Ensayo
Felisberto y la espía rusa
Foto: Archivo
Por Juan Fernando Covarrubias
12 Marzo 2018

“Las hortensias”, relato publicado en 1966, contiene algunas claves sobre la relación amorosa que sostuvieron María Luisa de las Heras y Felisberto Hernández; relación que los llevó a contraer matrimonio en Montevideo. Pero el vínculo dio comienzo en la ciudad de París, a donde Felisberto se había trasladado gracias a una beca que le había conseguido el poeta franco-uruguayo Jules Supervielle.

La vida en Francia no fue sencilla para Felisberto. El monto de la beca apenas le alcanzaba para alquilar un cuarto de hotel más bien modesto. José Pedro Díaz cuenta en Felisberto Hernández, su vida y su obra, que, para granjearse unas monedas, varias veces a la semana tocaba el piano en viejos cafés parisinos y que en la calle recogía colillas de cigarros que después, en un momento de sosiego, fumaba en soledad. Este papel de músico trashumante lo había hecho años antes en su natal Uruguay y en Argentina, donde iba de pueblo en pueblo musicalizando películas mudas en teatros polvorientos y se daba tiempo para escribir.

Antes de volver a Montevideo tras la bonanza de la beca, Felisberto conoció a María Luisa (cuyo verdadero nombre era África, una espía nacida en Ceuta y que utilizó varios alias durante su vida), quien se hacía pasar como una modista española.

Miguel Vitagliano refiere que María Luisa esperó a que Felisberto acabara una relación que sostenía con una mujer inglesa para poder relacionarse con él. Es decir, sabía trabajar la piedra que quería pulir: necesitaba a un hombre medianamente conocido, de ideología contraria al comunismo y alejado de la élite intelectual latinoamericana para infiltrarse en ese nicho y conseguir la ciudadanía de algún país de este lado del mundo. Ese sería el principio de una serie de actividades secretas que emprendería por Uruguay y Argentina, donde también, en apariencia, llevaría a cabo trabajos de alta costura, según cuenta Tomás Eloy Martínez en el capítulo que le dedica a Felisberto en Lugar común la muerte.

Mucho se ha especulado respecto a que Felisberto nunca se enteró que se había casado con una espía rusa, una mujer que en la KGB llegaría a alcanzar el grado de coronel por sus trabajos de inteligencia. Sin embargo, en “Las hortensias”, que Felisberto escribió durante su estancia en París producto de la beca pero que publicó hasta su vuelta a Montevideo, se encuentran algunas referencias que dan a pensar lo contrario. Por principio de cuentas, en el relato tiene relevancia un personaje (una muñeca rubia) al que el protagonista refiere que tiene un parecido notorio con “una espía rusa que conoció en la guerra”.

La muñeca rubia —a la que bautizan como señora Eulalia—, de algún modo, vino a acabar con la relación que tenía el protagonista con su mujer, curiosamente de nombre María, relación que ya estaba deteriorada y a punto de resquebrajarse en su totalidad. La alusión a Felisberto y la mujer inglesa puede leerse entre líneas. En Nadie encendía las lámparas, en el cuento “Muebles El Canario” hay otro rastro en la situación que plantea: a un hombre, en un autobús, le suministran por inyección un virus que provoca que desde su interior escuche la programación radial. Se sabe que a María Luisa se le conoció como una mujer violinista, es decir, que se especializaba en operaciones de radiotransmisión. El tipo busca por todos los medios deshacerse de aquello, hasta que uno de los hombres que se encargan de inocularlo le dice que se dé un baño muy caliente de pies.

Felisberto se casó cuatro veces. María Luisa fue la segunda de su lista. Se ha dicho que en todas estas mujeres buscó rasgos de su madre y al no encontrarlos decidía dejar aquello por la paz.

Tras la muerte de Felisberto en 1963, María Luisa continuó con su actividad de espionaje y solamente muchos años después, en 1988, regresaría a la URSS, donde viviría sus últimos días y sería condecorada. La dedicatoria en “Las hortensias”, en su primera versión, cuenta Vitagliano, decía “A María Luisa en el día que dejó de ser mi novia. 14–II–49. Felisberto”.

En ediciones sucesivas ha quedado solamente “A María Luisa”.



Nota publicada en la edición 962


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