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Opinión

¿Cuánto vale una vida?


Por Ruth Padilla Muñoz
9 Julio 2018

No ha pasado mucho tiempo desde que, en agosto del año pasado, fuera asesinado Francisco Álvarez Quezada, estudiante de la preparatoria de Tonalá, mientras caminaba por una calle en las cercanías del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI). Ahora se suma una víctima más a la larga lista de agresiones que parece no tener fin, esta vez le tocó la mala suerte de encontrarse con delincuentes a Jorge Alberto Pérez, estudiante de Ingeniería industrial del CUCEI, quien fue arteramente asesinado el pasado lunes 3 de julio en un asalto, como tantos que ocurren todos los días. Una vez más la violencia se lleva otra vida, una vez más no se culmina un sueño.

No se trata sólo de estudiantes que mueren a causa de la violencia, es toda una ciudad que vive día a día en manos de la delincuencia, sin que sus habitantes puedan salir a las calles con tranquilidad. En la revista Proceso se publicó el 2 de mayo que durante el primer cuatrimestre del presente año se habían registrado 547 homicidios dolosos en Jalisco, y en Notisistema se informaba que, en tan solo los primeros tres días de julio, se habían reportado ya 16 homicidios dolosos, cifra en la que, por desgracia, se incluía a Jorge Alberto.

La mayoría de los homicidios perpetrados hasta abril habían sido producto del uso de armas de fuego, el resto, de armas punzocortantes. Me pregunto ¿cuánto vale una vida en Guadalajara? ¿Apenas el costo de un celular robado que reportará al delincuente unos cuantos pesos? ¿Cuál es el costo real, emocional, social, familiar de segar la vida prometedora de un joven y valioso ciudadano? ¿Se dan cuenta las autoridades de los distintos niveles de gobierno cuánto hemos perdido por la ineficiencia en el ejercicio de su obligación de brindarnos seguridad?

No hay dinero con que pueda pagarse el dolor de una familia, no hay condolencias ni discursos que valgan para paliar la pena, si acaso la solidaridad brinda un asomo de consuelo. Qué paradójico resulta: mientras por un lado se hacen esfuerzos por ampliar el acceso a la educación superior, por el otro se toleran y prohíjan las condiciones para que aquellos que llegan con esfuerzo y dedicación pierdan la vida a manos de otros que, no encontrando un camino mejor, delinquen, asaltan, matan... y se convierten en un cáncer social que ha de ser extirpado.

En los últimos meses se ha vivido un aumento desmedido de la inseguridad en Jalisco, producto principalmente del incremento en los índices delictivos, entre ellos el robo en todas sus variantes; la delincuencia parece no tener fin, ya ha crecido a tal grado que deja ver la incapacidad del Estado para cumplir una de sus funciones principales: garantizar la seguridad de toda la población. Es hora de revisar en qué y por qué están fallando las políticas, estrategias y acciones que se implementan para detener y reducir los niveles de violencia y a la delincuencia. No podemos seguir tolerando vivir con miedo.

Parece que México se ha convertido en uno de los países más violentos del mundo, donde delincuencia y corrupción crecen y se expanden mucho más rápido que la población, pues el país ocupa primeras posiciones cuando se considera el número de homicidios por habitantes. En la última Encuesta nacional de victimización y percepción sobre la seguridad pública (ENVIPE) 2017, que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, se estima que a nivel nacional el 61.1 por ciento de la población de 18 años y más considera la inseguridad y delincuencia como el problema más importante que aqueja hoy en día a su entidad federativa.

Es cierto que se requieren cambios y transformaciones profundas porque la delincuencia es un problema que tiene múltiples causalidades, entre ellas la pobreza, la corrupción y la impunidad, por ello debemos buscar soluciones de amplio espectro para lograr una transformación real del ambiente en que vivimos. Basta de respuestas a medias, basta de impunidad, exigimos acciones contundentes para castigar a los culpables del delito y para garantizar la seguridad de los ciudadanos, entre ellos, los universitarios.

¡Ni uno más! ¡Basta ya!



Nota publicada en la edición 977