Foto: Abraham Aréchiga

Costa Sur

Afecta deforestación a la biodiversidad en el Sur y Costa Sur


La UdeG y la Junta Intermunicipal del Río Ayuquila realizan un proyecto de ordenamiento ecológico para conservar la diversidad biológica e impulsar un aprovechamiento sustentable de los recursos naturales en la región

Por Mariana González
11 Junio 2018

Cada año la región Sur y Costa Sur de Jalisco pierde 1.5 por ciento de su territorio de selvas bajas y bosques. La cifra puede parecer pequeña, pero si la ponemos en perspectiva, en la última década la deforestación de estos terrenos suma 30 mil hectáreas, es decir, casi la totalidad del Área Protegida del Bosque de La Primavera.

Enrique Jardel Peláez, investigador del Departamento de Ecología y Recursos Naturales del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur), afirma que la mayor parte de esta deforestación es causada por el avance de terrenos agrícolas y áreas de pastizales y, en menor medida, por el crecimiento de las poblaciones.

Esto provoca no sólo el cambio de uso de suelo donde antes había árboles que ayudaban a regular el ciclo hidrológico, proteger los suelos y regular las condiciones climáticas, sino también pérdida de cobertura vegetal y diversidad biológica que arrasa con el hábitat de animales silvestres.

Jardel Peláez encabeza el proyecto de ordenamiento ecológico alrededor de los 10 municipios que forman parte de la Junta Intermunicipal del Río Ayuquila (JIRA), que son Tonaya, San Gabriel, Tuxcacuexco, Unión de Tula, Zapotitlán de Vadillo, Tolimán, Ejutla, El Grullo, El Limón y Autlán, que busca la conservación de la biodiversidad de esta cuenca.

Tanto el Sur como la Costa Sur de la entidad mantienen aún 50 por ciento de su territorio con cobertura de bosques y selvas, pero la otra mitad son terrenos “que desde hace mucho tiempo se convirtieron a usos agrícolas o ganaderos y también en centros de población”.

En las zonas de montaña —esenciales para la regulación de las condiciones ambientales y la conservación de la biodiversidad— hay una presión de cambio de uso de suelo por la expansión de áreas agrícolas y de un modelo no sustentable de ganadería. Esa deforestación afecta sobre todo a la selva baja caducifolia, en segundo término a los encinares y, en poca proporción, a los bosques de pino de las partes altas de montaña.

Estos bosques tienen un alto potencial para la producción maderable, sin embargo, quienes los explotan no hacen un aprovechamiento sustentable, pues hay un impacto en términos ecológicos, pero sin una actividad productiva estable, que además ha causado conflictos entre las empresas particulares y los propietarios de las tierras, explica el académico.

En los últimos años las prácticas de cultivo se han transformado por las condiciones socioeconómicas y el crecimiento de la población. Ahora se reduce el tiempo de descanso en las áreas de cultivo, por lo que las tierras sufren agotamiento y la demanda de superficies para producir alimentos aumenta.

Con el análisis de las condiciones geográficas y ecológicas de la región y según las características del territorio y la demanda social, los investigadores que trabajan en el proyecto han generado propuestas para lograr un equilibrio entre la conservación de la región y el aprovechamiento sustentable de sus recursos naturales.

Una de ellas es la creación de ocho zonas protegidas bajo un modelo de administración municipal o intermunicipal que buscará la conservación de la región, aunque también permitiría actividades productivas, además de conectar las selvas y bosques de la región en un corredor montañoso que terminará en Puerto Vallarta.

“Estamos hablando de ocho nuevas unidades pequeñas de conservación, principalmente ubicadas en la Sierra en Cacoma, el Cañón del Río Ayuquila hacia El Corcovado, en la Sierra de Tuxcacuesco, que se conecta con la Sierra de Manantlán, y todas las barrancas que la conectan con las faldas del Nevado de Colima. En sí la idea es mantener una especie de conectividad entre las áreas forestales”.

Además se fortalecería el trabajo en la Reserva de la Biósfera Sierra de Manantlán con cerca de 140 mil hectáreas y el área protegida del Parque Nacional Nevado de Colima, una de las más importantes de la región.

El académico, quien también es director de la División de Desarrollo Regional del CUCSur, expresa que la idea es desarrollar un esquema conocido como “sistemas agroforestales” que acoplan en una misma área cultivos anuales con perennes y árboles, y también destinar áreas de la cuenca a “sistemas silvopastoriles” que unen la producción ganadera y forestal.

“Si en lugar de tener praderas abiertas con pastos de baja productividad y pocos animales, tenemos árboles o arbustos que producen forrajes de buena calidad, leña y madera para construcción o postes para cercas, y se combina eso en el sistema silvopastoril, por un lado va a aumentarse lo que le interesa al ganadero, que es la producción de carne, leche o becerros para la venta, y se lograría el aumento de cobertura de árboles y arbustos y el desarrollo de pastizales más productivos”.

Esto representaría mantener el hábitat para muchas especies silvestres y aumentar la conectividad entre los ecosistemas forestales que protegen y mejoran las condiciones de suelo. Además se generaría una gama de servicios ambientales que pueden contribuir también a la captura de carbono y la mitigación de cambio climático y, a la vez, ser un mecanismo de adaptación a los efectos del cambio climático global.



Nota publicada en la edición 973


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