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Economía

Un país endeudado


El incremento en los gastos del gobierno, muchos innecesarios y en detrimento de obras que quedaron inconclusas; despilfarros y aumento de puestos de la alta burocracia, son algunos factores que acrecentaron la deuda de México

Por Martha Eva Loera
8 Julio 2019

La deuda pública del Gobierno Federal incrementó 8.09 por ciento desde abril de 2018 hasta el mismo mes de 2019, y representó un porcentaje del Producto Interno Bruto  (PIB) —o riqueza generada en México en un año— de 44.4 y 45.1, respectivamente,  lo que está por encima del 30 por ciento recomendable para que un país tenga finanzas más  sanas, afirmó Martín Romero Morett, jefe del Departamento de Economía del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA).

El académico al dar a conocer los resultados de un estudio sobre deuda pública interna y externa del Gobierno Federal, detalló que ésta pasó de 10.03 billones al cerrar abril de 2018 a 10.8 billones al cerrar abril de 2019.

Explicó que con los países sucede algo similar que con las familias. Es recomendable que éstas no se endeuden más del 30 por ciento de sus ingresos que perciben para que tengan capacidad de pago y puedan hacer frente a sus necesidades, y el mismo porcentaje es recomendable como deuda de un país, tomando en cuenta la generación de riqueza.

Uno de los lados negativos de la deuda pública es que se realimenta sola, ya que muchas veces, para refinanciar el pago de intereses, el país continúa endeudándose. Es similar a cuando un ciudadano pide un préstamo para pagar sólo los intereses.

Para que el país tenga finanzas sanas tiene que ahorrar recursos, bajar los gastos, pagar sólo aquello que sea necesario, así como aumentar la productividad de las empresas y favorecer un incremento de exportaciones que permita la entrada de dólares al país con los cuales hacer frente a la deuda y los intereses de la misma.

Destacó que la deuda pública del Gobierno Federal representó el 16.9 por ciento del PIB al cerrar abril de 2007 y 44.2 por ciento en diciembre de 2017, pasando de 2 billones a 10.09 billones. Estos años se ubican en dos periodos distintos, el de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

Este crecimiento se debe a un incremento en los gastos del gobierno, muchos innecesarios y en detrimento de obras que quedaron inconclusas; despilfarros y aumento de puestos de la alta burocracia, entre otros.

En el anterior sexenio presidencial la deuda pública se elevó del 33 por ciento del PIB al 44 por ciento, especificó el investigador.

Explicó que la deuda no necesariamente es algo negativo para un país, si tiene planeado cómo la va a pagar y sabe invertir lo que le prestan para la generación de riqueza, mayor productividad y más recaudación fiscal.

Aclaró que los gobiernos mexicanos no han sabido endeudar al país de manera inteligente. “Han sido derrochadores, despilfarradores. Al parecer, cuando adquirieron deuda no pensaron que iban a hacer una inversión para generar más empleos y propiciar el crecimiento”.

Explicó que durante el sexenio pasado se endeudó a Pemex, y esta empresa cada vez producía menos petróleo. Eso es algo inexplicable.

En cuanto al actual sexenio, la política financiera al parecer ha sido muy cuidadosa. Lo que dice el gobierno es que hay un gran interés por las finanzas públicas, que hay cuidado en lo que se gasta y hay una postura que se opone al despilfarro del dinero, pero que en exceso tanto ahorro puede derivar en decrecimiento económico, señaló el investigador y añadió que todavía es muy temprano para evaluar los resultados con base en los datos.

¿Para qué sirve la deuda?
El gobierno se endeuda de manera similar a muchas familias mexicanas: piden prestado  cuando hay una emergencia y,  por ejemplo,  no  pueden pagar la renta, ni comprar alimentos o vestidos con sus ingresos.

En el caso del gobierno, se endeuda cuando tiene dificultades para pagar sus gastos en educación, salud, defensa nacional, policía, construcción de caminos y demás necesidades con los ingresos que recibe (vía venta de petróleo, impuestos y otras fuentes de ingresos).

La deuda puede ser en pesos o en dólares. En el primer caso el gobierno pide prestado a sus propios ciudadanos para completar sus gastos y, en el segundo, la moneda extranjera es necesaria para comprar lo que el país necesita (importaciones de maquinaria o vagones), o contratar el servicio de una empresa internacional.

La deuda interna (en pesos mexicanos) está constituida por los Certificados de la Tesorería de la Federación (CETES), documentos que comprometen al gobierno a pagar un interés por la cantidad prestada.

Cuando un país destina casi toda su riqueza en pagar la deuda, eso es resentido por la ciudadanía, que no ve cubiertas sus necesidades de servicios como escuelas en óptimas condiciones u obras, además los salarios son afectados, ya que es necesario para el gobierno cobrar más impuestos para hacer frente a los gastos. Esta situación puede generar descontento social e inconformidad de la clase trabajadora.

La deuda puede ser uno de los factores que orillen a un país a devaluar su moneda al no ser sujeto de crédito ante una emergencia. Entonces el país se ve forzado a incrementar sus exportaciones para atraer dólares, y una estrategia para que sus productos sean más baratos y pueda lograse ese objetivo es optar por devaluar la moneda.

Otro de los efectos es que puede contribuir a una recesión. Esto puede ocurrir cuando la deuda es muy alta y el país, a semejanza de una familia que debe al banco, se la pasa pagando la deuda, entonces deja de invertir en obra pública o en incentivar a las empresas para propiciar un crecimiento económico.



Nota publicada en la edición 1021