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Opinión

Qué enseñar


Por Juan Antonio Castañeda Arellano
11 Febrero 2019

Nada del impacto educativo cambia en una institución escolar si no se modifican la mente y el corazón de los maestros.

Armando Rugarcia

¿Es posible educar en la diversidad? ¿Cómo podemos superar las dificultades con que día a día nos encontramos en las aulas? ¿Cómo sobrellevar este inmenso, profundo cansancio que nos llevamos a casa y cuya raíz está en la suma de las pequeñas pero constantes dificultades que encontramos en nuestra práctica educativa? ¿Por qué estrategias que empiezan funcionando bien dejan de ser efectivas? No es mi intención ofrecer más preguntas porque lo que los profesores quieren encontrar (y yo compartir) son posibles respuestas.

Primeramente, creo que debemos tener muy claros los objetivos, propósitos y competencias que debemos cumplir como docentes y que tienen que ser realistas en función de la clase, y en cuanto a los contenidos hemos de tener presente los conocimientos previos a fin de conseguir una mayor implicación personal de los alumnos en su proceso de aprendizaje.

Para lo anterior hay que distinguir los contenidos fundamentales de otros que complementan o amplían, incluyendo los contenidos de procedimiento, actitudes y valores.

Es conveniente utilizar criterios de equilibrio y evitar, como lo señalan algunos pedagogos, definir o dividir las áreas en académicas y exclusivamente conceptuales, como por ejemplo las matemáticas, las ciencias sociales, experimentales, las TAES y otras como simplemente manuales y técnicas, ya que eso implicaría una limitación y empobrecimiento en la adquisición de determinados aprendizajes para determinados alumnos, y por lo tanto un elemento favorecedor de desigualdades.

Es evidente que se considera necesario tener muy presente en todas las etapas de adquisición los hábitos de autonomía personal, de trabajo y estudio, así como todas las actividades encaminadas al aprendizaje de habilidades sociales, resolución de conflictos, relaciones personales en el grupo, que podrían trabajarse de manera sistemática cuidando mucho los espacios de tutoría personal y grupal, como señala Imbert.

Sabemos que no todos los alumnos y alumnas son capaces de aprender las mismas cosas ni al mismo ritmo (cada alumno es diferente y por lo tanto también su ritmo de aprendizaje), de ahí que sea necesario plantearse unas finalidades accesibles a todos, revisar y adaptar nuestras prácticas educativas y adoptar las medidas necesarias para compensar las desigualdades, según E. Muñoz.

Sería deseable que las alumnas y los alumnos lleguen a lograr las competencias y contenidos programados de las diferentes unidades de aprendizaje, pero no todos ellos han de hacerlo al mismo ritmo, ni en el mismo grado, ni en las mismas actividades.

Es obvio que las finalidades de la educación en el SEMS no pueden ser inflexibles ni inabarcables para una parte (grande o pequeña) de la población escolar que se ve obligada a cursar. La experiencia diaria confirma que diferentes motivos pueden perturbar el proceso de aprendizaje: falta de determinados conocimientos previos que dificulten un nuevo aprendizaje; tener necesidad, para la adquisición de un aprendizaje en concreto, de recibir más ayudas y pautas; por razones socioculturales encontrar muy alejados de sus vivencias determinados contenidos. Por todo ello será necesario ofrecer a estas alumnas o alumnos una serie de experiencias, materiales complementarios y el tiempo necesario de asimilación.



Nota publicada en la edición 1002


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