Opinión

Un eterno viajero

Por Édgar Corona
24 Junio 2013

Fábrica de sonidos, columna semanal dedicada a la música por Edgar Corona



Para Richard Nixon, The Rolling Stones encarnaba el grupo de rock and roll más peligroso del mundo. El Departamento de Estado proclamaba que los disturbios, la desobediencia civil, el “sexo ilícito” y la violencia en Estados Unidos era culpa del grupo inglés.

Yonqui empedernido, viajero eterno y admirador de músicos como John Lee Hooker, BB King, Robert Johnson y Muddy Waters, Keith Richards inicia el primer capítulo de sus memorias en la carretera, dentro de un Chevrolet Impala amarillo y en compañía de Ron Wood.

El acercamiento a este suceso deja en claro que la intención de Richards es ir directo y sin tapujos a los temas que The Rolling Stones nunca ha negado, y que algunos pueden considerar espinosos o pretenden condenar. No se trata de provocar escándalo, un artista como Keith Richards está más allá y lo ha vivido en carne propia, únicamente que ahora es meticuloso.

El guitarrista de The Rolling Stones, dice que durante muchos años ha dormido, como media, dos veces por semana, lo que para él ha significado mantenerse consciente a lo largo de tres vidas. Su infancia se desarrolló en Dartford, una población al este de Londres y a la orilla del Támesis. Con claridad, describe que su madre en algún momento le mencionó que su nacimiento ocurrió durante un bombardeo. Para Keith Richards, esos recuerdos son paisajes de la posguerra, escenas llenas de escombros.

Ser hijo único te obliga a inventarte tu propio mundo, escribe el coautor de “Gimme Shelter”. Doris, su madre, le regaló a los quince años su primera guitarra, obsequio que marcaría la existencia del entonces adolescente. “Empecé por donde todo buen guitarrista tiene que empezar: con la acústica de cuerdas de tripa. Ya te enchufarás luego… Bueno, en cualquier caso, yo no me podía pagar una eléctrica. Pero el hecho es que tocar aquella vieja guitarra española, empezar por ahí, me dio algo sobre lo que construir. Y luego vinieron las cuerdas de acero y, por fin, la electricidad”, dice Richards.

La disyuntiva de cruzar la frontera entre la arrogancia y la fama. En sus memorias, Richards menciona que en los primeros tiempos, para The Rolling Stones, el límite de la ambición se situaba en ser la mejor banda de todo Londres. El grupo despreciaba las provincias de Inglaterra, pero esa situación no tardó demasiado en desaparecer. Así, el músico es lúcido en sus remembranzas e indica que de la noche a la mañana todo cambió. 

Una de las opiniones más fascinantes en Vida es cuando Keith Richards dice: “Ser famoso no es nada fácil, de hecho no quieres serlo, y luego te das cuenta de que ya has pasado la encrucijada en la que el pacto ha quedado sellado. Nadie dijo que hubiera pacto alguno, pero en pocas semanas te das cuenta de que has firmado un pacto y vas avanzando por una senda que no te parece la ideal desde un punto de vista estético, típico idealismo estúpido de adolescente. Ahora viajas por el camino que toda esa gente a la que, en cualquier caso, querías parecerte. Ya has firmado el pacto y ahora no te queda más remedio que cumplirlo, igual que los hermanos y hermanas que te han precedido. Ahora estás en la carretera”.



Richards menciona que en los primeros tiempos, para The Rolling Stones, el límite de la ambición se situaba en ser la mejor banda de todo Londres
Nota publicada en la edición 750


Otros temas de interés