Foto: Fernanda Velázquez

Sociedad

Ladrilleras productoras de pobreza


Investigación universitaria revela las condiciones insalubres y de pobreza en las que viven familias que se dedican a fabricar ladrillos de forma artesanal en colonias de Tonalá. El objetivo del estudio es proponer soluciones para solventar las carencias de las comunidades de ladrilleros

Por Julio Ríos / Martha Eva Loera
10 Septiembre 2018

Mientras moldea la arcilla en una adobera para hacer ladrillos, Roberto recuerda que comenzó sus andanzas en el oficio cuando tenía siete años de edad.

“Yo nací en un patio de ladrillos, casi casi. Siempre he trabajado aquí. Ya voy para 50 años trabajando, tengo 62; pero yo le pongo la muestra a los morros de 25 años”, dice.

“Ahorita ando malo de una rodilla. A veces no puedo caminar… será por tanto pisar el barro… el cartílago se nos acaba. Siento como si rozara hueso con hueso. ¿Cómo aguanto?… Pues la necesidad, es la necesidad de la comida”, reconoce.

Las condiciones en que suelen laborar y vivir los ladrilleros de Tonalá, su situación de pobreza, carencias y las consecuencias en su salud, son descritas por el avance de cuatro investigaciones hechas por académicos de la Universidad de Guadalajara (UdeG), que realizaron desde octubre de 2017 a marzo de este año.

Los resultados servirán como base para crear una estrategia conjunta y multidisciplinaria impulsada por académicos, en la que estudiantes del Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá), orientados por sus profesores, sumen esfuerzos y contribuyan para presentar soluciones a las autoridades correspondientes que permitan mejorar las condiciones insalubres y la pobreza en algunas colonias sujetas de estudio.

Las investigaciones están centradas en los problemas de parasitosis que los trabajadores presentan por el contacto con aguas negras y las condiciones antihigiénicas en que viven; los trastornos músculo–esqueléticos derivados de su actividad laboral, los problemas respiratorios que desarrollan y las difíciles condiciones socioeconómicas que enfrentan.

Fueron objeto de estudio dos comunidades de ladrilleros de Tonalá, y los resultados preliminares reflejan lo que sucede en otras del mismo municipio y de Jalisco, uno de los estados que destaca en el país como productor de ladrillo artesanal y que cuenta con 2 mil 500 ladrilleras distribuidas en todo su territorio, de las cuales casi 50 por ciento se encuentran en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG).

Específicamente, en Tonalá hay alrededor de 500; en cada una laboran hasta doce personas, entre trabajadores y sus familias que viven de la elaboración del ladrillo. Muchos de ellos en colonias como Santa Paula, Jauja, Santa Isabel, Guadalupana la Punta, entre otras.

Los ladrilleros, en términos generales, conforman familias extensas. Viven juntos los padres, hijos y abuelos, y si tienen posibilidades de emigrar de acuerdo con los requerimientos de su trabajo, lo hacen, describió la jefa del Departamento de Salud Pública del CUTonalá, Imelda Orozco Mares.

Trabajan en terrenos arrendados por un fabricante. A éste le venden la materia prima que elaboran. Les paga alrededor de 400 pesos por mil ladrillos, según reportes de la investigadora del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) y académica del CUTonalá, Genoveva Rizo Curiel, quien detectó jornadas de trabajo de seis, ocho, 10 o más horas.

Por otra parte, de acuerdo con información proporcionada por Laura Karina Salas Salazar, coordinadora de la Licenciatura en Salud Pública del CUTonalá, se trata de una actividad cuyos trabajadores no suelen contar con seguridad social, ni Seguro Popular.

“El ingreso no les ayuda para adquirir una vivienda propia con todos los servicios y modificar su estilo de vida, y la cultura de muchos de ellos ocasiona que no les vean sentido a adquirir una casa: responden: ‘¿Para qué? Si conseguimos otro trabajo, nos vamos a vivir a otro lado’. Ellos no piensan en el futuro”, contó Orozco Mares.

Es frecuente que todos los miembros de la familia vivan en un cuarto redondo, sin servicio de drenaje y agua potable, por lo que no suelen bañarse seguido. Esto sucede, sobre todo, en las familias de ladrilleros nómadas que llegan a un lugar y se instalan donde pueden.

