Foto:

Opinión

Agricultura urbana


Por Ruth Padilla Muñoz
12 Febrero 2018

En los últimos años el acelerado crecimiento poblacional ha traído nuevos retos sociales, pues se espera que para el año 2030 se concentre en las áreas urbanas cerca del 60 por ciento de las personas que habitan el planeta. Aunado a esto, el índice de pobreza en muchas ciudades está aumentando, y estamos llegando a un punto en el que será difícil que las personas puedan adquirir de manera sencilla y rápida los alimentos que necesitan.

Otro de los elementos del problema es la infraestructura disponible para el transporte de alimentos, ya que las largas distancias existentes entre el lugar de producción y las zonas de consumo, sumado al caos en las áreas metropolitanas, ocasionan casi siempre que un porcentaje del producto o de los víveres se pierda durante el traslado del campo a la ciudad.

Esto ha generado que sean puestos en marcha programas y acciones de diversa índole para dar respuesta a las demandas de productos alimenticios frescos en las grandes ciudades. Una de las opciones que está tomando mayor terreno es la agricultura urbana o periurbana; la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés) señala que son “prácticas agrícolas que se llevan dentro de los límites o en los alrededores de las ciudades de todo el mundo e incluye la producción, y en algunos casos el procesamiento de productos agropecuarios, pesqueros y forestales”.

Algunos ciudadanos han comenzado a realizar agricultura urbana aprovechando sobre todo las azoteas o cualquier superficie con buena iluminación solar para hacer microhuertos, en los que generalmente producen hortalizas.

Según la FAO, la agricultura urbana tiene un papel determinante, ya que proporciona alimento a cerca de 700 millones de personas en las ciudades, lo que significa proveer vegetales frescos a un 10 por ciento de la población mundial.

Una de las razones por las que se ha incrementado la generación de microhuertos es que también promueven el consumo de alimentos cultivados con principios ecológicos y a bajo costo; este tipo de cultivo es amigable con el medio ambiente y colabora con la sostenibilidad, por lo que forma parte de la dieta de quienes promueven un estilo de vida más acorde con la naturaleza.

En los últimos años esta práctica continúa creciendo y atrayendo la atención de grandes sectores de la sociedad. Desafortunadamente, en las viviendas verticales cada vez más abundantes en las grandes ciudades, es poco factible.

Los países en desarrollo se enfrentan a un doble reto: el hambre y el incremento de las enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes, causadas en buena medida por el consumo de alimentos chatarra, mayor cantidad de grasas, menos comida casera y escasos vegetales, así que la alternativa de los microhuertos puede brindar soluciones de corto plazo al hambre y las prácticas que ocasionan una mala nutrición. Otra de sus ventajas es que requieren una cantidad de agua menor que los cultivos tradicionales.

La FAO ha afirmado que los microhuertos pueden rendir hasta tres dólares al día para las familias con menos recursos. La organización ya ha emprendido un programa para hacer frente a la batalla contra el hambre y la desnutrición en ciudades donde la población se incrementará de manera considerable en las próximas dos décadas. El objetivo del proyecto es que los alimentos se obtengan de acuerdo con los principios de la agricultura sostenible y a normas de calidad que garanticen que el producto sea fresco, inocuo y saludable. Esta iniciativa, además, tiene la ventaja añadida que deriva en más espacios verdes en las ciudades.

La Ciudad de México es una de las aglomeraciones urbanas más grandes del mundo y por ello se está promoviendo la agricultura sostenible en las zonas rurales y la producción de alimentos en la propia ciudad. Como ejemplo del proyecto emprendido por la FAO se menciona el Huerto Romita, un espacio comunitario situado en el corazón de la ciudad para la producción de hortalizas orgánicas. Este tipo de acciones podrían comenzar a ser replicadas en otras ciudades. Ojalá que también en Guadalajara y las ciudades medias de Jalisco.



Nota publicada en la edición 958