Foto: Gustavo Alfonzo

Cine

Un probadita de cine catalán


Como actividad previa del FICG 2018, se realiza un ciclo de películas y charlas para conocer la filmografía producida por el invitado de honor en esta edición del festival

Por Julio Ríos
19 Febrero 2018

En un lapso de cinco días (del 16 al 20 de febrero en el Cineforo Universidad) y con diez programas y dos charlas diseñados para quien se acerca por primera vez al cine de Catalunia, tendrá lugar como una actividad preliminar al Festival Internacional de Cine de Guadalajara el ciclo Básicos del Cine Catalán, una visión sobre la diversidad del séptimo arte producido en esta zona geográfica de Europa.

“Es un kick-off, o en términos musicales un telonero que abre un poco las expectativas para lo que vendrá después. Lo diseñamos de esta manera y estamos contentos. No sólo lo hacemos en Guadalajara, sino también en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México. Es una introducción para quien no conozca al cine catalán. Y no son cualquier película, sino que son películas que marcan una tendencia, una identidad de distintos periodos del cine catalán”, señaló Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya, quién ofreció la conferencia de apertura de este ciclo.

Explicó que mucho cine se ha perdido, no sólo en Cataluña, sino en Europa y en México, y el trabajo de las filmotecas es procurar que no se olvide ese patrimonio y al mismo tiempo ponerlo en valor y contexto.

“Cada vez más el cine se convierte en un poderoso instrumento de registro, de contexto sociológico de las épocas. No hay ningún siglo anterior al siglo XX que esté tan bien documentando en imágenes, para que sepamos cómo fue la Primera Guerra mundial, como fue la Revolución de Pancho Villa o como fue la caída del Muro de Berlín. El cine da un testimonio más próximo a la realidad que lo que pudo hacer la pintura o incluso la fotografía. El cine es un documento sociológico importante. Pero además es un documento estético. Y hemos procurado que en el programa hubiera películas policiacas, películas experimentales, películas de terror, documentales, es decir, una variedad de lo que han sido los grandes leitmotivs del cine catalán”.

Uno de los desafíos de las cinetecas es transferir del soporte analógico al digital las obras de este arte. ¿Qué tan complejo puede ser ese proceso de ir de la lata al disco duro?

“Este es el gran drama que nos ha tocado vivir. Pudo haber sucedido antes o después. Nos tocó este reto y hay que afrontarlo. El cine ha cambiado del soporte analógico al soporte digital, con una gran paradoja: la película de celuloide del siglo XX se conserva muy bien. Si la colocas en una estantería a baja temperatura y poca humedad se conserva más de cien años. Nosotros tenemos películas de 1902. En el momento en que la industria cambia a digital, cambiamos de registro. Lo digital es un excelente instrumento de difusión. Antes habríamos traído un saco con latas que pesaría una tonelada. Ahora un disco duro con toda la información digital. ¿Cuál es el problema? No hay garantía de conservación a largo plazo en lo digital. Un colega de la filmoteca alemana me relataba que encontraron unas latas herméticas de películas de la Segunda Guerra mundial enterradas en el lodo de un lago helado y salvaron las películas. Si tu iphone se te cae en el lavabo, se te acaba el iphone, la entrevista que estás ahora grabando, y todo. Es mucho más frágil que el soporte analógico. La paradoja es que todos los cines están digitalizando, y las películas del siglo XX que no estén digitalizadas estarán muy bien conservadas, pero serán invisibles. Sin embargo implica terabits de memoria informática que no podemos asumir porque es carísimo”.



Nota publicada en la edición 959


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