
Catalejo digital
El mundo va de prisa, la humanidad parece lejana de ser consciente del paso del tiempo, consumiendo toneladas de información generadas día a día. Detenerse, observar y cuestionar lo que vemos es quizá una tarea difícil actualmente.
Con ese mensaje empezó el concierto de los británicos Massive Attack el pasado miércoles en el Auditorio Telmex, tras 15 años de no tocar suelo tapatío. Y la espera valió la pena.
Cientos de titulares noticiosos proyectados en las pantallas, uno tras otro, iban apareciendo con rapidez hasta que la saturación de información se detuvo para comenzar con la música. Mientras, a lo lejos, la silueta de Robert Del Naja, Daddy G y compañía salía al escenario tocando Risingson al fondo.
El público enloqueció cuando Robert dio la bienvenida a la leyenda del Shoegaze, la mismísima Elizabeth Fraser, quien, con la seguridad y experiencia que le precede, entró al escenario para cantar Black Milk mientras videos de fábricas de misiles mezclados con clips de la guerra en Gaza eran proyectados en la pantalla de fondo.
Los pioneros del Trip-Hop dejaron claro que sus presentaciones no son solo para ir a pasarla bien. Invitan a cuestionar los problemas políticos y sociales que se viven actualmente, generando un análisis entre los asistentes.
La adrenalina seguía en aumento con Inertia Creeps y Rockwrok, esta última cover de la banda de punk Ultravox, donde mostraron la veteranía, versatilidad y conjunción de géneros en la banda.
Eso se hizo evidente cuando la voz soul de Deborah Miller salió al escenario para interpretar Safe from harm y el clásico Unfinished simpathy, mientras las protestas seguían al fondo mostrando la cifra de dinero que EUA a aportado para la guerra en territorio palestino.
Por supuesto no podía faltar Angel y Teardrop, las canciones más ovacionadas de la noche y con las que Massive Attack terminó por confirmar lo importante que son para el género que surgió en Bristol de un movimiento cultural influenciado por la cultura afroamericana de EUA, llamado The Wild Bunch.
La influencia de Massive Attack para la cultura en general es innegable, no solo musicalmente hablando, el posicionamiento que tienen para causas sociales justas ha sido polémico, pero necesario.
Nos recuerda una de las razonez básicas y primarias del Arte: la sensibilización.
Texto: Gustavo Alfonzo. Foto: Santiago Felipe
¿Qué sucede dentro del cerebro cuando nos sentimos insuficientes? ¿En qué parte de la psique se almacena la negatividad y el odio contra uno mismo? ¿De dónde viene, por qué se impregna y se oscurece en nuestro interior? Ojalá hubiera una respuesta. Mientras tanto, la música es siempre un buen compañero para situaciones como éstas.
1. «Please, Please, Please, Let Me Get What I Want» – The Smiths
See, the luck I´ve had Can make a good man turn bad
La desesperanza puede llevar a pedirle a un ente superior una oportunidad para conseguir lo que quieres. A partir de una melodía suave, esta canción se convierte en un himno de la esperanza que puede estar a punto de perderse.
2. «The Good Times Are Killing Me» – Modest Mouse
Get sucked in and stuck in late nights
Pensar en tiempos buenos y compararlos con el ahora. Una canción con tonada suave pero letras poderosas y dolorosas.
3. «Wiped Out!» – The Neighbourhood
My current state is heavy Hope it´s a phase or something
Con un ruido más contemporáneo, Wiped Out se convierte en un himno a la insuficiencia y el dolor emocional.
Anashely Elizondo
Melba Falck Reyes y Héctor Palacios son tapatíos [una por adopción, otro de nacimiento] quienes, preocupados por las relaciones transpacíficas, en coautoría presentan en este libro la historia de un par de personajes japoneses que llegaron a ocupar un lugar protagónico en la sociedad de la Guadalajara del siglo XVII.
Sus nombres son Luis de Encío y Juan de Páez, dos japoneses convertidos en tapatíos, cuyas vivencias embonan como una pieza más en la historia de las relaciones entre Asia y América a través del Pacífico.
La publicación de consulta y descarga gratuita puede encontrarse a través del siguiente enlace.
Pim Pau
Abril 6, 13:00 horas
Conjunto Santander de Artes Escénicas
Goya. Dir. Pablo Orta
Abr. 9, 18:30 horas.
Cineteca FICG
Apolinar
Abril 10, 21:00 horas
Teatro Diana
En vivo desde el MET: Las bodas de Figaro
Mayo 3, 12:00 horas
Conjunto Santander de Artes Escénicas
Paolo Sorrentino en su amplia filmografía se ha dedicado a retratar temas y situaciones muy particulares, principalmente de la experiencia italiana, pero que tienen eco en la existencia humana de forma generalizada: la vejez, la juventud, la búsqueda de un sentido a la vida, el éxito, el poder y sus consecuencias, las perdidas y los vacíos, son algunos de los temas que ha tocado en sus más de diez largometrajes. Pero no tenemos que confundirnos, Sorrentino es un director en toda regla y como autor rompe sus propias convenciones, propone nuevas reglas y corrompe sus estandartes estilísticos.
Parthenope es el nombre de su última cinta y el de su protagonista: «nombre es destino» y Sorrentino se burla de esto, presenta a una protagonista compleja, llena de matices y claroscuros, mientras nos introduce en un relato sobre la juventud efímera y a su vez vibrante, la sobreestimulación del poder, las pérdidas y los vacíos que, irónicamente, nos constituyen y nos construyen. Es una cinta romántica, de desamor, de encuentro con la verdad y el desarrollo de una vida que pareciera mítica, de cuento. Sorrentino hace una alegoría meditada y con la maestría que lo caracteriza desde La gran belleza. Obra maestra.
Jair Ponce
¡DESCARGALA YA!
MÁS NOTAS