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Opinión

El estado de la nutrición y el hambre en el mundo 2018


Por Ruth Padilla Muñoz
19 Noviembre 2018

Por tercer año consecutivo se ha producido un aumento del hambre en todo el mundo y, en consecuencia, incrementado el número de personas que padecen privación crónica de alimentos. En 2016 hubo alrededor de 804 millones, cifra que para 2017 creció hasta alcanzar los 821 millones de personas, de acuerdo con información de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), alcanzando niveles equivalentes a los que existían hace casi una década.

Para la FAO hay seguridad alimentaria “cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico, social y económico a los alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfagan sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida sana y activa”. La seguridad alimentaria es una de las necesidades fundamentales de las personas, ya que de ella depende que tengan un sano desarrollo mental y físico.

En 2017 la subalimentación afectó al 10.9 por ciento de la población mundial. Lamentablemente la FAO no augura un buen pronóstico para su erradicación en los próximos años; algunas de las razones del reciente aumento del hambre en el mundo tienen que ver con los conflictos, la variabilidad y las condiciones extremas del clima. No obstante, la seguridad alimentaria, más que un problema de disponibilidad de alimentos, es un problema de acceso a los mismos, lo que está determinado por el nivel de ingresos, el cual a su vez se correlaciona con el empleo. No se podrá erradicar el hambre sin combatir antes la pobreza, ya que son las personas con menos recursos las más afectadas por la falta de disponibilidad de alimentos.

El informe asevera que en África hay mayor prevalencia de subalimentación, ya que afecta a casi el 21 por ciento de la población y, aunque la desnutrición infantil sigue disminuyendo, en 2017 se contabilizaban casi 151 millones de niños que durante sus primeros seis meses de vida aún eran afectados por retraso en el crecimiento.

En dramático contraste, la obesidad en adultos continúa al alza, ya que en 2017 más de uno de cada ocho adultos es considerado obeso. En muchos países esta situación se presenta simultáneamente con la desnutrición en una irresoluble y absurda paradoja.

Algunas de las propuestas de la FAO para atender la falta de disponibilidad de alimentos consisten en acelerar y ampliar las acciones para responder ante las condiciones extremas de clima y exigir un mayor financiamiento para reducir riesgos relacionados con el cambio climático.

En el caso de México, a los factores que menciona la FAO sobre la subalimentación, se suman problemas como la corrupción, el crimen organizado y la inestabilidad política. Apenas hace unos días se dio a conocer que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) concluyó que los programas federales que participaron en la erradicación del hambre durante 2017 únicamente atendieron las carencias de 8 mil 696 personas, lo que representa sólo al 0.1 por ciento de las 7 millones 466 mil 800 personas reportadas en pobreza extrema por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Se suma a esta situación el manejo opaco de recursos públicos, ya que no se reportaron recursos relacionados con la implementación de la Cruzada Nacional contra el Hambre en 2017. La ASF asegura que, cinco años después de que se implementara dicha estrategia, no hay mecanismos para obtener información que garantice el ejercicio de la rendición de cuentas, ya que no fue reportado en la Cuenta Pública de entre 2013 a 2017 ningún dato sobre el cumplimiento de los objetivos.

Con este tipo de acciones, sin políticas claras y sin rendición de cuentas, será imposible lograr los objetivos de erradicar el hambre en México, pues debe haber ante todo voluntad política para que haya cambios y exigencia ciudadana con la transparencia y la rendición de cuentas.



Nota publicada en la edición 994