Foto: Fernanda Velázquez

MUSA

Lucía Maya trascender fronteras


El universo de la pintora fue expuesto al público y editado en tres libros que se presentaron en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara durante un “conversatorio” sobre su vida y obra

Por Eduardo Carrillo
4 Junio 2018

La pintora y escultora mexicana Lucía Maya despierta emociones. Para 1995, expuso Preludios del insomnio: las fases de Hécate, en el Museo del Palacio de Bellas Artes, de la Ciudad de México, en la que realizó la acción plástica La niña de las horas, donde quemó un barco.

El pintor Miguel Canseco, tiene presente que de niño le impresionó Lucía Maya, tanto por su técnica como por su temática en un grabado en el que niñas comían corazones.

“Lucía Maya trabaja con íconos: el árbol, el barco, el rayo, el mar. Son cosas que resuenan en el interior de todos. Es un lenguaje onírico, pero también es un lenguaje real de las postrimerías, de las verdades profundas; realmente ella está negociando en planos que van más allá de lo estético, que va en el plano humano, el femenino y que son invocaciones”.

Estas vivencias fueron expresadas el pasado 29 de mayo, durante el “Conversatorio: Trilogía Lucía Maya. 42 años de trabajo creativo”, que tuvo lugar en el Paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara.

En el acto participaron, además, el crítico de arte Arturo Camacho Becerra, investigador de la División de Estudios Históricos y Humanos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH); el arquitecto Igor Ojeda Delgado, profesor de cátedra del ITESM, campus Guadalajara, y Lucía Maya.

Camacho Becerra expresó que Lucía Maya, más allá de sus dibujos y pinturas, es una artista que experimenta.

“Soy un seguidor de ella desde que empezó a pintar en la cantina La Fuente o sus acciones plásticas que involucraban al espectador en la experiencia artística”.

El público asistente al Paraninfo demostró su cariño por la artista, considerada uno de los mejores referentes del arte latinoamericano. Miguel Canseco subrayó que Lucía ha trascendido entre técnicas. “No solamente es el dibujo, el grabado, la acción plástica, es buscar otras fronteras; y cuando llega a otros países, dentro de esta área del conocimiento que es la mayología, suceden mayismos como encontrar a estas niñas albinas que tenían el pelo rojo, que son como una encarnación de lo que ella hacía en sus cuadros”.

 Se presentó además La trilogía de luz, editado por Sístole Diástole Ediciones Alternativas de Arte, que en su tercer volumen, además de mostrar las acciones plásticas, conjuga toda una serie de experimentaciones con la imagen y lo digital.

 En su intervención, Ojeda Delgado recordó que el proyecto del libro surgió en 1992 cuando conoció obras de Lucía Maya.

“Me quedé impregnado de lo que podía comunicar de sus mundos”.

Eso lo motivó a invitarla a documentar su obra, hasta el 2016, cuando aterrizaron el proyecto y Lucía ya había compilado parte de su obra, que es muy prolífica, por lo que determinaron hacer esta trilogía.

Ojeda Delgado apuntó que no se puede entender la obra de Lucía en una sola línea narrativa. El primer volumen, llamado Luz y sombra, muestra su dibujo y grabado en papel; catalogado de forma cronológica de 1976 al 2017. En el segundo, llamado Luz propia, se observa su incursión en la pintura y escultura. El último muestra a una Lucia experimental y temperamental; Tacita luz es una exploración multimedia de las técnicas, de sus proyectos mixtos, sus acciones plásticas e interlocuciones con otros artistas.

Ante eso, los ponentes plantearon que es un libro complejo, “es un diario” de novecientas páginas y en tres tomos, que “debe saborearse poco a poco”.

Durante el acto, Lucía Maya se tomó una foto y Camacho Becerra dijo: “Eso es lo que hace Lucía, registrar y seguir innovando en la representación de la imagen y sin miedo a arriesgar”. Lucía contestó: “Sí, me da miedo, pero me aguanto”.

A la conversación se unieron la actriz Magdalena Caraballo y el director de teatro Fausto Ramírez. Este último dijo que conocer a Lucía Maya le cambió la vida.

“Todo esto que han comentado se permea para un entonces joven e incipiente director que decide radicalizar su estética, y entonces empezamos a ser cómplices. Hicimos juntos Luna que se quiebra”.

Magdalena Caraballo leyó un texto para Lucía y sus obras.

Nos plasmó en el lienzo, nos vistió de encajes, de espinas, de gasas, cuentas, plumas y trazos en la piel. Nos otorgó voz, danza, canto, poesía, luz, silencio y oscuridad. Por momentos fuimos Lucía misma, mirando por sus ojos, clamando, riendo, tomando, cantando con su voz.



Nota publicada en la edición 972

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