Foto: Iván Serrano

Ciénega

Una vialidad peligrosa para acceder a la Ciénega


El crucero de Santa Rosa, en Ixtlahuacán de los Membrillos, carece de infraestructura que dé seguridad a los peatones, ciclistas y automovilistas que a diario transitan por el sitio, donde convergen dos de las carreteras con más percances de Jalisco

Por Iván Serrano Jáuregui
7 Mayo 2018

Las cruces de madera clavadas en la zona del entronque de Santa Rosa, en Ixtlahuacán de los Membrillos, cumplen dos funciones: recordar las personas que ahí fallecieron y advertir, a quienes transitan por ahí, que su vida corre peligro.

La infraestructura urbanística en este punto no exenta de amenaza a los peatones, ciclistas y automovilistas que a diario coinciden en esta puerta que lleva a las localidades de la Región Ciénega, y donde cruzan dos de las carreteras más peligrosas de Jalisco: la Guadalajara-Chapala y la Santa Rosa-La Barca.

Según el Anuario estadístico de accidentes en carreteras federales, publicado por el Instituto Mexicano del Transporte, entre 2010 y 2016 la carretera Santa Rosa-La Barca sumó 548 colisiones, mientras que la carretera Guadalajara-Chapala acumuló 300 en el tramo de Periférico Sur a Santa Rosa.

Durante esos años, derivado de dichos accidentes, en Santa Rosa-La Barca hubo 670 lesionados y 112 muertos; y en Guadalajara-Santa Rosa 215 lesionados y 35 fallecidos. Adicionalmente, el anuario correspondiente a 2010 señala que en el tramo del Aeropuerto de Guadalajara a Ocotlán hubo 49 colisiones, 13 fallecidos y 52 heridos.

El historial involucra el entronque de Santa Rosa, donde convergen un paso elevado y una curva por donde los autos circulan a alta velocidad y donde además hay una parada oficial de autobuses foráneos.

El diario El Informador dio a conocer en 2016 que las autoridades de Protección Civil de Jalisco, Tlajomulco y Tlaquepaque coincidían en que la entrada a Guadalajara, en la bajada después del crucero de Santa Rosa, es uno de los puntos con más percances sobre la carretera a Chapala. 

A dos años ese peligro persiste, pues apenas el pasado 18 de abril, cerca de las cuatro de la tarde, un vehículo que transitaba sobre el puente en dirección Chapala-Guadalajara, salió disparado y cayó volteado sobre el carril que viene de Atequiza, esto a tan solo unos metros de donde estudiantes del Centro Universitario de la Ciénega suelen reunirse para pedir aventón rumbo a Ocotlán.

Sonia transita asiduamente a pie por el entronque, ella “se la juega” cuando cruza la carretera, reconoce, pues a diario tiene que pasar por ahí para llegar a su casa y el trabajo. “Ojalá hubiera un semáforo o paso peatonal más cercano, ya que el puente que está a la altura del restaurante Los Burritos de Moyahua queda retirado y es poco común que ahí se paren los camiones, ya que la parada oficial está aquí, sobre la curva”.

Accesibilidad peatonal, un parador de autobuses digno, buen alumbrado público y un paso peatonal horizontal son los servicios que faltan en el entronque, por lo que el camellón es la barrera que transeúntes y ciclistas tienen que cruzar para llegar a su destino.

Este punto conector de las regiones Centro y Ciénega presenta el mismo rezago que otras partes de Jalisco, reconoce Ana Esther Rentería Mejía, profesora del Departamento de Proyectos Urbanísticos del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD).

“Es una situación bastante seria porque estamos perdiendo la escala humana, se piensa más en función de vialidades y nos olvidamos de quienes no usan un vehículo motorizado. Este crucero está totalmente desproporcionado, desde la zona del Álamo hasta Santa Rosa no hay una banqueta decente. Esta zona es de transferencia, ahí llega mucha gente que toma rutas de camiones y las condiciones son infrahumanas”.

A decir de las autoridades de los distintos órdenes de gobierno, sí se ha intervenido la zona, pero sólo para mejorar los caminos de los automóviles sin considerar una infraestructura que dé seguridad a los peatones.

En junio de 2017 fueron colocadas barreras de contención de tres crestas en la curva del entronque, aunque no se han implementado reductores de velocidad. De igual forma, en enero fue inaugurado el macrolibramiento sur de Guadalajara (que pasa a 800 metros del entronque), y el 22 de marzo se inició con el reencarpetamiento de la carretera a Chapala, desde este entronque hacia 16 kilómetros al sur, rumbo a Chapala. Para esta última obra se han destinado 80 millones de pesos por parte de las secretarías de Infraestructura y Obra Pública (SIOP) y de Comunicaciones y Transportes (SCT).

Académicos del CUAAD han insistido en que las autoridades hagan diagnósticos urbanísticos en las zonas que conectan a Guadalajara con las regiones de Jalisco, para mejorar la calidad de vida de quienes ahí habitan y se mueven.

Rentería Mejía coincide en que no hay una voluntad política para mejorar las condiciones. “Hay mucha saliva y letras escritas, pero a la hora de la acción no se ve nada. No hay una conciencia democrática de movilidad. Estos cruces deberían tener pasos peatonales a nivel de piso, reductores de velocidad, algunos topes o incluso deprimir el paso de los vehículos. Hay horas en que el tráfico de las personas es muy alto y tendría que considerarse para el diseño de la vialidad”.



Nota publicada en la edición 968


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