Foto: Jorge Alberto Mendoza

Biblioteca

El CCU, levantado del suelo


Cada día toma más forma este monumental proyecto que le dará a Jalisco un motivo más para sentirse orgulloso. La Biblioteca Pública es el punto neurálgico en el que descansa el complejo que transformará la visión cultural de toda una región
Por Marco Islas-Espinosa
15 Marzo 2010
Ingreso Una excavación en proceso recibe a los trabajadores y visitantes de la construcción de la Nueva Biblioteca Pública del Estado. Es un hoyo de más de diez metros que se convertirá en un estacionamiento con 850 lugares y soportará una plaza por donde transcurrirán caminos para peatones y bicicletas. La construcción de la plaza continúa gracias al apoyo federal, mientras que la del edificio avanza ante el latente riesgo de paralizarse por falta de recursos provenientes del gobierno del estado. “Para mí es obvio que si es la biblioteca pública de Jalisco, una biblioteca estatal y además la más importante a ese nivel en el país, lo correspondiente es que el gobierno de Jalisco asuma esta función (de allegar recursos). Tan sólo el gobierno federal, por ejemplo, invertirá 300 millones de pesos entre la plaza y la biblioteca”, apunta Mauricio de Font-Réaulx, director del Centro Cultural Universitario. Sótano Las obras continúan y desde la perspectiva de calle presentan distintos grados de avance. Para las personas que circulan desde Parres Arias, o desde el Periférico, la obra presenta un aspecto cada vez más avanzado. Han pasado ya las etapas de vaciado de concreto y colocación de la estructura, nos dice José Fernando Cruz, auditor de seguridad industrial de las obras de la Biblioteca Pública del Estado. Una obra a tal ritmo presenta siempre una buena cantidad de riesgos laborales. Sin embargo, es tal la dedicación a la seguridad que demuestra Cruz, que nos informa orgulloso que en el pasado año y medio el accidente más grave que han sufrido los trabajadores dejó como resultado la fractura de una mano. En un lugar donde diariamente se encuentran entre 70 y 100 trabajadores, este dato habla de la cuidadosa planeación de la obra. Planeación que redunda en la organización de los constructores para permitir que unos trabajadores terminen la instalación y aseguramiento de la estructura metálica de más de 14 toneladas que soportará un tragaluz, al mismo tiempo que metros más abajo otra cuadrilla finaliza la colocación de las instalaciones del aire acondicionado. Sistema que resulta ser de suma preocupación para el director del Centro Cultural Universitario, Mauricio de Font-Réaulx. Para él, todo este trabajo representa no sólo un avance en las instalaciones de un 80 por ciento, sino una inversión de 160 millones de pesos que se encuentran en riesgo. “Nos preocupa el daño técnico que sufrirían de llegar las lluvias, ese es el principal riesgo a unos meses de terminar la obra”, apunta de Font-Réaulx. Planta Baja Mauricio de Font-Réaulx es arquitecto, se le nota cómodo en sus botas de trabajo y su casco plateado. Su andar por la obra que será la biblioteca estatal más grande e importante del país es seguro y ágil. Ahí donde los ojos del observador común ven un espacio vacío construido con concreto, de Font-Réaulx ya observa el espacio dedicado a los lectores más pequeños, ahí donde dos moles de concreto se convierten en la puerta del futuro Centro Cultural Universitario, el arquitecto ya ve a los usuarios que desde este punto podrán acceder al acervo contemporáneo, a una galería y al acervo histórico de la Biblioteca Juan José Arreola. Esa es quizá la diferencia que existe entre este arquitecto, y su equipo de trabajo, con respecto al resto de las personas que transitan a distintas velocidades por el cercano anillo periférico. Donde los demás ven un conjunto de tabiques, acero y cañerías, Mauricio de Font-Réaulx y su equipo ven cómo día a día se consolida uno de los proyectos culturales más importantes del occidente del país. “Va a ser un centro social donde la gente se pueda reunir, donde pueda divertirse e informarse. Lo que trato de decir es que no será una biblioteca tradicional como las que son como ir a una iglesia, donde tienes que hablar bajito y ser una figura de palo. Sino un lugar donde tengas la oportunidad de que los niños estén tirados de panza leyendo un libro, escuchando un cuenta cuentos, jóvenes en un rincón viendo los temas que les interesan, una sección de adultos mayores y la sección en lenguas indígenas que no existe actualmente en ninguna biblioteca en el país. Servicios de libros en braile, servicios para empresarios. Y quienes quieran estar en silencio también tendrán su espacio. Es importante decir todo esto porque creemos que esta biblioteca la dará un giro a la percepción que tenemos del acceso a la información”, detalla De Font-Réaulx. Caminamos hasta lo que será el frente de la nueva biblioteca, dos rampas y una escalera brindan acceso a un sótano que guardará servicios necesarios para el funcionamiento de la misma. “El sótano está enfocado hacia alojar los