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Opinión

El liderazgo docente en el nivel superior


Por Iván Alejandro Brambila Pelayo
14 Mayo 2018

Las habilidades de un líder académico visionario y con grandes ideas son: imaginar para crear tácticas y activar estrategias, crear para innovar en una forma original, innovar para emprender sin temor a equivocarse, emprender para resolver conflictos de la sociedad a través de infalibles proyectos tecnológicos y sustentables

Lo advierte el filósofo estadunidense Tom Peters: “Los líderes no crean seguidores, crean más líderes”. En la práctica educativa universitaria el profesor es un elemento clave para formar nuevos talentos, encauzándolos al mundo del liderazgo. El campo de acción es el aula, espacio apropiado donde el maestro fomenta en el estudiante la habilidad de ser un líder visionario y difuminar los hábitos de ser seguidores.

El extraordinario docente ejerce los estilos de liderazgo en cada cátedra que tiene a bien impartir en el salón de clases, laboratorio de cómputo, aula virtual, entre otras modalidades, para la formación de los futuros licenciados adscritos a la Benemérita Universidad de Guadalajara (UdeG); el académico comprometido con su labor docente está en la búsqueda constante de la eficiencia, pertinencia y calidad académica, mediante las fases administrativas: desde la planificación hasta el control de su rol educativo.

Al existir mayor diversidad en los tipos de liderazgo docente, mejor se promueve el aprendizaje significativo en el aula. Por consiguiente, si es propiciada la inteligencia emocional en la praxis por parte del profesor, se fomentará el trabajo colaborativo y la empatía del alumno. También al ejercer el académico su liderazgo en la práctica educativa universitaria, el estudiante desarrollará la capacidad y el análisis del pensamiento crítico a través de las inteligencias: creatividad e innovación.

“Los alumnos son el reflejo de la pasión del profesor”, dice Elena Escribano. Que nuestra pasión por el proceso de enseñanza-aprendizaje nunca se agote, que cada cátedra que otorguemos a nuestros universitarios sea para edificar y consolidar al futuro líder, quien solucionará las problemáticas que agobian a nuestro país.

Más que transmitir conocimiento a los estudiantes, nuestra obligación como maestros es nunca dejar de aprender y mantenernos actualizados, siempre a la vanguardia con las tendencias tecnológicas. No olvidemos que el destacado docente aplica su liderazgo para inspirar a sus alumnos.

El científico alemán Albert Einstein (1879-1955), científico alemán nacionalizado estadunidense: “El valor de una educación universitaria no es el aprendizaje de muchos datos, sino el entrenamiento de la mente para pensar”. Si queremos jóvenes líderes para atender los problemas que aquejan a la sociedad, necesitamos escuelas y docentes del siglo XXI para movilizar al estudiante universitario al pensamiento y trabajo, por tanto, al ser competentes ante la era digital.

Los alumnos y exalumnos son la misión de nosotros los académicos universitarios. Dentro del ámbito docente no se puede llegar a ser un gran maestro sin el aprendizaje que ellos nos otorgan en cada ciclo escolar. Las experiencias que nos logran transmitir son decisivas, elementales para impulsarnos a seguirnos preparando en el plano disciplinar o pedagógico, para tener la oportunidad de afrontar los nuevos retos y desafíos que surjan en la educación de este siglo.

Con los mejores augurios a todos lo que tenemos la vocación de ser facilitadores y movilizadores del conocimiento, por ello y por muchas razones más, siéntanse muy orgullosos de ser maestros.



Nota publicada en la edición 969