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Opinión

La Reforma Educativa que viene


Por Juan Antonio Castañeda Arellano
5 Noviembre 2018

Se ha convertido la escuela en un recinto vertiginoso de  horarios, actividades y sobre todo exámenes.

Antonio Moreno González

La escuela necesita ser descongestionada de arias y contenidos, necesita del trabajo colegiado, espacio para la reflexión conjunta de alumnos, profesores y, cuando sea posible, de padres de familia y otros interlocutores sociales. Necesita maestras y maestros liberados de la dependencia perniciosa de que tienen mucho que enseñar para  facilitar estudios subsiguientes, y mirarse la preparatoria a sí misma para identificar y obrar en consecuencia,  porque debería ser el  recurso social más provechoso  para la formación ciudadana, una  ciudadanía  que muy poco tiene que ver con el  siglo pasado… Recordemos que el Bachillerato General por Competencias tiene unidades de aprendizaje como “Formación ciudadana” y “Ciudadanía mundial”.

Pregunta: ¿El profesor debe explicar sólo y exclusivamente lo que a los alumnos les costaría demasiado tiempo o esfuerzo? La frase, pronunciada por un profesor, cobra  actualidad ante la anunciada reforma educativa de los planes de estudio universitarios. Sabemos que los estudios superiores se han convertido en más cortos, más caros y más creativos  y actuales. Pocas veces en este siglo XXI y en el pasado ha habido semejante revolución en la educación  superior. Y con una revolución hay un antes y un después. Hay quienes dicen que los anteriores planes son un fracaso y que los que vendrán serán un fiasco. Sus datos tendrán, pero, al analizar las causas, hemos de repartir responsabilidades. La reforma educativa que se anuncia, la que venga,  afectará a todos los niveles: profesores, alumnos y políticos.

Si los estudios son más cortos, exigen un esfuerzo de síntesis para que los profesores transmitan  lo básico, esencial e  inmutable. Las tecnologías, el mayor número de alumnos y la adaptación de las titulaciones a la demanda social  son un reto no siempre aceptado por el profesorado. La reforma exige versatilidad de contenidos, en muchos casos de un curso  para  el siguiente. Además, los alumnos no tiene la mentalidad ni los conocimientos  de los del siglo pasado. Aunque en muchos casos las explicaciones son las mismas, los alumnos “saben” de manera diferente lo que requiere nuevos métodos, con creatividad.

Para ser más creativos, la reforma venidera afectará al modo de trabajo y estudio de los alumnos. Los nuevos planes situarán al universitario en el centro y frente a sus responsabilidades. Aunque  durante años han exigido ese protagonismo, ahora necesitan tal capacidad de decisión que cuesta creer que puedan elegir sus itinerarios curriculares con garantías. Necesitan un apoyo que sólo pueden recibir de los profesores.

Los horarios posiblemente cambiarán un concepto: se tendrán menos horas de clase, pero los alumnos estarán más tiempo en la universidad. Se hace evidente la necesidad de lugares dedicados a realizar in situ lo que en otras épocas se realizaba fuera del centro docente. El estudiante se convertirá en un trabajador que pasará horas y horas en su universidad.

El contenido de las materias, su actualización y práctica exigen aumentar los medios. El plan tiene que apoyar la creatividad y los trabajos en grupos. Las dotaciones actuales  servían para los estudios anteriores, pero no para un ambicioso plan nuevo. La solución es sencilla: aumentar las subvenciones presupuestales. La SEP decide, pero no existe el “coste cero” en ninguna verdadera reforma educativa, si no podemos hablar de responsabilidades,  pero sí de corresponsabilidades, deberíamos impulsar en los profesores que centren  su actividad  docente  en el saber  y no en el examinar. Su misión es ayudar  al alumno a aprender, se les pide originalidad, afecto, comunicación dialógica  para estimular, animar y, también, exigir. Pero a los alumnos se les pedirá que se sientan lo que son: protagonistas y beneficiarios de la escuela.

Pasó el momento de la sociedad clasista en la que el profesor y su tarima eran un muro infranqueable, para dar paso a la figura del profesor como una ayuda y un colaborador. Hemos de cambiar este planteamiento, se impone el tutor académico real, al estilo de los grandes avances pedagógicos, y no por decreto de ley.



Nota publicada en la edición 992