Costa
Imagen urbana que cambia y segrega

Los nuevos desarrollos urbanísticos en Puerto Vallarta provocan una pérdida de identidad en los lugareños así como el sentimiento de despojo de su territorio, lo que genera espacios propicios para la violencia y el rezago en la atención de los habitantes

Foto: Fernanda Bojórquez
Por Iván Serrano Jáuregui
12 Febrero 2018

Aquel Puerto Vallarta con encanto de pueblito que enamoró a la actriz Elizabeth Taylor en los años 60, durante la filmación de La noche de la iguana, está agonizando. Los cambios urbanísticos que conllevan los nuevos desarrollos inmobiliarios no sólo transgreden la imagen tradicional del lugar, sino que provocan una notable separación entre los habitantes locales y los turistas.

Basta con caminar por la calle Ignacio L. Vallarta, en el corazón de la Zona Romántica, para identificar que en el último año fueron construidas varias torres de departamentos lujosos entre fincas que guardan la esencia de la arquitectura tradicional.

Este tipo de intervenciones urbanísticas generan una ruptura en la imagen, afirma José Alfonso Baños Francia, académico del Centro Universitario de la Costa (CUCosta), que realizó el estudio Segregación residencial en el espacio turístico de Puerto Vallarta, como parte de su tesis de doctorado en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD).

“Hemos visto una sobreurbanización en la Zona Romántica. Esto tendrá implicaciones en infraestructura, espacio público y modificación de la imagen de barrio. Puerto Vallarta se caracterizó por tener una imagen de pueblito típico frente al mar y los desarrolladores inmobiliarios recientes están modificando esta imagen típica. Los turistas que vienen impulsados por este imaginario de pueblito se encuentran con una realidad que no es lo que les están vendiendo”.

Según datos de la Secretaría de Turismo de Jalisco (Secturjal) referentes a 2016, los turistas nacionales manifestaron que los destinos de interés de Puerto Vallarta son sus playas (22.59 por ciento de los encuestados), su patrimonio natural (15.01) y centro histórico (13.09). Los turistas extranjeros opinaron que se interesan por sus plazas y monumentos (25.09), las playas (22.01) y los malecones (7.9).

Estas preferencias empatan con el imaginario de los turistas, que involucra tanto elementos naturales como urbanos.

El académico no descarta la posibilidad de que en el municipio costero se pueda crecer de manera vertical, “pero en el caso del centro histórico y las dos colonias aledañas, que son la Zona Romántica y la 5 de Diciembre, sí deberían de mantener una escala más humana y no una de grandes torres”.

Un despojo que se siente
La modificación de la imagen urbana a partir de la creación de torres de departamentos, conlleva una sensación de despojo en los pobladores vallartenses.

“Estos desarrollos han generado nuevas maneras de segregación o se ha reforzado una vivencia desigual, que ha ido creciendo. Se tienen registradas torres de departamentos que prácticamente todo el año están vacías, que se utilizan únicamente por sus propietarios como segunda residencia o en temporadas vacacionales”.

Baños Francia pone en contexto que esta situación es como cuando un anfitrión realiza una fiesta en su hogar y no puede disfrutar de lo que le pertenece. En este caso los turistas son los invitados.

“Vimos el perfil de quienes viven en este tipo de desarrollos, que es de personas mayoritariamente extranjeras, ya retiradas, con una capacidad económica alta”, afirma el investigador.

El académico aseguró que los habitantes locales tienen la impresión de que los mejores territorios, en este caso los que están frente a la playa, son reservados para quien puede pagarlos. De los 329 hoteles vallartenses registrados por la Secturjal, La gaceta de la UdeG identificó que cerca de un centenar está frente al mar, en un rango de 12 kilómetros entre el río Ameca y la zona de Conchas Chinas.

La investigación establece un modelo que pudiera reducir esta brecha de espacios desiguales, a la par de propuestas de políticas públicas. Una de éstas es que un porcentaje de los desarrollos habitacionales frente al mar fuera de vivienda social.

“Esto suena escandaloso, porque los desarrolladores inmobiliarios quieren maximizar su ganancia, pero creemos que tendría que ver con una acción más decidida de la autoridad para reducir la brecha”.

Expresó que esta segregación tiene implicaciones sociales, como violencia, gentrificación y rezago de la atención a los habitantes locales.



Estos desarrollos han generado nuevas maneras de segregación
Nota publicada en la edición 958