Foto: Fernanda Velázquez

Talento U

Guillermo Eduardo Aréchiga Ornelas


Académico del CUCS fue reconocido con el Galardón a Médicos Destacados en Jalisco 2017, que otorga el Consejo Estatal de Salud en la categoría Innovación en Salud

Por Dania Palacios
5 Febrero 2018

Una trayectoria profesional de tres décadas respalda a Guillermo Eduardo Aréchiga Ornelas, quien ha dedicado su carrera a disminuir el dolor en sus pacientes.

Con el tiempo dividido entre la asistencia médica como encargado del Equipo Hospitalario de Medicina Paliativa y Dolor, del Hospital General de Occidente, y el área de docencia como profesor titular de la Especialidad de Medicina Paliativa y del Dolor, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Aréchiga Ornelas promueve técnicas y métodos de atención a pacientes con dolor crónico.

Como director y fundador del Instituto Jalisciense de Alivio al Dolor y Cuidados Paliativos, de la Secretaría de Salud Jalisco, fomenta el conocimiento y la investigación para aliviar el dolor.

Por todo ello obtuvo el Galardón a Médicos Destacados en Jalisco 2017, que otorga el Consejo Estatal de Salud en la categoría Innovación en Salud.

¿Por qué dedicarse a paliar el dolor?

Tratar pacientes agudos, crónicos y en fase terminal ha significado dar un sentido a lo que en esencia es la medicina desde Hipócrates: aliviar el dolor del enfermo. ¿Por qué tendría que desatenderse ese síntoma habiendo los medios y mecanismos para eso?

¿Qué le llevó a estudiar medicina?
Tenía un tío que fue médico, que me tocó atenderlo en fase terminal. Creo que también tuvieron que ver las motivaciones de mi papá, que es de Atotonilco el Bajo, que también quería ser médico. En la primaria él me decía, cuando pasábamos por el Hospital Civil: “Algún día vas a estar aquí”. Al paso del tiempo, en la carrera comencé a ver en el hospital el dolor y el sufrimiento. Durante la etapa de internado siempre me interesó escuchar qué hay detrás de una historia clínica, y la vida de las personas. Escuchaba historias de sufrimiento, abandono, soledad, de gente que llegó a estar en el Hospital Civil años y solos. El detonante para dedicarme a esto fue ver a mi tío atender a mucha gente que venía de una comunidad rural, en domingo, y los atendía bien. También tener familiares enfermos: una tía con epilepsia incoercible y cáncer de mama, un tío con tumor cerebral, una sobrina con un tumor renal. Todos esos elementos se conjuntaron para ver y sentir el dolor de un familiar.

¿Qué le ha llegado a molestar más en su camino como promotor de los cuidados paliativos?

Me molesta el abandono, la ignorancia aparente de los pacientes. Me lastima que un paciente dé tantas vueltas en un sistema de salud fragmentado. Me entristece que la sociedad no reclame un derecho fundamental y que esté adormilada y piense aún en el paternalismo médico. Este adormilamiento de la sociedad quizá es porque todavía los médicos estamos con ese celo de que los pacientes son nuestra pertenencia, cuando no lo son. No se respeta la voluntad del paciente en dónde quiere morir y muchas veces incluso son internados en contra de su voluntad. 

¿Qué le gustaría lograr a mediano plazo en cuidados paliativos en Jalisco?

Que pudiéramos echar a andar el comité o la comisión interinstitucional de cuidados paliativos, crear una red de primero, segundo y tercer nivel, que lleguemos a todos los centros de la Secretaría de Salud, que en los centros universitarios donde se imparten carreras relacionadas con la salud, se incluya en su programa curricular los cuidados paliativos y realizar más investigación sobre todas las sustancias derivadas de la cannabis. Me gustaría consolidar una red de médicos paliativistas que puedan ser capacitados de manera masiva y que la autoridad logre destrabar, en lo legislativo, acciones como la voluntad anticipada, donde el paciente pueda renunciar y se respete ese deseo de decir “ya no quiero gastar dinero, tengo el derecho de escoger dónde morir” y el procedimiento de la sedación paliativa, para que pueda cerrar sus ojos y tener una muerte digna, no una distanasia.



No se respeta la voluntad del paciente en dónde quiere morir y muchas veces incluso son internados en contra de su voluntad
Nota publicada en la edición 957


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