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Lagos

La imagen entre memoria y olvido


Cerró el décimo quinto ciclo de conferencias del Seminario de Historia Mexicana con una charla sobre el papel de la fotografía desde la era analógica hasta la actual, marcada por lo digital y las redes sociales

Por Marina Ortiz
10 Diciembre 2018

El pasado miércoles 28 de noviembre se llevó a cabo en el Centro Universitario de los Lagos (CULagos) la conferencia “Vestigios digitales del presente: registro audiovisual cotidiano, procesos de archivación y tensiones memoria-olvido”, impartida por Isaura Sánchez Hernández, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana. Esta charla fue la última del décimo quinto ciclo de conferencias del Seminario de Historia Mexicana.

En ella, Sánchez Hernández realizó una retrospectiva sobre la manera en que la fotografía fue integrándose a la vida cotidiana de las personas, tomando en cuenta que en sus albores las técnicas y los costos permitían sólo a unos pocos tener una cámara, y aún los integrantes de las clases altas solían tomar unas pocas imágenes en ocasiones especiales, como las bodas o los logros académicos.

A medida que la tecnología fue avanzando y los dispositivos se volvieron menos complejos, aunado a las dinámicas sociales que se fueron modificando permitiendo que sectores un poco más amplios programaran vacaciones periódicamente, las fotografías eran utilizadas como el modo ideal para registrar sucesos memorables.

El cambio que ocasionó primero la fotografía digital y después la creación de plataformas virtuales para compartir imágenes, fue la antesala a la época actual en la que un solo dispositivo realiza la toma, la almacena, la modifica a través de alguna aplicación y la comparte en diferentes redes que, a su vez, se encuentran sincronizadas unas con otras.

Esto representa un contraste y una innovación no sólo por la diferencia entre la cantidad de fotos que se toman y la manera en la que se almacenan, sino sobre todo por las formas en las que se ha desplazado simbólicamente la fotografía: de ser un objeto al que las personas regresaban para rememorar un hecho significativo, ahora hasta podemos enviar una foto por mensaje para que nos digan qué tipo de chiles debemos comprar.

 Las cifras oficiales sobre la cantidad de fotos que se comparten segundo a segundo son estratosféricas. La confianza que los usuarios tienen sobre conservar sus memorias en un dispositivo los lleva a acumular de forma asistemática e indiscriminada, y por otra parte, sin tomar en cuenta que al utilizar una red social para este fin, al publicar una fotografía deja de pertenecerles y pasa a ser propiedad de la plataforma, y sin considerar tampoco la posibilidad de que el servicio colapse y se pierda el registro, por mencionar sólo algunos de los aspectos en los que es necesario detenerse a pensar.

Además, al integrarse a estos soportes masivos, las memorias personales se convierten en datos procesados que permiten que los grandes corporativos comerciales manipulen de forma más precisa nuestras emociones a través de la publicidad.

El análisis realizado por Sánchez Hernández abordó también la relación corpórea que se tiene con los teléfonos celulares o las tablets: cada vez se integran más a las personas, la necesidad de tenerlos cerca es más apremiante. Si bien es cierto que estos dispositivos son ahora parte de la cotidianidad de casi la mitad de la población mundial, las formas en las que inciden en ella todavía no son definitivas. La posibilidad de utilizarlos con una mayor conciencia es algo que debemos de tener presente.



Nota publicada en la edición 997