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Opinión

Día mundial del agua


Por Ruth Padilla Muñoz / Alejandro Ibarra Salcedo
25 Marzo 2019

Cada 22 de marzo, en el Día Mundial del Agua, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) invita a los países miembros a la realización de actividades dirigidas a fomentar la conciencia pública y sensibilizar a la población acerca de los riesgos que amenazan la vida en el planeta ante la creciente escasez y contaminación de los acuíferos, así como a tomar medidas para cambiar la inadecuada manera en la que se gestiona y utiliza este elemento básico para la vida.

En el año 2010 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció que “El derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos.” Este año, en el marco de este día la ONU propuso el lema “No dejar a nadie atrás” como una adaptación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

La pobreza es una de las principales causas de exclusión en el acceso al agua potable, los habitantes de las poblaciones de mayor marginación con frecuencia sólo cuentan con fuentes de agua contaminada, en mayor medida por materia fecal, o con afluentes altamente contaminados por sustancias tóxicas como pesticidas o metales pesados, ocasionando daños irreversibles a la salud y al medio ambiente, un ejemplo de ello lo tenemos muy cerca de Guadalajara en la comunidad de Agua Caliente en Poncitlán.

Si a lo anterior agregamos la incesante desertificación de las selvas y los bosques por la tala inmoderada o clandestina, el crecimiento desmesurado de las ciudades sin asomo de sustentabilidad y una mala gestión del agua en los países con menor grado de desarrollo, se ve difícil alcanzar la meta del Objetivo 6 del Desarrollo Sostenible (ODS 6) de la Agenda 2030, que busca garantizar el agua potable y el saneamiento para todos de aquí al 2030.

Todavía más de dos mil millones de personas carecen de los servicios más básicos, entre ellos el acceso al agua. El agua libre de impurezas y accesible para todos es parte esencial del mundo en que queremos vivir. Hay suficiente agua dulce en el planeta para lograr este sueño, pero cada vez el vital líquido está en manos de menos, que solo piensan en su beneficio personal. La sequía y la presión desmedida de los países ricos sobre los recursos hídricos, pone en riesgo cualquier posibilidad de disponibilidad de agua limpia para todos en el presente y el futuro.

El agua será parte de la lucha de un nuevo movimiento impulsado por jóvenes en muchos países, que exigen a sus gobiernos medidas inmediatas para frenar el cambio climático. Los jóvenes se han propuesto parar las clases y tomar las calles para exigir que los funcionarios electos actúen. ”Se trata de un movimiento llamado #FridaysForFuture, el cual comenzó con Greta Thunberg, la activista ambiental de 16 años, quien en agosto de 2018 comenzó a faltar a clases los viernes para protestar frente al parlamento sueco.”

El calentamiento global es una realidad terrorífica, si no se logra frenar el incremento en la temperatura del planeta, para el año 2030 los resultados serán catastróficos y entonces los jóvenes se preguntan sobre el sentido que tiene acudir a la escuela si el cambio climático está acabando con sus posibilidades de futuro.

El incremento de la temperatura en la tierra afectará también a los cuerpos de agua superficiales y subterráneos, por lo que el acceso al agua estará cada vez más restringido. El aprovechamiento responsable de los recursos hídricos es uno de los principales desafíos a los que se enfrenta el ser humano. Una de las demandas de los jóvenes activistas de Estados Unidos, como parte de una propuesta del llamado Nuevo Pacto Verde, es precisamente el suministro de agua limpia.

En México el sector agropecuario (agricultura y ganadería) es el que más cantidad de agua consume, ya que las pérdidas por infiltración y evaporación ascienden a más de 60% del agua almacenada y distribuida para fines agrícolas. En la misma línea, el sector industrial consume el 4 por ciento del agua total (3.5 km³ anuales), sin embargo, es el que mayor cantidad de tóxicos vierte en las aguas residuales, que van a dar a los ríos y mares de México contaminándolos y volviendo más difícil la limpieza de los afluentes, su potabilización y distribución a la puerta de nuestros hogares, escuelas y lugares de trabajo, basta recordar el río Santiago, uno de los más contaminados de nuestro país –tal vez del mundo-  que envenena poblaciones enteras sin que se haga absolutamente nada al respecto.

Como adultos, debiéramos sentir vergüenza de que sean niños y jóvenes los que actúan para garantizar el futuro, lo menos que podemos hacer es luchar con ellos y por ellos.



Nota publicada en la edición 1008