Opinión

Seguridad y conciencia en los festivales de música

Por Édgar Corona
13 Mayo 2013

Fábrica de sonidos, columna semanal dedicada a la música por Edgar Corona



El pasado 4 de mayo se presentó Caifanes en Calle 2, en un festival que tiene por nombre Reventour. El grupo integrado por Saúl Hernández, Alfonso André, Sabo Romo, Diego Herrera y Alejandro Marcovich, formó parte de un cartel en el que también figuró Molotov como uno de las agrupaciones principales. Caifanes es el grupo más importante de rock en México, que permaneció años en la espera de un reencuentro, y que por esta situación se sabe que mueve miles de seguidores, personas de distintas generaciones. Cerveza Estrella, encargada de organizar este festival, utilizó como mecanismo la compra de un six de su producto a cambio de una pulsera, un pase con el que los fans lograron acceder al Reventour. La presencia de Caifanes y el total de los grupos, presumían que la convocatoria sería mayúscula, algo que finalmente se desbordó y, obviamente, se salió de control, provocando serios problemas de seguridad. Se estima que asistieron cerca de 150 mil personas, un hecho inédito para un festival musical en esta ciudad.

Si algo me queda claro, en más de dos décadas de andanzas en la música, es que las medidas de seguridad en un concierto —en esta caso un festival— son indispensables, una prioridad que se eleva al cuadrado cuando se trata de un encuentro que de antemano presupone la reunión de multitudes. No se trata de improvisar, sino de la experiencia y la lógica que deben poseer los organizadores y las autoridades para evitar cualquier tipo de incidente —aunque quizás el festival rompió con toda lógica—. Aún así, las empresas privadas que se dedican a brindar seguridad en los conciertos, junto con Protección Civil y la policía, deben tener siempre como fundamento básico cuidar de la integridad de quienes asisten a un encuentro musical masivo. Una situación que no ocurrió, y que terminó con personas agredidas y lastimadas por los propios asistentes.



Este tipo de situaciones significan un golpe para los conciertos, para la música y sus verdaderos seguidores. El mecanismo utilizado por la compañía organizadora para acceder al Reventour, al parecer fue tomado por muchos como un signo de gratuidad, algo que indujo a las personas a presentarse sin tener el pase de acceso. Lo anterior pone en riesgo lo conseguido en muchos años en Guadalajara, una metrópoli que no debe dar pasos hacia atrás en esta materia. Lo sucedido en este festival es una prueba de que todavía hay gente que no está preparada para los encuentros musicales masivos, que no tiene la costumbre y el respeto por quienes desean disfrutar de la música.   

Las instancias involucradas no supieron cómo actuar, y prefirieron dejar pasar a la multitud,  en una rápida “solución” para evitar incidentes. Sin embargo, la medida terminó por concentrar a quienes sólo incitaron a los desmanes. Por fortuna, el festival no terminó con incidentes mayores, porque, en efecto, pudieron haber ocurrido. Al final, la decisión de las autoridades fue clausurar Calle 2 e imponerle una multa, que finalmente asumió la empresa organizadora del festival. Los afectados con este tipo de decisiones, insisto, son quienes realmente aman a la música, y quienes también se han encargado, de distintas maneras, de construir una escena musical. Allí queda la prueba, pero también debe conducir a la reflexión, al aprendizaje y a la experiencia para actuar en futuros festivales de estas características. Una efectiva coordinación entre todos los involucrados en la organización, junto con las autoridades, es algo inminente, pero, especialmente, las personas deben adquirir conciencia y respeto para que una situación como esta no vuelva a ocurrir. Me quedo con una frase que Alfonso André, baterista de Caifanes, publicó en su perfil de Facebook: “El enemigo está afuera”.



Nota publicada en la edición 744


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