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Opinión

El modelo de competencias a analizar


Por Juan Antonio Castañeda Arellano
7 Mayo 2018

Los dioses nos dan muchas sorpresas: lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta.

Eurípides

Lo que yo percibo es que en los últimos años la opinión universitaria apenas se ha ocupado por debatir el modelo de competencias. Es posible que se esté postergando la discusión a la espera de un anteproyecto elaborado por especialistas a partir del abundante material acumulado: reflexiones de pedagogos, sociólogos, filósofos, psicólogos, epistemólogos y expertos de la multidisciplinariedad, quienes hasta el momento no han aparecido en la discusión.

No es necesariamente malo que esta escasa opinión de la comunidad universitaria haya apartado del primer plano el debate sobre un modelo educativo sin duda cuestionable, como todo. Es que, además, faltó introducir entre los profesores más información, más debates, no se conceptualizaron lo suficiente los pros y los contras, su heterogeneidad en los diferentes contextos para su plasmación, es decir, la flexibilidad en cada escuela y su diferenciación particular. Posiblemente por lo apresurado no hubo la clarificación fundamental para comprender sus diversas aristas y abordarlas en las instancias académicas y departamentales. Los docentes no estábamos familiarizados con el modelo de competencias, no estábamos preparados. Sobre la marcha se ha aprendido la construcción de un modelo innovador.

Pregunta: ¿Los discentes van a la preparatoria para adquirir conocimientos o para desarrollar competencias? Esta pregunta genera un verdadero dilema. Yo creo que cuando se desarrollan competencias se transmiten y construyen conocimientos. Casi todas las acciones humanas exigen conocimientos. Pero algunos especialistas dicen que para crear competencias se necesita tiempo, el cual es restado al tiempo requerido para conocimientos amplios. Es decir, la noción de competencia tiene muchos significados. Perrenoud define una competencia como una capacidad de actuar de manera eficaz en un tiempo definido de situación, capacidad que se apoya en conocimientos, pero no se reduce a ellos.

En suma, la formación docente es posible si el sujeto tiene el tiempo para vivir las experiencias y analizarlas. Es la razón por la cual, en una cantidad limitada de años de escolaridad, sólo se pueden cubrir los pletóricos programas de conocimientos, en gran medida, resignándose a perder la creación de competencias. A fin de cuentas, los conocimientos y las competencias se complementan estrechamente, pero puede existir entre ellos un conflicto de prioridad, particularmente con respecto a la repartición del tiempo de trabajo en clase.

Sin duda la educación sigue guiándose por el modelo económico, por el mundo del trabajo, ya que la noción de competencia tiene que ver con el mercado y la educación seguirá sus pasos, amparándose en la modernidad y en el cambio de valores de la economía: gestión de recursos humanos, búsqueda de la calidad total, valorización de la excelencia, exigencia de una movilidad mayor de los empleados.

Podemos afirmar que una constante es que el sistema educativo siempre ha estado diseñado “de arriba hacia abajo”. Las transformaciones observables en el mercado laboral y en las formaciones profesionales probablemente tienen ciertos efectos en la escolaridad de base y la concepción de la cultura general que prevalece en ella. Sin embargo, esto no basta para dar cuenta de la utilización creciente de la noción de competencia en el marco del nivel medio superior. La realidad de los movimientos de ideas no es tan simple. Esta moda simultánea del mismo vocablo en diversos campos esconde posturas parcialmente diferentes. Por ello la importancia de análisis y reflexiones entre académicos.



Nota publicada en la edición 968