Foto: David Valdovinos

Entrevista

Andrea Rey


La exploración del cuerpo

Por Martha Eva Loera
28 Mayo 2018

La relación del cuerpo con los objetos que portan las personas, como vestidos, anillos y cadenas, es uno de los temas que ha impulsado la carrera como escultora de Andrea Rey, artista en residencia en el Museo de las Artes (MUSA), del 17 de mayo al 28 de junio.

Ella es una escultora que transforma material textil. A partir de éste genera volumen y piezas tridimensionales, a diferencia de otros artistas que se concretan a lo plano o bidimensional, que abarca el bordado como tal.

Otros proyectos que ha desarrollado son “Vísteme”, consistente en instalaciones muy simples suspendidas en el espacio, y “Móviles afectivos”, con piezas tridimensionales. Entre los materiales que ha utilizado se encuentran cabello, manejado con minuciosidad y sutileza, y tela.

Andrea Rey ha explorado con su arte el tema de lo femenino y erótico, éste último no de manera consciente, sino que resulta a raíz de la exploración del cuerpo y del manejo que da a las formas. El proyecto que desarrolla en su actual residencia en el MUSA, titulada “Trayectoria en el ombligo del mundo”, está inspirada en el significado etimológico de México.

Andrea Rey nació en Bucaramanga, Colombia, en 1980. Se ha desempeñado como docente del Programa de Artes Plásticas de la Universidad Industrial de Santander, en su país natal, y como coordinadora y tallerista de los Laboratorios de Artes Visuales del Ministerio de Cultura colombiano.

Su trabajo ha sido reconocido con una beca de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y con galardones otorgados por los jurados del 5º Salón de Arte Joven del Club El Nogal y del Concurso de Artes Plásticas de la Alianza Francesa de Bogotá, entre otros.

¿De qué se trata tu proyecto actual?
Sigo trabajando el cuerpo, específicamente el ombligo. Estudio la relación de éste con el cosmos y en relación a lo femenino. Estoy conociendo el arte wirrárika para sensibilizarme con las conexiones que se pueden hacer con las formas, los colores y los materiales.

¿Cuántas piezas harás?
Tengo planeado terminar cuatro piezas en arte textil, en las que incorporaré telas, tejidos y bordados. Utilizaré hilos de los colores que usan aquí los artesanos. Aunque en el proceso podrían suceder muchas cosas.

¿Cuándo surge su vocación orientada al arte?
Yo estudié el bachillerato en el colegio público Jorge Ardila Duarte, con énfasis en las Bellas Artes, en donde se impartían clases de danza, teatro, música y artes plásticas, y a mitad de los estudios de pregrado te daban la opción de orientarte hacia algunas de las líneas. Yo opté por las artes plásticas. Tenía un profesor muy bueno, de nombre Rosenberg Jaramillo, quien ahora es mi colega en la Universidad Industrial de Santander. Él me motivaba bastante. La experiencia con él fue muy positiva, y yo era una buena estudiante. Cuando estaba en su clase era para mí un momento de expresión, de sentirme más libre, y él me motivó mucho para que yo viera al arte como una posibilidad de desarrollo y alternativa para vivir. Hice un proyecto artístico y lo realicé como si fuera a hacer un doctorado. Hubo mucha entrega de parte mía.

 

¿Me podrías hablar de ese proyecto que fue tan decisivo en sus estudios posteriores como maestra de arte en la Universidad Industrial de Santander?
En aquel entonces se hablaba de la Generación X, que abarcaba a las personas nacidas entre los años ochenta y noventa y de quienes se decía que no les importaba nada, sino que vivía muy tranquilamente. Yo me sabía parte de esa generación, y me preocupaba por la vida, por mis estudios, por lo que acontecía en mi país. Yo me cuestionaba por qué nos etiquetaban de esta manera. Entonces armé un proyecto con fotografías en el que demostraba que sí teníamos inquietudes. Con este impulso recibido en bachillerato no fue difícil para mí decidirme por cursar la carrera de maestra en Bellas Artes en la Universidad Industrial de Santander.

¿Cuándo decides ser escultora?
Gracias al proyecto de grado de la Universidad, que titulé “Desde adentro”, que consistía en tejidos que ligaban una cadena de oro, la cual me pertenecía desde hacía mucho tiempo, con fragmentos de tela de algunos vestidos míos que mi mamá guardaba como recuerdo y cabello mío. Hice ensamblajes que se convirtieron en instalaciones escultóricas donde había cajas pequeñas, y ahí colgaban los objetos. En la Universidad el programa de estudios a nivel superior era muy tradicional, y luego fue más experimental. Me llamó la atención hacer formas tridimensionales, utilizaba moldes y materiales como arcilla. Tocar la materia me motivaba bastante. Dibujaba y pintaba también. Incluso, mis profesores creían que iba a pintar, pero no, terminé haciendo instalaciones escultóricas.



Nota publicada en la edición 971


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