El trabajo, en el que colaboran todos, suele iniciar a las cinco de la mañana. “La elaboración de ladrillos es un oficio que se hereda, entonces puede verse trabajar al mismo tiempo a hombres, mujeres y niños”, explica Salas Salazar.

Los niños pisan la tierra y la amasan, y en estas fases de elaboración del ladrillo, ellos y los adultos  tienen contacto con las aguas negras, lo que puede ser detonante para desarrollar diferentes tipos de parasitosis, detalló Orozco Mares.

En las viviendas, las mujeres suelen cocer frijoles, chiles y hacer tortillas, dieta que complementan con comida chatarra.

Casos de parasitosis

En una muestra de 53 personas de una comunidad ladrillera de Tonalá, se han detectado casos con sintomatología que indica la presencia de parásitos intestinales, como lombrices y amibas, afirmó Rizo Curiel, quien detalló que en otra investigación, con un número similar de personas objeto de estudio, los resultados fueron muy similares.

Otros indicadores que hacen sospechar la presencia de parásitos son diarreas frecuentes (en 32.1 por ciento de los casos); náuseas o vómito (26.4); dolor abdominal (22.6); inflamación abdominal (18.9) y pérdida de peso (11.9).

Laura Margarita Salcedo Flores, investigadora del CUTonalá, detalló que esos parásitos se reproducen a través de huevecillos (una hembra puede generar 240 mil al día), que en la intemperie se secan y hacen polvo. El viento los levanta y así podría contaminar los alimentos que consumen las personas y albergarse en sus organismos.

El ladrillero se expone además a tener lesiones en piel, infecciones cutáneas, gastrointestinales y micosis (hongos en la piel) durante las primeras fases de elaboración del ladrillo, ya que está expuesto a tierra, polvo y aguas negras.

Esta población presenta también trastornos músculo-esqueléticos, consecuencia del acarreo y carga de materia prima, los trabajos repetitivos y posturas incómodas, y los efectos desgastantes del sol sobre los músculos, explicó Rizo Curiel, quien entrevistó a 64 trabajadores que hacen ladrillos artesanales en una comunidad de Tonalá, de los cuales casi 80 por ciento son hombres y el resto mujeres, con edades de 11 a 80 años. 52 por ciento trabaja menos de ocho horas diarias, y el resto más de nueve por día.

Entre las enfermedades reportadas se encuentran la lumbalgia, en 26.6 por ciento de los casos; artritis, 9.4 por ciento y distrofia muscular 7.8 por ciento.

Algunas soluciones que podrían adoptar los dueños de las ladrilleras son techar las zonas de trabajo o la introducción de maquinarias para aplanar la materia prima, lo cual beneficiaría a los dueños de las ladrilleras al obtener más productos y a los mismos trabajadores.

“Hay que modernizar con los recursos que tienen y los procesos técnicos adecuados. Otra medida sería realizar ejercicios de relajación muscular en las ladrilleras, que ayuden a aliviar el malestar físico”, propuso Rizo Curiel.

Problemas respiratorios
Las personas que hacen ladrillo de manera artesanal suelen sufrir también trastornos de las vías respiratorias, ya que inhalan polvos como aserrín, barro y tierra para su producción, y no utilizan barreras de protección como cubrebocas.

“Manifiestan tener padecimientos como asma (hasta 36 por ciento de los casos), seguido de bronquitis (26)”, señaló Salas Salazar.

Los ladrilleros estudiados fueron sometidos a pruebas de espirometría, que tiene como objetivo hacer una medición de la capacidad pulmonar.

De un universo de 72 personas, 54 por ciento son de sexo masculino y el resto femenino; hasta 36 por ciento presentaron patrones obstructivos leves, los cuales tienen que ver con la anatomía del sujeto que cierra o estrecha las vías respiratorias; en el caso de los ladrilleros esto podría suceder por la inhalación de los polvos.

Aunque los niños no fueron parte del universo de estudio, los padres reportan que éstos presentan, de manera frecuente, padecimientos de las vías respiratorias.

Ninguno de los entrevistados por la académica tiene seguro social o está inscrito en el Seguro Popular. La mayoría asisten a una casa donde personal de la Secretaría de Salud Jalisco les proporciona consulta todos los jueves, o en farmacias  de genéricos o similares.



Nota publicada en la edición 984

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