vehículos del personal, y la otra mitad también estará dedicada a servicios de la biblioteca como la fumigación y restauración de los libros. Mediante las dos rampas estará habilitado un servicio de buzón para que se depositen los libros sacados a préstamos”, dice De Font-Réaulx. Avanzamos junto con el arquitecto Daniel Franco, egresado de la UdeG y uno de los encargados de la obra, colocándonos entre los edificios que formarán, unidos por tres puentes y con una techumbre que convertirá este paso en una galería, la puerta de entrada al conjunto del Centro Cultural Universitario. En este punto se encuentra el vestíbulo de la nueva biblioteca, un ingreso con dos pisos de altura y generosos espacios sin paredes. Grandes ventanales iluminarán la sala donde se encontrará el centro de referencia, y el ingreso a las escaleras que se encuentran separadas de los elevadores para los visitantes. Ascendemos por las escaleras al paso marcado por de Font-Réaulx que saluda a los trabajadores que ultiman las instalaciones hidráulicas preparatorias para la colocación de los elevadores montacargas. Piso 4 Desde este piso se puede observar con mayor claridad la pirámide invertida que llevará luz a las salas de lectura de la nueva Biblioteca Pública del Estado. Será un espacio escalonado que permitirá el ingreso de la luz. Desde este piso uno de los tres puentes comunicarán el edificio principal con la “caja del tesoro”, como la califica de Font-Réaulx: el edificio del acervo histórico. Un edificio más pequeño, pero con paredes más gruesas que controlarán la humedad y que contará en su planta baja con una galería para exposiciones temporales. Parados al borde de lo que será la mitad de la pirámide invertida al interior del edificio, el arquitecto Daniel Franco apunta que éste será el rasgo distintivo del inmueble. “Es el corazón de la biblioteca. Desde el punto de vista del usuario, lo que está alrededor de este punto es lo medular. Es donde se encontrarán las salas de lectura. Donde hay luz estarán los lectores y donde hay sombra estará el acervo”, acota de Font-Réaulx. Piso 8 El elevador llegará a un espacio con una vista privilegiada, desde este punto del norte de la ciudad se domina una panorámica que incluye el cada vez más distinguible perfil de la zona de rascacielos de Puerta de Hierro, y de la Barranca de Huentitán. Este es el octavo piso de la biblioteca, el lugar donde se instalará un jardín de cactáceas para recordar que México es el país con mayor biodiversidad en este tipo de plantas. Quien desee ingresar desde la planta baja hasta este lugar lo podrá hacer para entrar a una dinámica que, de acuerdo a de Font-Réaulx, ya es tendencia en los proyectos culturales de países como Suecia o Dinamarca. En este espacio que será sin duda una de las postales más atractivas del Centro Cultural Universitario, de Font-Réaulx expone con claridad los argumentos sobre la importancia de la obra. “Por supuesto que la función fundamental es desarrollar infraestructura, que es una obligación de la Universidad, del municipio y del gobierno federal. Pero más allá de lo obvio que es esta difusión cultural, hay una estrategia económica detrás que tiene que ver con las circunstancias en la que está Guadalajara y Jalisco que queremos contribuir a mejorar. Porque la ciudad nació como una ciudad comercial, pero el territorio que controlaba se encogió. Ya no es el territorio que contralaba la Nueva Galicia. Ni Aguascalientes, ni Tepic, ni Colima dependen como antes del abasto comercial de la ciudad. Si Guadalajara ya no tiene esa fuerza comercial y no somos claramente industriales como Monterrey, y no hay una vocación clara que sostenga a cinco millones de personas. La pregunta es, ¿si ya no somos comerciantes, ni somos industriales, qué podemos ser en las condiciones que tenemos hoy? Y yo creo que le estamos apostando es a atraer la industria más importante que es la del turismo. Y el turista decide cada vez más su destino en base a la oferta cultural del lugar que visita. También le estamos apostando a los recursos naturales, que mostraremos en el Museo de Ciencias Ambientales, para capitalizar lo que sí tenemos. Esta mezcla es la que permitiría que este centro contribuya de una manera tangible al bolsillo de las personas, porque finalmente si no logramos eso, de nada serviría el esfuerzo que estamos haciendo”. Un esfuerzo que a decir del arquitecto y director del CCU necesita de un claro apoyo financiero por parte del estado, para llegar a término dentro de los tiempos óptimos para su adecuada puesta en marcha. Un proyecto de 520 millones de pesos, de los cuáles el estado, aún con los 130 millones que se le piden para el equipamiento de la biblioteca, estaría contribuyendo con menos del 25 por ciento de la inversión, ya que no se ha contabilizado el valor del terreno que la UdeG puso para el CCU que, de acuerdo a de Font-Réaulx, alcanza entre 80 y 100 millones de pesos.


Nota publicada en la edición 607


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