Foto: Ernesto Navarro

Altos

Un hito en la historia prehispánica de Jalisco


Trabajos arqueológicos en el sitio de Jalostotitlán, en los Altos, revelan que el centro ceremonial es contemporáneo y mantenía relaciones con la ciudad de Teotihuacán, lo que muestra que los asentamientos de nuestro estado fueron partícipes de los periodos clásicos y epiclásicos

Por Ernesto Navarro
26 Febrero 2018

Se suele pensar que los asentamientos prehispánicos de Jalisco no participaron en el movimiento cultural mesoamericano, pero la zona arqueológica de Teocaltitán, delegación del municipio de Jalostotitlán, y que cuenta con 23 edificios hasta ahora identificados, demuestra lo contrario.

Son ya siete años los que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene trabajando ininterrumpidamente, concentrando sus excavaciones y restauraciones en este centro ceremonial, del que sobresalen la pirámide principal, un altar con cuatro sacrificios en sus puntos cardinales y un carnero, y un juego de pelota.

“Teocaltitán es un magnífico ejemplo de cómo las culturas prehispánicas de Jalisco estaban totalmente insertas en el desarrollo civilizador del periodo clásico y epiclásico de todo Mesoamérica. Por eso es que Teocaltitán es tan importante de investigar y de exponer a la gente”, comentó Marisol del Carmen Montejano Esquivas, arqueóloga del INAH, quien lidera las excavaciones y reconstrucción de este sitio.

Este asentamiento contemporáneo a Teotihuacán, que tuvo su mayor época de crecimiento entre los años 450 y 900 d.C., muestra una fuerte similitud arquitectónica con el mayor sitio del centro de México. Esta región del estado es conocida por contar con asentamientos Cocas, Tecuexes y Caxcanes, pero Montejano Esquivas hace énfasis en que este pueblo existió y cayó siglos atrás antes de que se tenga registro de la existenciade dichos pueblos, que fue aproximadamente en el año 1100.

Si bien Jalisco ya cuenta con un centro arqueológico importante, como es Guachimontones, la integrante del INAH comenta que sería un error caer en comparaciones entre ambos sitios, puesto que son de épocas y cultura diferentes, y la distribución de los edificios es distinta.

“Guachimontones es un sitio del preclásico tardío, correspondiente a la tradición de tumbas de tiro, y este es un sitio que es contemporáneo a Teotihuacán. Lo que conocemos hasta ahora de Teocaltitán es nada más el centro ceremonial. La dispersión de otro tipo de arquitectura del sitio aún no la conocemos”, agregó la arqueóloga.

Debido a la coexistencia, es probable que este asentamiento haya tenido relaciones comerciales e influencias ideológicas con Teotihuacán, como prueba la semejanza de los edificios, aunque aún no se encuentran registros de lengua o escritura en el sitio de Jalostotitlán, el que, cuando llegaron los españoles, tenía más de 500 años de estar abandonado.

El lugar está abierto a los visitantes, pero no aún de manera oficial. Se espera que se inaugure dentro de dos o tres años. El área de sanitarios está próxima a finalizarse y es necesario que el lugar esté restaurado en una cantidad importante a fin de que se agregue como uno más de las 186 zonas arqueológicas con las que cuenta el país.

Durante el 2017, el lugar recibió alrededor de cinco mil visitas y la difusión se ha incrementado en redes sociales, y quienes vigilan el área nunca han negado el ingreso: “Eso habla de lo bien que ha sido recibido el trabajo en esta zona arqueológica”, mencionó Marisol Montejano.

Para el próximo equinoccio, el sitio tendrá, como en años anteriores, una celebración con bailes.

 

Un lugar conocido, pero saqueado
Según Alfonso Reynoso Rábago, antropólogo e investigador del Centro Universitario de los Altos, los originarios de Teocaltitán y Jalostotitlán ya sabían de la existencia de la zona arqueológica. Fue hasta 1991 cuando el INAH tomó registro. De hecho, el investigador refiere que existen testimonios de que, en 1925, arqueólogos mexicanos visitaron el lugar.

A pesar de que los edificios fueron enterrados, al parecer, por los mismos pueblos que las habitaron, han sido objeto de saqueos: “La pirámide fue casi destruida por personas que buscaban oro, pero en ese tiempo, cuando se hizo la pirámide, en ningún lugar existía el oro. Tal vez en Colombia, en El Dorado, pero aquí, en Mesoamérica, para nada”, refirió Reynoso Rábago.

También menciona que los terrenos que están en las faldas del cerro, son potreros en los que la gente ha cosechado diversos alimentos, y es ahí donde también se han encontrado una cantidad importante de vestigios, en los cuales se pueden apreciar diferencias de hasta mil años respecto al estilo de la cerámica.

La zona arqueológica puede ser visitada de 8 a 15 horas y se puede llegar en transporte público, desde el centro de Jalostotitlán, en un recorrido de cerca de 25 min.



Nota publicada en la edición 960