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Ensayo

Asomos a Fuenteovejuna


Por Salvador Encarnación
10 Junio 2019

Fue la saturación de atropellos lo que unió a los aldeanos de Fuente Ovejuna para buscar justicia por su propia mano. “Fuente Ovejuna, señor”, sí, pero fue Laurencia quien con la defensa de su honra puso adhesivo a todas las arbitrariedades cometidas por el Comendador. Otras habían sufrido atropellos. Ésta le dice a Pascuala: “Luego la infamia condeno. /¡Cuántas mozas en la villa,/ del Comendador fiadas,/ andan ya descalabradas!”. Pero eran mujeres del pueblo. Laurencia, aunque también aldeana, es la hija de Esteban el alcalde; es alguien que tiene presencia y voz en la clase gobernante de la villa.

Lope de Vega lleva a escena un hecho histórico acaecido en 1476 y recogido en 1572 en la Crónica de las Tres Órdenes y Caballerías de Santiago, Calatrava y Alcántara de Frey Francisco de Rades y Andrada. Era algo común en Lope el apoyarse en acontecimientos conocidos. Desde hechos históricos hasta cancioncillas tradicionales le eran motivo para armar una obra teatral. A El caballero de Olmedo le antecede el cantar: “Esta noche le mataron/ al Caballero/ la gala de Medina,/ la flor de Olmedo”.

Fuente Ovejuna se rebela en contra del Comendador. No son los habitantes en lo individual, sino el colectivo que se ha ido formando por las ofensas a la honra que a diario se cometen en contra de los aldeanos. En esa época el honor era propiedad de los nobles y una de sus obligaciones era cuidar y hacer que sus súbditos vivieran bajo su honra. Esteban, el alcalde, le dice: Señor,/ debaxo de vuestro honor/ vivir el pueblo desea”. Y el regidor le reclama: “Lo que dezís es injusto;/ no lo digáis, que no es justo/ que nos quitéis el honor”.

Varios son los temas que se escenifican en Fuenteovejuna. El clásico, el poder del pueblo cuando se une. “Cuando se alteran/ los pueblos agraviados, y resuelven,/ nunca sin sangre o sin venganza vuelven”. En la época del disturbio, el feudalismo estaba en decadencia y se afianzaba la monarquía. Lope era partidario de este último sistema y lo enaltece en otras y en esta  obra. “El Rey solo es señor después del cielo,/ y no bárbaros hombres inhumanos”.  Y el tema del honor ya ejemplificado.

Por el género de los actores, se puede decir que Fuenteovejuna es una obra de varones. Sin embargo, son las mujeres quienes toman el lugar protagónico encabezadas por Laurencia quien escapa de las manos del Comendador, ya ultrajada. En el Primer acto, se plantea el triángulo entre Laurencia, el Comendador y Frondoso. En el Segundo, Laurencia y Frondoso se casan. El Comendador recluye a Laurencia y toma preso a Frondoso. Y, en el Tercero, el Consejo de Fuente Ovejuna, tímidamente, decide tomar las armas en contra del Comendador. La presencia repentina de Laurencia y su reclamo ante la pusilanimidad de los hombres, hace que se vigorice la propuesta y la suma de las decididas mujeres cohesionan el sentir: liberarse del Comendador. Se lleva a cabo la rebelión.

Pero es la toma de conciencia, por parte de las mujeres, que las une. Al ver lo temeroso de los hombres: “Liebres cobardes nacistes;/ bárbaros sois, no españoles./ ¡Gallinas!”, ellas enarbolan la venganza. No pretenden derrocar el sistema, ni mejorar su posición dentro de la sociedad (que las hubiera hecho precursoras del feminismo), solo quieren justicia a los atropellos sufridos por la autoridad.

Fuenteovejuna fue escrita utilizando, en parte, el sayagués, un lenguaje arcaico para ese tiempo y le fue aplicado a los aldeanos. Bobes Naves lo define como “…una jerga especial que se pone en boca de los pastores que aparecen en el teatro a partir del Renacimiento”.  Dice Pascuala en sayagués: “Pues, a la he, que pensé…” Por: Pues, a la fe, que pensé… Otro recurso de Lope de Vega, que escribía “en necio”, fueron los refranes, considerados como cápsulas de sabiduría popular y además cumplen con un precepto de Juan de Valdés (Cuenca ¿?-Nápoles 1541): “Todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis con las menos palabras que pudiérades”.  Un refrán utilizado en esta obra en comento y que aún pervive, dice: “De esta agua no he de beber”. Fue utilizado también por Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua y por Cervantes Saavedra en El Quijote.     

Ahora Fuenteovejuna es más una lectura que una puesta en escena. Al leerla queda supeditada a la técnica de la lectura personal. El teatro de Lope de Vega, pensado para ser representado en “los corrales”, a cielo abierto, pierde mucho al solo leerlo y es que el tono de voz actoral y en su actuación va una carga sustancial de conocimiento. Por eso Lope recomienda en Arte de hacer comedias: “Oye atento, y del arte no disputes;/ que en la comedia se hallará de modo,/ que oyéndola se pueda saber todo”.



Nota publicada en la edición 1017


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