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Ensayo

Nuevas generaciones, nuevos problemas éticos


Por Cuauhtémoc Mayorga Madrigal
19 Noviembre 2018

El principio presocrático de que “todo cambia”, o que “nadie se puede bañar dos veces en el mismo río”, encuentra su más clara manifestación en los principios morales o en la valoración que hacemos sobre las acciones u objetos que consideramos valiosos. Este fenómeno de transformación de criterios se hace patente cuando una nueva generación pone en duda los valores o principios que anteriormente se consideraban inmutables.

Sin duda la moral resulta importante en la cultura porque, entre sus pretensiones, destaca la capacidad de lograr acuerdos básicos de armonía y, con mucha frecuencia, motiva la consolidación de principios reguladores de la convivencia en la sociedad a través de las leyes. Pero encontrar criterios, justificaciones o principios que nos ayuden a la resolución de situaciones similares o novedosas no es fácil. Dicha dificultad se hace patente cuando las sociedades, con todos los factores que influyen a sus ciudadanos, sufren aceleradas transformaciones y esto es característico del devenir de la cultura. Es decir, un principio moral, que en épocas remotas de la historia podría tener vigencia por doscientos o trescientos años, hoy —en pocos años—, atraviesa por momentos de rechazo o surgen nuevas situaciones de incertidumbre moral en lapsos breves.

Podríamos asegurar que algunos de los criterios morales con los que hoy concebimos lo correcto o lo incorrecto, habrán perdido su vigencia o su interés para las generaciones venideras. Las generaciones anteriores se horrorizan ante las costumbres, gustos y aficiones de las nuevas, afirmando que “se pierden los valores”, cuando tal vez lo que ocurre es que son nuevas razones o situaciones las que perciben como moralmente importante frente a lo que antes parecía indiscutible.

Pero las transformaciones de la conciencia moral no son el resultado de una metamorfosis espontánea, sino el enlace de un conjunto de situaciones y razones que de manera progresiva se integran y consolidan. En el proceso de aceptación de un nuevo criterio moral surge un choque de principios como el que enfrentamo las sociedades contemporáneas. Consideremos los siguientes extremos: “permitir o castigar el aborto”, “tolerar o no el consumo lúdico de la marihuana”, “enseñar o no enseñar educación sexual a los niños”, “fumar o  no fumar en lugares públicos”, “permitir o prohibir el consumo de pornografía”, “rechazar o aceptar el consumo de carne”,  “comprar o no comprar un teléfono celular a un menor”, “ayudar o impedir el paso a los migrantes”, “prohibir o permitir la experimentación con embriones”, etcétera, etcétera. 

Muy probablemente el lector tiene claramente definida su posición ante los dilemas presentados, pero otros seguramente manifiesten serias dudas. En la mayoría de los casos la situación no es percibida necesariamente como dilema, sino como un conjunto de posibilidades alternativas; por ejemplo, ante la incertidumbre de comprar o no comprar un celular a un menor, no necesariamente podría ser un sí o no, sino un motivo para considerar las circunstancias en que se presenta; es decir, se podría afirmar que en determinadas circunstancias sí y en otras circunstancias no.

Otra cualidad de los casos presentados es que la reflexión de dichas situaciones no es un divertimento intelectual, la vida de los implicados en dichos casos se determina por la posición que se adopte ante una cuestión moral. A quién la reflexión moral le ha llevado al convencimiento de que matar a un animal para consumirlo es incorrecto, enfrentará la incertidumbre de seguir o no consumiendo carne durante su vida.

La ética podemos entenderla como el análisis reflexivo de las creencias morales y un análisis muy cuidadoso puede llevarnos a la conclusión de que las creencias que probablemente tengamos más arraigadas sean erróneas. Lo anterior no implica que debamos renunciar a la reflexión moral, ya que, si bien cabe la posibilidad de estar equivocados en nuestras convicciones morales, el análisis de factores implicados puede reducir el riesgo de error y, en consecuencia, ayuda a lograr las metas o atención de criterios fuertes de manera más eficiente.

Los extremos de posiciones que presentaba arriba, son  algunos de los problemas contemporáneos que tienen la cualidad, como decíamos también al principio, de que en otros tiempos algunos no generaban conflicto porque había una amplia aceptación de lo que se consideraba adecuado, o en otros casos porque ni siquiera se planteaba el problema. En otras palabras, una generación enfrenta problemas morales que las generaciones precedentes probablemente ni siquiera concebían como problemáticos.

En este sentido, el sábado primero de diciembre, en el Hotel Hilton, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se realizará el XIV banquete internacional de filosofía, donde pensadores de México y Portugal dialogarán sobre los nuevos problemas éticos que enfrentan las nuevas generaciones, con entrada libre.



Nota publicada en la edición 994


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