Opinión

Una ruta hacia Pink Floyd

Por Édgar Corona
20 Mayo 2013

Fábrica de sonidos, columna semanal dedicada a la música por Edgar Corona



Las cartas de navegación de Pink Floyd apuntan en diversas direcciones y sentidos. En su trayecto, el grupo británico recorrió prácticamente los escenarios más importantes a escala mundial, y su música y estilo significan una ruptura de paradigmas que lo sitúan como una agrupación que cruzó la psicodelia y los terrenos de la música experimental, para llegar a composiciones más abiertas —sin perder sustancia—, con la conjugación de tintes progresivos, en resumen, canciones enfocadas hacia el rock.

Dentro de esa travesía (más de cuatro décadas) Pink Floyd aseguró un lazo con Latinoamérica, y en especial con México, particularmente por sus álbumes y su leyenda. Tras una historia llena de vicisitudes, desacuerdos y ruptura de relaciones entre sus integrantes, pero, especialmente, de obras musicales imprescindibles, entre ellas: A Saucerful of Secrets, The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here y The Wall, Pink Floyd formó un halo de culto a su alrededor que continúa generando seducción por su música. Parte de esa leyenda tiene como fundamento a Syd Barret, considerado por muchos el genio dentro del grupo.

Alrededor de Pink Floyd giran codiciadas ediciones especiales —algunas fuera del mercado— situación que les otorga un valor extra, y que en determinados casos pueden conseguirse a través de subastas en la web. Shine on, box set, es sólo un ejemplo, aunque hace pocos años fue reeditado. Pulse, en su primer tiraje, representa otro de los trabajos más solicitados por los melómanos.



La música del grupo británico tiene particulares tributos como Dub Side on the Moon, álbum que a través del reggae brinda una perspectiva singular de la mítica grabación de Pink Floyd. También pueden encontrarse producciones que recurren a instrumentos de cuerdas y electrónica. Los seguidores ortodoxos son duros críticos con los resultados de estos discos.

The Division Bell significó el motor para la visita de la agrupación a México. El encuentro tardó décadas, pero selló con fortuna una deuda con sus seguidores. La presentación ocurrió en 1994, en el Autódromo Hermanos Rodríguez, y es una de las pocas en Latinoamérica. David Gilmour, Nick Mason y el fallecido Richard Wright, demostraron que Pink Floyd es uno de los grupos fundamentales en la construcción de la historia de la música, a través de canciones como “Comfortably Numb”, “Money” y “High Hopes”.       

Con Roger Waters, cerebro de Pink Floyd, surgen episodios paralelos que tiene como marco a México. Los conciertos dedicados a The Dark Side of The Moon, y el treinta aniversario de The Wall, este último conformado por una serie de presentaciones en diciembre de 2010, en el Palacio de los Deportes, además de una magna actuación en el Foro Sol, en 2011, lograron avivar el trabajo del músico y en consecuencia la imagen de Pink Floyd. En The Wall, Roger Waters recurre a lo último en tecnología y muestra una perspectiva renovada de su obra cumbre, un trabajo inspirador para músicos de distintas generaciones. La discografía apunta a David Gilmour Live in Gdansk, último registro de Richard Wright con el grupo, y marca la ruta directa hacia una parte fundamental en la producción de Pink Floyd.



Nota publicada en la edición 745


Otros temas de interés