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Opinión

La mujer en la educación e investigación


Por Ruth Padilla Muñoz / Alejandro Ibarra Salcedo
11 Marzo 2019

El 8 de marzo llegó (el pasado viernes) como recordatorio de la urgente atención que requiere el tema de género y de un cambio del paradigma cultural de lo que debe o no ser una mujer en la sociedad. Porque a pesar de las luchas femeninas para ser reconocidas y respetadas en igualdad con los varones, aún se está muy lejos de lograr la equidad y el reconocimiento de la valía y capacidad de las mujeres en todos los ámbitos. Interesa particularmente el rol que deberían tener en la ciencia, espacio que se ha considerado típicamente masculino.

Un prejuicio, que por desgracia sigue vigente en muchos lugares, es el que considera la capacidad del pensamiento abstracto como una cualidad típicamente masculina y, por lo tanto, poco desarrollada en las mujeres; casi todos los campos relacionados con las ciencias exactas y las ingenierías se han visto impactados por el desdén hacia el potencial femenino en las llamadas “ciencias duras”. Desde la más tierna infancia se “educa” a las mujeres para dedicarse a actividades más relacionadas con el cuidado y la atención de otras personas, durante siglos se empujó a las mujeres a ser educadoras, enfermeras y otras profesiones que, según el pensamiento de cada época, no implicaban el estudio de las matemáticas o las ciencias experimentales para las cuales se decía que no estaban dotadas.

Hoy, cuando las mujeres representan más del 50 por ciento de la población en nuestro país, las niñas y jóvenes tienen el derecho a aprender desde la motivación para descubrir, informarse, crear y disfrutar del conocimiento con base en el pensamiento científico para estimular vocación por las carreras denominadas STEM por sus siglas en inglés (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), para las que por supuesto tienen las capacidades y el talento necesarios.

En la medida en la que en el hogar y el aula de clase se eduque a la mujer con visiones estereotipadas del ser femenino, se estará perdiendo una gran oportunidad para el desarrollo científico y tecnológico del país, ya que el número de mujeres que se sienten atraídas por las áreas del conocimiento relacionadas con el pensamiento abstracto como las ingenierías, las tecnologías o la computación,  no se incrementa con la rapidez necesaria debido al temor que se les inculca a dedicarse a una “profesión de hombres”, hecho que explica la mayor participación de la mujer en las ciencias sociales, las humanidades o las áreas contables y administrativas.

En el caso del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías las mujeres representan el 28 por ciento de la matrícula, proporción que se repite en el posgrado, porque de 302 alumnos registrados solo 86 son mujeres. Es importante destacar que entre mayor es el grado de estudio las dificultades que encuentran las mujeres también se incrementan, debido a que se enfrentan con la edad reproductiva y el cuidado de la familia, además de los convencionalismos sociales. Esto mismo obstaculiza su camino hacia la obtención de puestos más altos en la vida académica y profesional. 

La evidente desigualdad desmiente que la investigación y la ciencia sean accesibles equitativamente para todos. Un ejemplo: de los 1287 investigadores de la Universidad de Guadalajara adscritos al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), las mujeres representan el 41 por ciento del total, sin embargo, solo un mínimo porcentaje pertenece a las áreas del Conacyt correspondientes a las ingenierías, físico-matemáticas, biología y química o ingeniería e industria.

Si bien es cierto que en la educación se han logrado grandes avances para la incorporación de las mujeres, su ulterior desarrollo todavía tiene mucho camino por andar, en el caso de la Universidad de Guadalajara hay un 55 por ciento de mujeres en la educación media superior, cifra que disminuye a 53 por ciento en el nivel superior y desciende todavía más al 43 por ciento en el caso del personal académico, curiosamente en el caso del personal administrativo se cuenta con un 52 por ciento de mujeres.

Las cifras se vuelven alarmantes cuando revisamos el caso del personal que ocupa puestos de mando medio o directivo, que es un tema que rebasa el espacio disponible para esta participación, baste decir por ahora que entre más alto es el nivel jerárquico en la UdeG, menor es el número de mujeres que se encuentran en los distintos cargos.



Nota publicada en la edición 1006