sé. En principio, quiero acabarlo.



Nota publicada en la edición 951


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