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Opinión

Fortalecer el diálogo académico


Por Juan Antonio Castañeda Arellano
28 Enero 2019

Debemos tener presente que los cambios rápidos sólo existen en una mesa quirúrjica, en la psicología, la sociología, la pedagogía y la filosofía, los códigos de la inteligencia se desarrollan mediante la educación y el entrenamiento sistemático.

Augusto Cury

Es fundamental aprender a pensar desde múltiples ángulos, considerar hechos históricos, sociales, psíquicos y existenciales, en la organización esquemática del raciocinio. Es una tarea vital en el proceso enseñanza aprendizaje.

Los humanos mantenemos una relación difícil por no decir problemática y contradictoria con el pasado. Empiezo a entender que puede ser normal. Nuestra idea griega (platónica) del mundo, posiblemente el concepto con el cual percibimos el presente, sin duda se forja en la infancia y en la adolescencia: una época divertida porque está exenta de responsabilidades. Sentimos, aunque no seamos conscientes de ello, que las cosas deberían ser como nos parecía que eran entonces. Cuanto más entrados en años nos hacemos, más displicentes somos con las novedades. Y más raros nos parecen los adolescentes. Los preparatorianos con los que tratamos pueden ser gente formidable con la que nos llevamos de maravilla, pero pensamos que los chavos, en general, no son lo que eran o lo que éramos.

Los adolescentes, y hay que decir que también los no jóvenes del tiempo actual, se pasan la vida con el celular, la tableta o demás aparatos electrónicos. Una generación antes, iban a quedarse sorprendidos de tanta pantalla de ordenador. Y antes se idiotizaban anta la tele. Y mucho antes se perdía el tiempo con el trompo, el yoyo, las canicas o se intercambiaban objetos con otros adolescentes. Se dice que la juventud siempre pierde el tiempo y se echa a perder. Salvo nuestra juventud: “claro que fue distinta”. Entonces yo me pregunto: ¿Cómo queremos nuestra escuela? ¿Cómo queremos al país? ¿Cómo queremos nuestro barrio,  colonia o ciudad?

Las esperanzas iniciales de que Internet y las redes iban a abrir las mentes se han mostrado vanas. De momento, han producido grados más elevados de cerrazón. Los experimentos van mucho más allá de las burbujas informativas en las que vivimos. El académico Cass Sunstein se ha referido a “cámaras de eco” o de resonancia, en las que informativamente nos encerramos para no recibir información —de redes, periódicos, radio, televisión y otros medios— que no coincide con nuestros prejuicios. Esta situación puede llevar más fácilmente a creer falsedades que resulten difíciles o imposibles de corregir. De ahí el creciente peligro de noticias falsas, pues en etas condiciones juegan con el patrón psicológico de los adolescentes.

Algunos planteamientos de especialistas señalan que no necesitamos una revolución, sino un renacimiento de Internet. Intelectuales y programadores, usuarios y empresas intentan dar paso a una nueva etapa, inspirada en el espíritu de los tiempos pasados. Diversos estudios, y lo que parecía sentido común, venían indicando que el contacto entre grupos distintos aumenta la probabilidad de deliberación y de compromiso social. Otros estudios ya indicaban que en las personas expuestas a mensajes que entran en conflicto con sus actitudes  son propensas a contrarrestarlos aumentando su compromiso con las creencias prexistentes, muy especialmente entre conservadores. Es decir, que abrirse a opiniones distintas no sólo no los hace cambiar de opinión, sino que endurece la que ya tienen o ya tenemos. En otras palabras, la exposición a otras ideas produce más polarización. 

Esos estudios indican que las redes sociales no sólo acercan, sino que acentúan los prejuicios políticos y los conflictos. En fin, más comunicaciòn, más discordia. ¿Se podrá arreglar el desastre de la Red?



Nota publicada en la edición 1000


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